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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las Bienaventuranzas son el resultado del profundo aprendizaje que nos lleva a saber en Quién hay que poner la esperanza y dónde está la verdadera alegría que trasciende esta vida.
Homilía ao04011a, predicada en 20260201, con 7 min. y 7 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El evangelio de este domingo es un texto bastante conocido, bastante sencillo. Sabemos que, muy profundo y por lo tanto, que definitivamente necesitamos un poco de contexto para entenderlo. Estoy hablando de las Bienaventuranzas. Estamos en el capítulo quinto de San Mateo y por supuesto, es natural que estemos leyendo a San Mateo, porque este es el ciclo A y San Mateo, durante el ciclo A, durante todo el año nos acompaña en la mayor, mayor parte de los domingos. Pero ¿qué es lo que dice realmente el texto de las Bienaventuranzas? A primera vista, repito, parece muy sencillo. Es un anuncio, es una promesa, es una certeza incluso de felicidad para distintos grupos de personas. El enunciado inicial creo que lo recordamos todos: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos... Las complicaciones empiezan cuando nosotros nos preguntamos ¿quiénes son esos pobres en el espíritu? O cuando nos preguntamos ¿qué quiere decir eso de reino de los cielos? Además, también es problemático, descubrir por qué esas personas van a ser felices, es decir, en qué sentido esas personas pueden ser felices. Nuestra Iglesia, que es madre y maestra, nos da una ayuda bastante fuerte con la primera lectura que está tomada del profeta Sofonías. No es el nombre más conocido entre los profetas, pero ya verás cuánto nos va a ayudar para comprender qué es lo que quieren decir las bienaventuranzas. El profeta Sofonías nos habla de un pequeño resto, es decir, lo que sucede después de una purificación, lo que sucede después de una limpieza. ¿Qué clase de limpieza?, Bueno, esta palabra tiene connotaciones incluso bastante violentas en algunos contextos. Pero aquí de lo que se trata es de la experiencia de vida del pueblo de Israel. Lo que te quiero decir es que las Bienaventuranzas no salen de la nada, sino que las Bienaventuranzas provienen de la experiencia del pueblo de Israel. ¿Cuál experiencia concretamente? Pues la experiencia de desengañarse, desilusionarse, decepcionarse. Allí donde hay decepción, muchas veces hay aprendizaje; cuando hemos puesto nuestra confianza en algo o en alguien que nos falla. Pues por supuesto, hay una tristeza, pero también hay una lección, hay un aprendizaje. Y resulta que el pueblo de Israel, que siempre fue relativamente pequeño, tenía mucho que aprender y aprendió, como muchos de nosotros, a partir de su historia, a partir de sus decepciones, a partir de las cosas que le sucedieron. Por ejemplo, muchas veces los israelitas buscaron alianzas con pueblos poderosos. Estaban tratando de encontrar a alguien fuerte que les ayudara contra algún enemigo, pero eso no acabó bien. Otras veces, pues hay personajes que se apoyaron en la fuerza de las armas o en la fuerza de su astucia o en la fuerza de la riqueza, y a medida que esas, esos supuestos apoyos, a medida que esas alianzas fueron colapsando y a medida que tantas cosas fueron fallando, pues van quedando lecciones. Esas lecciones, de alguna manera son las que recogen las Bienaventuranzas. Por ejemplo, si una persona está acostumbrada a sentirse fuerte o a creerse fuerte porque tiene mucho dinero y después resulta que tiene una enfermedad incurable y todo su dinero no le sirve de nada, pues esa persona se da cuenta que ha puesto su confianza donde no era. O si una persona ha puesto su confianza en el poder militar y después resulta que sus mismos generales le traicionan, pues entonces está también haciendo un descubrimiento. Está descubriendo que la sola fuerza de la violencia no es lo que realmente le va a dar confianza para el futuro. ¿Qué queremos decir con esto? Que, a medida que se van destruyendo algunas fuentes de fortaleza, de confianza y de arrogancia, pues vamos descubriendo qué es lo que realmente sí es consistente, qué es lo que realmente se sostiene, qué es lo que realmente permanece y ¿en dónde está, por lo tanto, la verdadera paz? ¿Dónde está la verdadera alegría? ¿Dónde está el verdadero futuro? Eso fue lo que experimentó el pueblo de Israel. Pero la lección no la aprendieron todos. Muchos siguieron pensando y mucha gente sigue pensando. Y tal vez todos nosotros en algún momento hemos pensado que todo se arreglaría si tuviéramos más fuerza o más conocimiento, o más riqueza, o más armas. Y aunque esas cosas pueden prestar algún servicio, no son realmente lo que arregla la vida, no son una auténtica promesa de ese futuro que deseamos. Sobre todo porque el futuro que deseamos no se limita a esta tierra, sino que el verdadero futuro que deseamos. Y esto estoy seguro que no lo va a entender todo el mundo, está más allá de la frontera de la muerte. Entonces, ¿qué son las Bienaventuranzas? Son el destilado, el destilado de ese profundo aprendizaje, ese aprendizaje profundo que es el que nos lleva a saber en quién hay que poner la esperanza y dónde va a estar la verdadera alegría y por donde va el camino a la auténtica felicidad, a la auténtica bienaventuranza, que eso es lo que significa esa palabra. Ese camino finalmente nos conduce a escuchar al Señor, a recibirlo como Señor en nuestras vidas, a caminar por sus sendas, a poner nuestra esperanza en Él. Eso exactamente es lo que quieren las Bienaventuranzas, y por eso son auténticamente la mejor síntesis que tenemos del Evangelio. Ahora creo que lo podemos entender un poco mejor. Que así sea y sobre todo, que se haga realidad en nuestras vidas. Amén.

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