Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser luz implica también contar con que en todas partes habrá alguna oscuridad que debe ser vencida.

Homilía ao05007a, predicada en 20140209, con 15 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, una de las cualidades de los buenos maestros, es decir mucho con pocas palabras. Otra cualidad es valerse de imágenes, porque la mente humana suele recordar mejor lo que puede asociar con imágenes. Y otra cualidad es dar ejemplos fáciles de recordar, especialmente si aquellos que escuchan tienen que contar únicamente con su oído para guardar el tesoro que se les quiere comunicar. Según estos criterios, debemos clasificar a Jesucristo entre los mejores de los mejores maestros. Sus comparaciones simples, cercanas, profundas, fáciles de recordar, cumplen verdaderamente la función de seguirnos enseñando mucho tiempo después de que se apague el eco de sus palabras.

Hoy, en el Evangelio tenemos dos de las más célebres comparaciones de Cristo en las que nos enseña qué espera Él de sus discípulos. La comparación es sencilla, pero increíblemente profunda. Que seamos luz y que seamos sal. Tratemos de aprender algo de estas palabras tan sencillas. Si Cristo envía a sus discípulos como luz, es porque hay algo que debe ser iluminado dentro de la perspectiva cristiana. No cabe pensar en el mundo como si fuera un jardín de delicias o como si fuera un valle de paz. Si el mundo necesita luz es porque hay tinieblas.

Y todo discípulo de Cristo debe tener entre sus cuentas más claras que allí donde vaya siempre encontrará algo de tinieblas. Cualquier lugar que sea, cualquier cultura, cualquier persona. Ya se trate del hombre o de la mujer, ya se trate del niño o del anciano, ya se trate del norte o del sur, ya se trate de los pobres o de los ricos, siempre el cristiano debe estar dispuesto a encontrar algo de oscuridad. Nos lo advierte Cristo, para que no seamos de aquellos que simplemente se andan lamentando y quejando y justificando. Porque el paso siguiente que uno da, después de lamentarse del estado terrible que tiene el mundo, es encerrarse con ese egoísmo cómodo y a la vez triste, que fue denunciado por el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica "Evangelii Gaudium".

El cristiano, según la mirada de nuestro Maestro, de nuestro divino Maestro, no es una caja de quejas. ¿De qué te quejas?, si ya Cristo te dijo desde el principio que a donde fueras vas a encontrar algo de tinieblas. Si entras a una comunidad religiosa, encontrarás incoherencias y algunos escándalos. Si vas al Vaticano encontrarás algunas tinieblas, si vas a las misiones, si te quieres cambiar de religión porque te parece muy terrible la Iglesia Católica, vete, vete. Pero allá también te saludarán las tinieblas y te encontrarás que en esos otros grupos que tanto se lamentaban y se quejaban, pasan iguales o peores cosas que en tu primera casa espiritual. O sea que la solución no es ni quejarse ni huir. La solución es ser luz.

Aquí viene la segunda parte. Ser luz implica ser distinto. El cristiano no está llamado a mimetizarse, a disolverse, a desaparecer cobardemente, anónimamente, una y otra vez, especialmente en las jornadas de la Juventud. Los Papas nos han recordado que tenemos que aprender a ir en contradicción. Es lo normal, es lo normal. Hay que ser distintos. Porque la otra posibilidad, fíjate mi profunda filosofía. La otra posibilidad es ser iguales. ¿Qué tal esa filosofía? Si no vas a ser distinto, vas a ser igual, ¿Y estás seguro de que quieres ser igual?; ¿Estás seguro de que quieres ser la repetición de eso que no te gusta? Entonces hay que prepararse para ser distinto y eso significa prepararse para que haya desacuerdo, para que haya burla, para que haya descalificación, para que haya desprecio, para que haya persecución, incluso en algunos casos, para que haya martirio.

Yo me pregunto si nuestras instituciones católicas, incluyendo nuestros colegios y nuestra universidad aquí en Colombia, preparan a la gente para ser distinta y para afrontar el hecho de ser distintos sin estar creyéndose pedantemente mejores que los demás. Porque aplica la frase de San Pablo "¿Qué tienes que no hayas recibido?" Todo es Gracia, todo es regalo, pero hay que ser distintos. Entonces los papás tienen que preparar a sus hijos y a sus hijas para que sean a veces el único, el único en un salón de clase que cree que hay mérito en ser honrado, que cree que hay mérito en llegar virgen al matrimonio, que cree que hay mérito en devolver lo que a uno le prestan, que cree que hay mérito en dejar pasar oportunidades y ventajas si son de las tinieblas. Papás, ¿Ustedes si preparan a sus hijos para eso, preparan a sus hijas, para que sean las únicas que piensan en cosas en las que nadie más cree? Eso es lo que significa ser distinto.

Tercer paso La primera lectura de hoy nos muestra de qué manera tenemos que ser distintos. No es la arrogancia. Eso ya lo dijimos. No es el creerse uno mejor. Nos explica muy bien el profeta Isaías. -Si partes tu pan con el hambriento, si no te desentiendes de tu semejante-. Este también es mensaje que nos envía en todos los canales posibles el Papa Francisco. Ser distinto y ser luz es evidentemente ser expresión de un bien abundante, incluso de un bien inesperado, de un bien inmerecido. El cristiano no puede limitarse a pagar con la misma moneda para pagar con la misma moneda, para sonreírle solamente a los que me sonríen y para invitar únicamente a los que me invitan. Para eso no se necesita ser cristiano.

Por algo la llamada ley del Talión, el ojo por ojo y el diente por diente es costumbre y práctica que cobija a todas las culturas. Para eso no se necesita ser cristiano. Pero para dar más de lo que recibo. Para deshacer el hielo de la indiferencia; con fuego de atención y de cercanía, y de compasión. Para devolver con bendición la maldición que me echan. Y para devolver con amabilidad la agresividad que recibo. Para eso sí que se necesita a Jesús. Porque a uno se le acaba la paciencia muy rápido y las reservas emocionales se le acaban a uno muy rápido, hablo por mí sobre todo. Por eso uno necesita a Jesús y por eso uno no puede nada sin Jesús. Pero el que tiene a Jesús y el que obra de esa manera, y el que es abundante en misericordia, se convierte en una referencia, se convierte en un faro, se convierte en luz.

Último punto, Cristo nos habla también de la sal, y hay varias razones que los intérpretes y comentaristas ofrecen de por qué esta otra comparación. Algunos dicen porque la sal ayuda a conservar los alimentos, es decir, no deja que se corrompan. Es válido, es válido ¿Quién va a ayudar a que no se corrompa o no se termine de corromper una institución sacrosanta llamada matrimonio?, ¿Quién va a ayudar? Los discípulos de Cristo, evidentemente, porque los demás no sirven para nada. El político en cuanto político, no es esperanza para nadie, porque la manera como se practica la política actualmente no es que el político lidere al pueblo, sino que el pueblo va delante y el político va detrás leyendo las encuestas a ver qué es lo que quiere la gente para luego decirle eso les voy a dar yo. Y por supuesto que esos políticos que no son líderes, sino seguidores, esa clase de político no va a luchar por nada que valga la pena, salvo, salvó su caudal electoral, por nada más va a luchar.

Entonces, ¿Quién va a impedir que se corrompa la familia? Los que crean en Cristo. ¿Quién va a luchar por la defensa de los embriones y los fetos? Los que crean en Cristo, los que sepan lo que vale cada vida humana. Así que es válida esa interpretación no dejar que se corrompa. Otra interpretación proviene del hecho de que la sal produce un impacto. El verbo propio es "Escocer" produce un escozor. La sal escuece. Y esa sal que tiene ese efecto, que tiene ese impacto y que causa esa incomodidad, también es un ejemplo para el discípulo, porque el discípulo de Cristo tiene que aprender también a incomodar, precisamente porque sabe que debe ser distinto. Esa interpretación también vale.

Pero quiero subrayar la última. La sal da sabor. Nosotros como cristianos no somos simplemente moralistas que andamos con el dedo índice extendido diciendo esto no me gusta, esto está muy mal, esto es una porquería y esto hay que rechazarlo. Como cristianos nos conviene y al mundo le conviene, aunque lo rechace, descubrir el verdadero sabor de las cosas.

No es simplemente defender el matrimonio porque está siendo atacado, es mostrar que un matrimonio en Cristo es una hermosura. Que la gente vea un matrimonio cristiano y -diga eso es una belleza-. Lo mismo el sacerdote. El sacerdote ha de ser fiel a su vocación, no únicamente para que no lo señalen de corrupto, sino porque su testimonio a demostrar la alegría, el sabor que alcanza la vida cuando se vive bien. Es decir, tenemos que mostrar que la vida tiene sabor, que la vida tiene alegría, que la vida tiene esperanza, que la vida tiene sentido. ¡Qué gran Maestro Jesucristo! Y qué bueno reconocernos sus discípulos para aprender a ser luz y para empezar a ser sal.

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