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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las lecturas todas de este domingo se relacionan con una palabra: pobres. Sofonías mira al "resto de Israel" conformado por aquellos que son pobres y humildes, y que han puesto su esperanza en el Señor. San Pablo recuerda a los Corintios que, en su propia asamblea, abundan los que el mundo ha descartado. Jesús lama bienaventurados a los pobres en el espíritu.
Homilía ao04006a, predicada en 20110130, con 4 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Todos los días nos alimenta nuestra Madre, la Iglesia, pero para los domingos nos prepara siempre un gran banquete, banquete de la palabra y banquete de la Eucaristía. Nosotros los cristianos vivimos de Cristo, vivimos de su Palabra que ha impregnado todas las áreas de nuestra vida y vivimos de su cuerpo y de su sangre. Prenda de nuestra redención definitiva, de nuestra resurrección también, hoy por ejemplo, ¡qué banquete! ¡Qué maravillosa concordancia entre las tres lecturas! La primera, tomada del profeta Sofonías con breves versículos de los capítulos dos y tres. La segunda del apóstol San Pablo, en el capítulo primero de la Primera Carta a los Corintios. La tercera lectura El Evangelio es el gran documento del cristiano, lo que se ha llamado la Carta Magna de nuestra fé cristiana, las Bienaventuranzas. Estas bienaventuranzas son el comienzo de un discurso más amplio que llamamos el Sermón de la Montaña. Pero en este momento quisiera yo que nos centráramos solamente en ese texto y sobre todo en el pórtico, en el saludo inicial. "Dichosos los pobres en el espíritu -o pobres de espíritu- porque de éllos es el Reino de los cielos". Fíjate que no es tan fácil traducir esta expresión. ¿Qué quiere decir "Pobres en el espíritu" qué tienen poco espíritu? ¿Qué quiere decir pobres de espíritu?, ¿Qué son apocados, atontados, pusilánimes?, ¿Qué quiere decir pobres en el espíritu?; ¿Quiere decir que externamente tienen muchas riquezas y muchas comodidades, pero por dentro, sin embargo; es decir, en su fuero interno, en su convicción interna se reconocen pobres? Resulta un poco difícil ¿Cierto? Responder a estas preguntas, pero para eso están las otras dos lecturas que, repito, tienen una preciosa concordancia con el Evangelio. El profeta Sofonías nos habla también de un resto, nos habla de un resto pobre y humilde. Y la gran característica de estos que van a ser los supervivientes de la gran catástrofe que es el destierro, los supervivientes del destierro, los pobres y los humildes son aquellos que han aprendido a poner su esperanza en el Señor. Han aprendido a confiar en Dios. No tienen entonces su esperanza en sus propias riquezas, en sus talentos, en su.... En su, por ejemplo, sus recursos, sus amistades, su capacidad de influir, su poder político. Se han despedido de todo eso, saben ser sanamente desconfiados de todo ello y saben apoyarse en Dios. Han encontrado en el Señor su fortaleza y estos son los que van a ser bienaventurados. Estos son los que a ojos del mundo están descartados, pero a ojos de Dios son la materia prima para la manifestación más maravillosa de su Gloria. Y luego tenemos, y luego tenemos el capítulo primero de Primera Corintios, donde San Pablo verifica e invita a que nosotros también verifiquemos que también en nuestro propio tiempo, también en nuestra época, con mucha frecuencia son los más humildes y los que el mundo desprecia. Los primeros que llegan a entender la perla preciosa del Evangelio. Si somos entonces de los necesitados, de los pecadores arrepentidos, de los que hemos aprendido a desconfiar sanamente de tantas cosas y tantas arrogancias de esta tierra, y hemos aprendido a confiar en el Señor, para nosotros es la alegría del Evangelio. Para nosotros es Jesús el Salvador.

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