Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es propio del cristianismo que la luz vaya unida a la sal.

Homilía ao05002a, predicada en 19990207, con 12 min. y 14 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Como de costumbre continua de nuestro Señor Jesucristo. Enseñar con palabras sencillas, de manera que todos, del más pequeño al más grande, pudieran comprender su doctrina y todos pudieran aprovecharla. Pero no solo por eso Jesús utilizó comparaciones como las de hoy. La luz, la sal. También nos habló con estos términos de la vida de cada día para que nosotros nos acostumbráramos a buscar el paso de Dios. La huella de Dios, el rastro de Dios, no solo en los acontecimientos grandes, impresionantes, maravillosos, sino para que tuviéramos por costumbre y por norma encontrar a Dios en cosas pequeñas. ¿Quién no tiene un poco de sal en su casa? ¿Quién no tiene la experiencia por ausencia o por presencia de lo que es la luz y del bien que trae?

De modo que una primera enseñanza de este domingo va en esa dirección. Si aprendemos a leer nuestra vida de cada día, encontraremos que Dios ha estado presente, que nos ha estado hablando. Probablemente nos ha estado gritando y tal vez su mensaje todavía no lo hemos escuchado. Llega Jesús y pone a hablar a las cosas. Llega Jesús y hace elocuentes a los campos, los sembrados, la masa de harina, el poco de levadura, la moneda que se pierde, la oveja que se extravía, el muchacho pródigo, la sal y la luz. Que llegue entonces Jesús a nuestra vida y toda la vida se va a convertir en un discurso, en una parábola maravillosa, en una palabra fascinante, en un diálogo entre Dios, nuestro Señor y cada uno de nosotros.

Pasemos a una segunda enseñanza. Hoy hay dos palabras que Jesús utiliza, la sal y la luz. Este evangelio es de los más conocidos y de los más predicados en la historia de la Iglesia. Yo quiero empezar por la luz. Dice Jesucristo que sus discípulos son luz del mundo, porque así como la luz permite ver, y en cierto sentido obliga a ver, así también los discípulos de Jesucristo hacen que se vea lo que antes no estaba. Los discípulos de Jesucristo, -ojalá todos nosotros- hacemos que aparezca ante el mundo lo que no existía o lo que existía pero no se veía. Y por eso, para aprender a ser luz y consiguientemente, para ser verdaderamente discípulos de Jesucristo, es necesario que descubramos primero nosotros cuáles son esas cosas, esas realidades, que ahora no se ven, pero que cuando llega Jesucristo aparecen.

Estoy pensando sobre todo en una palabra que es tan propia del corazón de Jesucristo y que es tan escasa en nuestro mundo, porque a veces las cosas no se ven, no porque no existan, sino porque son demasiado escasas. Una de ellas, inmensamente escasa, enormemente ausente, es la misericordia. Hacer visible la misericordia. ¿Qué tal llevar con nuestras obras y con nuestras palabras misericordia? Vamos a ver qué sucedería en este caso. Vamos a imaginarnos a un cristiano que asiste a la Santa Misa en este domingo, que escucha la palabra de Jesús y que se convence de que puede llevar una palabra nueva también a su casa y a su trabajo. Esta palabra misericordia, queda grabada en el corazón de este cristiano.

En el ejemplo que estoy dando, el cristiano llega mañana al trabajo. en una reunión mientras se toman un tinto, un grupo de compañeros están hablando de alguien que no está presente. Cada uno agregando un comentario amargo, cada uno diciendo un chiste, una burla, cada uno destrozando a dentelladas el prójimo que no está presente. Un pecado que seguramente todos conocemos y que tal vez muchos hemos practicado. Pero esta vez el cristiano lleva dentro de sí una palabra nueva, la palabra misericordia. Y sabe que la misericordia es la gran ausente en esa conversación de demonios que no pretende sino despedazar, destruir a otra persona o un compañero de oficina, a un jefe, a un extraño.

Este hombre tiene entonces en ese círculo que podríamos llamar satánico. Tiene una misión. Tiene que mostrar una palabra que no existe para ninguno de los que hablan ahí. Tiene que arreglárselas como discípulo de Jesucristo. Tiene que arreglárselas para hacer aparecer una palabra que no tiene tal vez sentido ni lugar entre los que están ahí, y tiene que encontrar el modo movido por el Espíritu de Jesucristo; Tiene que encontrar el modo de hacer ver a esas personas, pero hacerles ver con misericordia también a ellos que esa no es la manera de hablar. Con toda la prudencia. De pronto dice algo como esto: ?Si les parece, ¿Qué tal si cambiamos de tema? Tal vez ya estuvo bien de lo que venimos hablando?. Eso dice él, aunque él no había hecho ningún comentario. Eso dice él. Los demás abren los ojos. ¿A este qué le pasa?, ¿Pretende ser juez de nosotros? Mira el santo. Él aparece como distinto. causa incomodidad. Denuncia una falta, aunque sea discreto, aunque pretenda ser leve, muy leve. Los demás, indudablemente se darán cuenta de que ahí hay un lenguaje distinto. Les causa incomodidad. La falta de murmuración de este cristiano hace que aparezca clarísimamente el pecado de murmuración de todos ellos. Y eso incomoda. De pronto se ven denunciados.

Una sonrisa, una mirada que se baja y de pronto alguien que dice: "No sabía que había santos en esta oficina. Permiso. Me devuelvo a mi escritorio". El pecado de esa persona ha quedado denunciado. Si él sigue obrando así, es probable que se convierta en un personaje incómodo, cómo pica, la sal, cómo molesta y causa escozor la sal por eso la luz va unida a la sal. Y esto es lo propio del cristianismo. No sucede así en el budismo zen. No pasa así en la Nueva Era. No pasa así en las enseñanzas de Chopra o cualquiera de estos señores. Para ellos la iluminación es un proceso pacífico en donde no tienes que meterte con nadie porque tú estás en una columna de luz que te lleva a las alturas.

El cristiano es alguien que se mete con el mundo, que se mete con el pecado, que tiene un encargo, que tiene una misión. Misión ardua, incluso si se vive en el orden y en la paz de una oficina. Por esto, mis queridos amigos, convertirse en luz es convertirse en sal. Hacer ver lo que no aparecía es incómodo y por eso sentimos a veces cobardía. Y entonces se cumple en nosotros lo que dice el principio de este Evangelio. Si la sal pierde su sabor, ¿Con qué la salarán? Este es el desastre moral que vive, por ejemplo, nuestro país.

Si nosotros, los que sabemos de estas cosas, nos hacemos cómplices de la murmuración, de la vulgaridad, de la deshonestidad, del odio, del rencor. ¿Cuántas personas de las que uno atiende como sacerdote dicen... "es que una amiga me aconsejó que yo hiciera eso", -Yo siempre les digo- esa amiga que le aconsejó a usted que se vengara, esa amiga que le aconsejó a usted que abortara, esa amiga que le aconsejó a usted... Esa no es una amiga; es una enemiga. Es una enemiga que usted tiene. Pero vivir así, ser discípulo de Jesucristo, no en la tranquilidad del templo, sino en el alboroto, en la contradicción y en la dificultad de la calle, del trabajo, de la universidad es difícil y por eso muchos nos retraemos con cobardía y entonces la sal pierde su sabor.

Ya Jesús dijo lo que sucedía cuando la sal perdía su sabor ya no sirve para nada, sino para tirarla al suelo y que la pise la gente. Esto es lo que está pasando con el nombre de Jesucristo. Esto es lo que está pasando con la Santa Iglesia, Esto, esto; que queda por el suelo y la pisa a la gente. Y entonces nos parece muy cómodo lavarnos, quitarnos el bautismo y decir que la Iglesia, -es decir- los obispos, el Papa, los sacerdotes, ?deberían hacer, es que los obispos tendrían que hacer?; ?es que esos curas deberían?.?

Yo no soy el único bautizado que está en esta iglesia. Cuando usted habla así de que los obispos deberían y los curas deberían, usted está quitándose el bautismo, cosa que, por cierto, no es posible en la teología. Mis amigos, hoy recibimos el regalo, el encargo y la responsabilidad de atrevernos a ser luz. De atrevernos a ser distintos. De atrevernos a mostrar una diferencia. Ahora vamos a decir el Credo. Y yo quiero que todos los que digamos el Credo, pensemos si estamos dispuestos a asumir el Espíritu de Jesús en nuestra vida para ser distintos. Con la distinción de ese Espíritu, de ese amor y de esta Palabra.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM