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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo radicaliza las exigencias de la Ley de Moisés, al pedir que sean nuestras intenciones y no sólo nuestras obras las que sean concordes con la voluntad divina. Cristo exige más, pero es que también da mucho más: da su amor, su Sangre, el Don de su Espíritu Santo.
Homilía ao06002a, predicada en 20110213, con 4 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Es domingo, es el día del Señor, el día marcado por el perfume y la alegría de su resurrección. Por eso nos reunimos como familia cristiana para escuchar la Palabra de Dios. La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 15 del libro Eclesiástico. La segunda lectura de la Primera Corintios, capítulo 2 y el Evangelio del capítulo 5 de San Mateo. Sabemos que estamos en el ciclo A de las lecturas del domingo, y esto significa que es el evangelista San Mateo el que casi invariablemente nos va a acompañar los domingos. Este es un año en el que San Mateo marca la parada en los domingos. El capítulo 5 de San Mateo pertenece a ese sermón famoso de Jesucristo, que se suele llamar El Sermón de la Montaña. Algunos consideran a este documento, a este texto, como la Carta Magna del cristianismo, es decir, como una expresión resumida y esencial de aquello que Cristo ha venido a proponer. Por ejemplo, en el pasaje de hoy, hay una serie de mandatos de Cristo que tienen relación con la ley antigua, con la ley de Moisés. Pero hay algo que notar, hay gente que cree que en el Antiguo Testamento todas las cosas eran muy duras y el Dios del Antiguo Testamento era solamente exigencia, justicia, castigo, mientras que el Dios del Nuevo Testamento sería el Dios de la comprensión y la compasión y la misericordia. La verdad es que la justicia y la misericordia aparecen en ambos Testamentos. También en el Antiguo Testamento hay profundas expresiones de ternura y de compasión, y también en el Nuevo Testamento hay exigencias fuertes. Yo creo que un ejemplo importante es el texto de hoy del capítulo 5 de San Mateo. Jesucristo, hasta cierto punto viene a radicalizar la exigencia que venía de la ley de Moisés, porque en la ley de Moisés se prohibían ciertos actos, actos malos, actos perversos. Pero Jesús viene no solamente a referirse a las obras, a lo que hacemos, sino también a las intenciones. Es decir, la religión de Jesús no se queda únicamente en lo exterior, en las apariencias, en las obras, sino que tiene que ver con las intenciones, con los afectos, con los propósitos. En el Sermón del Monte Jesucristo podemos decir que nos obliga a mirar hacia adentro y a reconocer que si en el santuario de nuestro corazón y de nuestra conciencia somos verdaderos y fieles con Dios, entonces somos discípulos de Cristo. Ser de Cristo no es manejar una apariencia. Ser de Cristo es vivir desde lo profundo del corazón. Esa relación sincera, luminosa, transparente, que el mismo Cristo vivió en primer lugar. Jesús viene a hacer un planteamiento, en cierto sentido más exigente que el del Antiguo Testamento. Lo que Cristo espera de nosotros es mucho más, pero también lo que Él nos da es mucho más, porque nos da el regalo, el beneficio de su amistad, el perdón de su sangre y el regalo de su Espíritu. Movidos por ese Espíritu de Cristo, podremos vivir como Él quiere. Por eso Santo Tomás de Aquino decía que la ley nueva es el Espíritu Santo. Demos gracias a Dios porque estamos en este régimen nuevo y supliquemos el Espíritu de Dios para ser verdaderos discípulos de Cristo. Estuvo con ustedes Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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