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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todos tenemos zonas oscuras en nuestra vida. Pidamos a Nuestro Señor que ilumine esas tinieblas personales, familiares y sociales con su gracia y Evangelio.
Homilía ao03015a, predicada en 20260125, con 6 min. y 35 seg. 
Transcripción:
¡Muy feliz domingo para todos! El evangelio de este domingo tomado de San Mateo, como es natural, porque estamos en el ciclo A de los domingos, nos comienza. Nos cuenta algo de los comienzos de la predicación de Cristo. Y es bien interesante tomar detalles. Mira muchas veces para amar la Palabra de Dios y para llevarla a nuestra vida, Los detalles son la clave. ¿Por dónde empieza Cristo a predicar? Podemos decir que en aquel tiempo había un centro que era político, religioso, social y económico, y ese centro era la ciudad de Jerusalén. Por supuesto que nadie le quita importancia a Jerusalén y de hecho, pues Cristo terminó su misión en Jerusalén y fue crucificado a las afueras de Jerusalén. Pero repito, estamos en los comienzos de la misión del Señor. ¿Y qué es lo que notamos? Que Cristo no empieza por el centro. Cristo empieza por la periferia. Cristo empieza por aquello y por aquellos que usualmente son descartados. Hay una expresión muy fuerte que aparece en el Evangelio de hoy y que indica el desprecio con el que se miraba esa parte del mundo donde Cristo inició su misión. Los judíos llamaban a esa zona "La Galilea de los gentiles". ¿Y qué quiere decir de los gentiles?, Gentiles o paganos son los pueblos que no han recibido la alianza. Son los pueblos que no conocen a Dios. Pero al mismo tiempo sabemos que esa misma región, según la distribución de tierras que se encuentra en el libro de Josué, esa región era propia de las tribus de Zabulón y de Neftalí, Tribus de Zabulón y de Neftalí. Es decir, tribus de Israel. ¿Qué quiere decir eso? Pues que en el plan original, ese que aparece en el libro de Josué, esas tierras eran del pueblo de la Alianza, eran tierras que estaban dentro del plan de Dios, dentro de la bendición de Dios. Te lo digo de otra manera, eran parte de la tierra prometida porque pertenecían a la distribución que les había correspondido a las tribus de Zabulón y de Neftalí. Pero ahora esas tribus habían desaparecido, y además esa tierra ya no se conocía como tierra de Zabulón; o sí, digamos por el recuerdo, sí. Pero de hecho, lo que había ahí era fé perdida. Es que llamarlos Galilea de los paganos es como decir, es como reconocer esa tierra se perdió, ya no hay fé ahí, ya la alianza no, no rige ahí, ya la ley de Moisés no rige ahí, esa tierra es tierra perdida. Por eso también se dice en el profeta Isaías y lo cita San Mateo el pueblo que caminaba en tinieblas a los que habitaban en sombra de muerte. Es decir, eso estaba perdido y eso lo que estaba perdido es el destino primero de la misión de Cristo. Cristo va primero allí, a esa zona oscura, marginada, despreciada, perdida. Pero también dice el texto "El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una luz grande". Esa luz grande es la luz de Cristo. Es la vida de Cristo, es la Palabra de Cristo es el Evangelio de Cristo. Entonces, fíjate el mensaje tan hermoso. Esa tierra que estaba perdida, esa tierra que había perdido, la fé que había perdido La Alianza, es el comienzo de una misión maravillosa. La misión del Hijo de Dios que lleva luz ahí, que lleva amor, ahí que lleva las primicias de sus milagros ahí. Esto nos da mucha esperanza y nos trae una lección magnífica sobre quién es el Señor. Nos trae mucha esperanza, porque en nuestras vidas también hay Galilea de los gentiles, en nuestras vidas también hay zonas oscuras, en nuestras vidas también hay tierra de tinieblas. Y yo te invito a que hoy nosotros llamemos a Cristo. Digámosle a Cristo -Tú que visitaste la Galilea de los gentiles, visita esta parte de mi historia que está a oscuras; visita esta parte de mi vida que está a oscuras. Visita esta parte de mi pasado que está en tinieblas. Visita mi manera de manejar el dinero o el descanso. Visita zonas de mi corazón que están podridas por la envidia, por el rencor, por la lujuria, por la mentira. Ven a mis tinieblas. Ven a lo que está a oscuras en mí. Tú que no tienes asco, tú que no tienes asco de las tinieblas, porque eres la luz verdadera. Tú que no tienes asco de las tinieblas, porque eres Dios de Dios. Luz de luz, ven a visitar la oscuridad de mi vida, la oscuridad de mi familia, la oscuridad de mi país. Ven a visitarnos. Te necesitamos, Jesús. Necesitamos tu Evangelio. Necesitamos tu Gracia-. La Gloria será tuya. La Gloria y la alabanza son tuyas, Jesucristo, ahora y por los siglos Amén.

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