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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El bien abundante, ofrecido a quien parece que no lo merece, despierta preguntas que traen luz a la vida.
Homilía ao05006a, predicada en 20140209, con 4 min. y 35 seg. 
Transcripción:
El capítulo cincuenta y ocho del profeta Isaías y el capítulo quinto del Evangelio según San Mateo concuerdan en el presente domingo hablándonos sobre la luz. La invitación que nos hace Jesucristo es hermosa, sencilla, pero ¿la entendemos bien? Cristo nos dice "Ustedes son luz del mundo". El profeta Isaías nos puede ayudar a comprender qué significa ser luz. Específicamente, Isaías hace una especie de lista, una pequeña lista, pequeña pero muy representativa, lista de obras buenas. Y según dice el profeta si haces esas obras, tu luz despuntará como la aurora. Aquí hay que destacar tres cosas: el papel de las obras?, no se llega a ser luz simplemente con ideas brillantes o con palabras elocuentes. La luz solo llega si llegan las obras. Es en el actuar, en el hacer, en el cambiar la realidad propia y de otras personas. Segundo, Isaías enfatiza aquellos aspectos de nuestro obrar, que traen un cambio positivo en la vida de otros. Cuando esos otros reciben un bien, entonces brilla la luz. Y de hecho, y este es el tercer punto, el bien que más ilumina es el bien que podríamos llamar más inesperado o más inmerecido. Los pobres, los marginados, los excluidos de la lógica y de los sistemas de este mundo son aquellos que permanecen como en la sombra. No nos interesan, nada bueno esperamos de ellos. Cuando un bien real, un bien transformante, llega a esas vidas, la atención se dirige hacia una realidad nueva. Pensemos en alguien como la Madre Teresa: Que uno haga un favor a una persona que lo trata a uno bien es normal; pero que alguien pretenda gastar la vida haciendo el bien a gente que muchas veces no tuvo ocasión ni siquiera de decir gracias, a gente que dentro del sistema de castas de la India no significaba nada, que uno quiera gastar la vida realizando un bien real por esa clase de personas genera una pregunta y detrás de la pregunta una respuesta, y en esa respuesta una verdad y en esa verdad luz. Así sucede, la obra, la pregunta, la respuesta, la verdad y la luz. Y eso es lo que corresponde al cristiano. La obra que suscita una pregunta, que trae una respuesta que hace posible una verdad y que conduce hasta una luz. Solo así, solo así seremos luz. Y hay alguien que lo está recordando con mucha fuerza, al pueblo católico: Se llama el Papa Francisco. Feliz domingo para todos.

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