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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una clave de comprensión para las Bienaventuranzas
Homilía ao04010a, predicada en 20230129, con 27 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, cuando uno escucha las bienaventuranzas, que es el texto del Evangelio de hoy, yo creo que uno tiene la certeza de que se trata de algo muy importante, pero a veces tratar de entender ese texto, tratar de aplicarlo uno a su propia vida es bastante difícil. Entonces, con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a acercarnos un poco a estas palabras de Cristo que están al comienzo del Sermón de la Montaña. Se llama Sermón de la Montaña a una colección de palabras de Jesús que están en los capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Lo que leímos hoy es el comienzo del capítulo quinto, y esa colección que llamamos el Sermón de la Montaña, realmente es la colección más amplia que tenemos de las palabras del Señor. O sea, todo nos habla de que estamos ante algo muy importante. Tal vez la mejor manera de acercarnos a las bienaventuranzas es darnos cuenta que el primero que las vivió fue el mismo Cristo. Darnos cuenta que eso que aparece al principio de cada bienaventuranza, los pobres, los mansos, los que lloran, los que trabajan por la paz, ahí estaba Cristo, como describiéndose a sí mismo. Eso fue lo que Él vivió; y antes de predicarlo. Esa es la descripción de sus propias opciones de vida. Ya esto hace que el texto no se convierta como en un enunciado simplemente abstracto, sino que ya le pone un sentido y le pone un lugar sobre esta tierra. Quiero decir, hay alguien que lo ha vivido. Podríamos decir que ese es el contexto vital de las bienaventuranzas. Hay otro contexto que es el contexto litúrgico. La primera lectura que tuvimos hoy fue del profeta Sofonías. La segunda lectura fue de la primera carta a los Corintios y la tercera pues el Evangelio. Y nos damos cuenta que estas lecturas tienen una conexión muy profunda. Fíjate cómo la primera lectura nos hablaba de los pobres y los humildes. Observemos como San Pablo, la lectura que tú hiciste. Observemos cómo San Pablo nos dice que en aquella asamblea, la de Corinto dice: "No hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni mucha gente de la que el mundo tanto aplaude y valora y felicita, -sino que más bien- la gente que está entre ustedes en su asamblea es gente humilde". O sea que ese tema de la humildad, ese tema de de los que son pequeñitos ante los ojos del mundo, está en las tres lecturas, repito en Sofonías, en primera Corintios y en el Evangelio. Pero las lecturas, la primera y la segunda nos ayudan a situar desde el punto de vista litúrgico, lo que luego nos dice el Evangelio. Me explico: Observemos lo de Sofonías. Yo quiero volver a leer lo que dice aquí: "Dice el Señor, dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde que confiará en el nombre del Señor". Esa es una clave importantísima. O sea, estas lecturas nó nos están diciendo eh... -Qué bueno que usted sea poquita cosa-, perdón, que se oye horrible, horrible. Pero estas lecturas no son para decirnos Qué bueno que usted sea poquita cosa. Estas lecturas son para decirnos -Qué bueno que usted tenga la disposición de poner toda su confianza en el Señor-. Y por supuesto, cuando nosotros aumentamos nuestra confianza en el Señor, entonces tenemos también una mayor desconfianza, una mayor distancia de los poderes de este mundo. Me explico: El mundo quiere que nosotros pongamos nuestra esperanza y nuestra confianza, qué se yo, por ejemplo, en que uno es muy astuto o en que uno es muy inteligente, o en que uno tiene muchos amigos, muchas amigas, o en que uno es muy hábil para hablar y uno maneja todo, ¿No? Como dice un salmo, Nuestros labios nos defienden, ¿Quién será nuestro amo? ¿No? Como quien dice: -Yo de todas me sé salir, deje y verá que yo manejo esto, yo sé cómo decir las palabras que tengo que decir-. Y frente a esas, frente a esas actitudes que son las actitudes del mundo, es decir, poner la esperanza en la plata o en la juventud, o en la belleza, o en los amigos, o en la salud, o en el poder, o en la habilidad que uno tiene o en la astucia, frente a todo eso la gente que recibe bendición, según Sofonías, es la gente que mira todo eso con un poquito de distancia y que frente a todo eso logra tener como un escepticismo y logra decir no, no me convence, no me convence y yo pongo más bien mi esperanza en el Señor. Esa es la clave. A esas personas nosotros los llamamos con un término hebreo, que son los "Anawim", los anawim quiere decir los pobres, pero pobres, ¿En qué sentido? Pobres en el sentido de que tal vez el mundo los puede despreciar; pero más bien son éllos los que desprecian la lógica del mundo. Son ellos los que van poniendo más y más su confianza en el Señor. Entonces, fíjate cómo la lectura de Sofonías nos ayuda a entender las bienaventuranzas cuando Cristo dice "Dichosos los pobres en el Espíritu", no se refiere solamente a la pobreza material, aunque hay que tener cuidado porque la acumulación de riquezas se vuelve uno soberbio y autosuficiente. Pero no se refiere únicamente ni principalmente a la pobreza material, sino se refiere a dichosos aquellos que han aprendido a mirar con desconfianza, con escepticismo, con distancia, los ídolos de este mundo. Dichosos los que aprenden a ser escépticos frente a todo eso. Todo el mundo cooorre detrás de algo. -No, no, yo no voy para allá-. Claro, los que estamos formados un poquito en el contexto de Santa Catalina, inmediatamente recordamos el río del que habla Santa Catalina. Catalina dice "Es que el mundo quiere llevarte como un río" y los bienaventurados son los que miran el río y todo el mundo va para allá y todo el mundo va adelante de la última moda. Y entonces, ahora sí, todo el mundo es a abortar entonces vamos a abortar y todo el mundo se volvió egoísta; Entonces me vuelvo egoísta y todo el mundo se volvió agresivo. Entonces yo también me vuelvo agresivo y me vuelvo duro. No, yo no tengo que ser como todo el mundo. En el fondo, las bienaventuranzas son un mensaje muy profundo de libertad. Yo no tengo que ser como todo el mundo. Todo el mundo va detrás de sus ídolos, que será su dinero, su placer o lo que sea. No, yo tengo mi confianza puesta en el Señor y ellos son los que realmente pertenecen al Reino de Dios. Ellos son los que van a conectar realmente con el mensaje del Evangelio. La segunda bienaventuranza, no vamos a alcanzar a verlas todas, pero sí es conveniente ver una o dos más. La segunda bienaventuranza dice: ?Dichosos los que lloran, porque serán consolados?. Bueno, yo he tenido la oportunidad, como algunos de ustedes saben, he tenido la oportunidad, sobre todo desde hace un par de años, de acercarme más y más al texto original, al texto griego, y resulta que el verbo que aparece en griego que aquí traducen ?por los que lloran?. El texto que aparece en griego es el texto de dichosos los que, los que se lamentan, los que se duelen. Mejor dicho, el uso principal que tiene ese verbo, el uso principal que tiene ese verbo es el de las personas que están de duelo. Es como si Cristo dijera Dichosos los que están de duelo. Por supuesto, cuando uno está de duelo, que aquí todos hemos pasado por esa experiencia, uno se pone muy triste y uno llora. Pero es que este verbo que se utiliza aquí no es simplemente el llorar en el sentido de que le salieron lágrimas. No, no es simplemente llorar. Aquí se está refiriendo a algo que es mucho más profundo que eso, porque se está refiriendo a aquellos que están pasando por un duelo, ¿Y un duelo de qué?, ¿A qué se refiere Cristo? A mí me parece tan iluminador esto. Y luego vi en el texto latino y en el texto latino aparece el verbo correspondiente, que es "Lugere" que es precisamente de donde viene el luctus, el luto, el hacer luto. Entonces Cristo está diciendo Dichosos los que están de duelo. Y ahí queda uno más perplejo ¿Cómo así que dichosos los que están de duelo? Pues es que pasa una cosa en el mundo en el que estamos, la gente no quiere pensar en la muerte. La gente no quiere pensar que esta vida se acaba. Uno mismo no quiere pensar que esta vida se acaba. Me acuerdo una amiga que le decía amorosamente a su mami. Y yo sé que es algo muy conmovedor decirlo en este contexto, pero le decía esa amiga, le decía a la mamá: "Mamá, acuérdate que tú eres inmortal, tú no te puedes morir" y?. y realmente, pues uno ni quiere morirse, ni quiere que se le muera nadie. Y la verdad, uno no quiere pensar en la muerte, uno no quiere sentir la muerte y uno no quiere tener nada que ver con la muerte. Pero pensemos si eso es sabio y pensemos si eso es bueno, porque resulta que la Biblia varias veces habla de los bienes que trae reflexionar sobre la muerte. Así, por ejemplo, en el libro del Eclesiastés dice: "Es mejor ir a una casa que está de luto que a una casa que está de fiesta". Esa frase está en la Biblia, en el Antiguo Testamento, y uno dice Pero ¿Por qué eso? Resulta que en la, en la alegría, sobre todo en la manera como el mundo se alegra, hay mucho engaño, hay mucha apariencia, hay mucho que, que no dura, que es escándalo. Yo he comentado en otras ocasiones, una vez que me pidieron que ayudara con la confesión. Para un hombre que estaba muy enfermo, yo no sabía de quién se trataba. Bueno, gracias a Dios se pudieron organizar las cosas y fui a atender, había que ir a la casa de él; fui a atender y a confesar y a darle la unción de los enfermos a este señor. Este señor, -por supuesto, no voy a decir su nombre-, fue uno de los grandes personajes de la farándula en este país, pero de los famosos famosos, de esos que tenían fotos con los políticos victoriosos, con las reinas de belleza espectaculares, con la cantante que está en el top de la lista; con el actor que se está imponiendo. Mejor dicho, este hombre era, como se dice a veces, la salsa de todas las fiestas. Un hombre que tuvo muchas mujeres. Un hombre que nunca concretó un hogar porque estaba siempre ocupado conquistando a otra. Oye, qué duro entrar a la casa de ese señor. Que duro ver la terrible soledad de ese hombre. O sea. ¿Dónde estaban todas las reinas de belleza?, ¿Dónde estaban todas las amantes que tuvo? ¿Dónde estaba todo? El hombre muriéndose, no sé de qué se estaba muriendo; vamos a suponer un cáncer. Era algo parecido. No sé si era eso. Y no es lo importante. El hombre muriéndose; su única compañía era una enfermera a la que él tenía que pagarle. El estado de él no era todavía tan terrible como para que necesitara enfermera de día y de noche. De manera que sobre las cinco o seis de la tarde acababa el turno de día, se iba la enfermera. Esas eran las noches de este señor. Una casa que parecía desmantelada. O sea, en ese desorden, en esa suciedad, en esa tristeza que es la vida de una persona sola, pero no sola únicamente de que no se casó, por ejemplo, sino sola de abandonada. Y para mí lo más triste es que en algún lugar él tenía como una especie de cartelera con muchas de las fotos esas de su época famosa. Ahí había presidentes de la República, ahí había la reina de no sé cuántos. Ahí estaban amarilleándose. ¿Cuál de esos le iba a dar una llamada a él? ¿Cuál de esos iba a visitarlo?, ¿Cuál de esas mujeres a las que él muchas veces abrazó, besó; cuál de esas mujeres le iba a hacer una visita en ese momento? Únicamente una enfermera porque se le paga y la noche, Esa es la compañía de este hombre súper famoso. Entonces por eso la Biblia dice. -Piensa en tu fin-. Esta es otra frase de la Biblia por allá en el libro de los Proverbios, me parece. "Piensa en tu fin y arrepiéntete". Se piensa que te vas a morir. Piensa que tú no vas a tener ni el cuerpo, ni la salud, ni los amigos que tienes ahora. Eso se acaba, todo se acaba. Y es impresionante ver, pues ya ustedes y yo somos grandecitos y hemos visto tantas cosas y es impresionante ver qué poquitas personas quedan al final. Y esas poquitas personas son las personas que de verdad aman y las personas que de verdad agradecen. Pero la gente se va, la gente se va y es terrible eso. Yo vivo con sacerdotes a los que quiero mucho y creo que cada día los voy queriendo un poquito más porque voy viendo sus propias situaciones. Gente tan famosa, gente tan importante. Uno de mis compañeros en el convento, rector en una época importantísima y dificilísima de la Universidad Santo Tomás. Como yo vivo con él. Yo sé cómo es la vida de él y yo sé quiénes lo visitan y quiénes nunca lo visitan, porque ya lo exprimieron, ya le sacaron lo que le podían sacar mientras él estaba en el cargo. Entonces, sí es importante. El luto es importante y es importante tener una mirada, una mirada sabia con respecto a la muerte. Una mirada sabia, una mirada que reconozca ?Tú me estás enseñando y me estás enseñando algo muy importante?. Solo voy a dar el ejemplo de esta santa tan querida Catalina como élla aprendió en su juventud. Pero tan jovencita, tan jovencita. Ella miraba la muerte de otro modo. En uno de los tres embates que tuvo la peste negra en Europa en el siglo catorce. En uno de esos embates terribles. Imagínese una pandemia, pero arrasando con hasta la tercera parte de la población de los pueblos. Ella ejerció como enfermera y cuando se le morían, pues los ayudaba, los preparaba lo que se llamaba amortajar, los amortajaba. Y la expresión de ella era, como ya los había ayudado a morir. Ella decía bueno, ?Ya a éste no lo pierdo?. O sea, es al revés de lo que el mundo piensa. Nosotros siempre pensamos lo digo porque yo también lo he sufrido. Nosotros siempre pensamos -No, la gente que se murió la perdimos-. Nó, al contrario, esos son los que están más seguros. Esos son los que están realmente seguros si murieron en Dios. Esos son los que están seguros. Entonces Catalina preparaba el cadáver y decía: "Bueno, ya a este no lo pierdo?. ?Ya a ésta, no la pierdo", porque ella como mamá, como madre espiritual que era realmente ya no sabía querer si no era como mamá. Entonces para ella todo agonizante era adoptado. Ella adoptaba a los agonizantes, ella adoptaba a los condenados a muerte. Impresionante, Santa Catalina. Entonces Cristo dice aquí: "Dichosos, dichosos los que los que saben hacer luto". Y le voy a contar un secreto que es importante, porque Cristo también lo practicó. Y es que así como uno tiene que hacer luto por las personas que ya se murieron, uno también tiene que hacer su propio luto. Es decir, como ya enseñaba -ahora no me acuerdo si era San Juan Crisóstomo; no, creo que era San Cipriano el que hablaba de- cómo uno tenía que ir haciendo su propio luto. Y decía él: "Cada vez que te vences a ti mismo por Cristo y por servir a tus hermanos, cada vez que mueres a ti mismo ya estás haciendo tu luto, o sea, ya, ya, ya empezó tu muerte". -Entonces decía él- "una persona que se está entregando a Dios todos los días y que está entregando su tiempo a los hermanos por amor a Dios todos los días cuando llega la muerte, -pues- es la conclusión de todo ese camino". O sea, yo ya empecé a morir hace mucho rato. Mi luto empezó hace mucho tiempo. En varias comunidades religiosas. Claro que eso hay que saber explicarlo bien y hay que saber hacer la catequesis bien, pero en varias comunidades religiosas. Cuando la religiosa hace sus votos perpetuos en la campana del monasterio tocan a muerto. Ustedes saben que había esa costumbre de tener toques de campana distintos. El toque para difunto, el toque para alarma, el toque para Pascua. Cuando la religiosa decía "Yo me consagro a Cristo como mi esposo, me consagro a Cristo como mi esposo hasta la muerte". Tocaban a muerto. Claro, eso es como muy lúgubre. Dice uno ¿No? El lúgubre viene también de este verbo en latín Lugere ¿no?. Que es el de hacer luto, Eso suena como muy lúgubre. Pero, pero ¿Cómo así? Pues sí. O sea, ya ella murió, ya ella murió. Y es que si nos vamos a la Biblia. San Pablo también lo dice: "Si hemos muerto con Cristo, -y dice también considérense muertos-, ?Considérense muertos. Muertos al pecado?. Y varios santos han practicado eso, como decía uno; pero no me pregunten el nombre. Como decía uno ¿Qué tentaciones tiene un muerto? Entonces, por ejemplo, a nosotros cualquiera de nosotros podría pasarnos, qué sé yo, una tentación de impureza, de lujuria. Pero si yo me tomo en serio que yo he muerto con Cristo y que yo soy un muerto, ¿Qué tentación de lujuria tiene un muerto? El muerto no tiene tentaciones ni de codicia, ni de lujuria, ni de envidia. Uno de los ?Padres del desierto? estaba educando, formando a un jovencito, un joven novicio, un joven monje. Y este joven estaba siempre muy inquieto. "Que la gente piensa, que la gente dice, que me dicen, que no, me dicen, que me toman en cuenta, que no me toman en cuenta. Y este lo único que le decía era "Usted ya se murió, hermano". ¿A un muerto qué le importa lo que digan? O sea que esta palabra de Cristo, de -Dichosos los que lloran- es en realidad ?Dichosos los que viven de luto?, pero no un luto de depresión, un luto de destrucción, sino un luto de sabiduría y un luto de liberación. En la misma línea, tenemos que ver lo que dice aquí "Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque éllos quedarán saciados". Y es el último que vamos a compartir ahorita. Si quieren más detalles tienen que suscribirse al canal de YouTube y ver la explicación de las bienaventuranzas que aparece ahí. Entonces miren lo que dice. Los que tienen hambre y sed de la justicia. De nuevo, uno oye eso, uno no lo entiende. Yo lo digo por mí. Uno hambre y sed de justicia, pues lo máximo que uno se imagina es bueno como gente que quiere que realmente en el mundo haya justicia, es muchísimo más que eso. Justicia en la Biblia siempre se refiere al orden querido por Dios, y tener hambre y sed de la justicia significa que uno tiene ganas de que Dios ponga orden. ¿En dónde? En la vida de uno, En la vida de la familia, de uno, en este país, en el mundo entero. Es tener ganas del orden de Dios. Pero por supuesto, para tener ganas del orden de Dios hay que estar profundamente insatisfecho con el desorden que tiene el mundo. O sea, solamente las personas que están de verdad insatisfechas, que están de verdad descontentas, son las únicas personas que entienden esa bienaventuranza, porque el resto de la gente responde Y que no me lo tomen a mal los que oigan esto, como los millennials. Normal, normal. Todo es normal, ?Nó mira que lo que me tiene tan dolido, esa noticia de estos últimos días aquí en Colombia; ¿Cómo se les ocurre semejante salvajada; ¿Que las niñas a abortar desde los catorce años sin permiso de los papás? -Normal, normal-. Que sexo con niños, con niñas, que lo que sea. Lo que está diciendo la Irene Montero allá. Allá en España: ?Nó, que los niños escojan su pareja. Y con quién quieren tener sexo?. -O sea, sí allá íbamos-. Toda esta corrupción es para eso. Como lo hemos dicho muchas veces, van por tus hijos. Toda esta corrupción es para destruir la infancia. ¿Por qué? Porque el que destruye la inocencia en la infancia asegura un corazón para la vida y para la eternidad. Ustedes saben cuál es el Príncipe de tinieblas que está detrás de todo esto. Entonces Cristo está diciendo aquí: -Dichosos a los que no les parece normal. Dichosos los que ven esas cosas y dicen- "Así no es?. Así, yo no lo pueda cambiar así yo mismo esté sucio, que yo creo que todos aquí padecemos de alguna forma de suciedad y de pecado, porque aquí no hay ningún inocente que pueda tirar la primera piedra. Pero así yo mismo esté sucio, así yo mismo pelee con mi debilidad y caiga y me raspe muchas veces. Hay una cosa que tengo clara: ?Así no es?. Y lo que no es, no es. Y lo que no es, no es. Y esa fortaleza dice Jesucristo, ¿Cómo es que dice? Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque quedarán saciados, es decir, los insatisfechos son los únicos que ven las obras de Dios, como digo yo. -Escriba eso que le conviene-. "Los insatisfechos son los únicos que verán las obras de Dios", porque el que todo lo ve normal lo sigue viendo todo normal. Lo único que detecta es que cada vez está más triste, que cada vez está más deprimido, que cada vez está más aburrido y que cada vez la vida tiene menos sentido. Y no se da cuenta que la razón por la que se siente eso que es la vida, no tiene sentido y todo lo demás. La razón por la que siente todo eso es precisamente porque nos hemos salido del orden de Dios. Lo mismo podríamos decir de otras bienaventuranzas que son todas tan bellas. Pero yo creo que esto nos sirve un poco como de iniciativa para, para tomar esas palabras que Cristo las vivió, que Cristo las practicó, que Cristo las predicó y para decirle a Él Muéstrame la verdadera bienaventuranza. Yo estoy publicando en mi canal, así de a poquitos, cuando puedo voy publicando lecturas con un mínimo comentario sobre el diálogo de Santa Catalina y me llama la atención la parte en la que estoy ahora, que es a la altura de los capítulos veintiocho y veintinueve. Cuando Dios le dice a Santa Catalina: ?Es que hay dos caminos y la gente se obstina en tomar el camino que lleva a la muerte. Pero son dos caminos. Hay un camino que es el camino que lleva a la vida y yo les he dado el camino y el camino es mi Hijo que yo lo hice puente. Yo lo hice puente para que ustedes no se ahogaran?. Son dos caminos, no es uno solo. Escojan el camino, que es. Como dice el libro del Deuteronomio ¿Nó?. Ante ti pongo la muerte y la vida, escoge la vida. O como dice el Salmo primero Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, que no entra por la senda de los pecadores, sino que tiene su gozo en la ley del Señor. O sea, una y otra vez Dios nos está diciendo Escoge el camino, escoge el camino que lleva a la vida. Tú no estás hecho para la derrota, ni para el infierno, ni para la tristeza, ni para la, ni para el fracaso. Tú estás hecho para ver mis maravillas y a medida que las vas viendo, te alegres. Una última apreciación o comentario que creo que hay que hacer es que uno dice bueno, pero estas bienaventuranzas ¿Qué tanto puede ver uno en esta tierra? O sea, ¿Uno qué tanta diferencia puede hacer? Claro, ese es el gran dolor que uno tiene. Por ejemplo, el sacerdote, que a veces, muchas veces uno siente que está como arando en el mar, como que no se logra nada, como que se logra tan poquito. Pero entonces hay una comparación que me enseñaron y que se las comparto: Imagínese que usted está así, en el Peladero, en el desierto más espantoso, mejor dicho, metros y metros kilómetros donde solo hay arena calcinada. No hay nada más. Terrible. Si dentro de ese arenal, dentro de ese desierto tan espantoso. Un día usted viera que por milagro de Dios está saliendo una matica y que está saliendo una florecita que es una florecita, que es así como del tamaño de su uña, pero es una florecita que está saliendo aunque sea solo una florecita. Y aunque esa florecita no va a vencer a todo el desierto, usted es verdad que se alegra por esa florecita. Esa es la alegría de nosotros los cristianos. Nosotros no vamos a ver, seguramente no vamos a ver así grandes cambios, así como que Colombia se volvió una nación santa, ¡No!, muy difícil. Dios todo lo puede, pero es muy difícil. Pero uno aprende con estas bienaventuranzas, uno aprende alegrarse de las florecitas, uno aprende alegrarse de que el desierto no tiene la última palabra, que sí se puede, sí se puede marcar una diferencia. Y uno disfruta esa florecita y la agradece. Y uno siente Jesús, tú tenías razón.

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