|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las cuatro luces de la existencia humana
Homilía ao03012a, predicada en 20200126, con 32 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. Las lecturas de hoy nos presentan el comienzo de la hermosa misión de evangelización que realiza nuestro Señor Jesucristo. Es maravilloso ver el comienzo de esta misión, porque es precisamente la ocasión de ver cómo las tinieblas son vencidas y llega la luz. Vamos a dirigir esta reflexión precisamente hablando de las tinieblas y de la luz, ¿Cuántas luces iluminan nuestra vida? La gran mayoría de nosotros, bendito sea Dios, gozamos de la vista de nuestros ojos del cuerpo; esa es la luz de los sentidos. La luz de los sentidos nos permite reconocer en la distancia los obstáculos, los peligros, mirar el camino. Es la primera forma de luz, la luz de los sentidos. Segunda forma de luz: La luz de la razón. ¿Cómo es la luz de la razón? Es aquella claridad que tú obtienes cuando te preguntas si algo realmente es bueno o no, aunque te guste, aunque sea apetecible. Cuando eres capaz de preguntarte si de verdad, si de verdad, algo es bueno, ahí estás utilizando la luz de la razón, La luz de la razón nos permite descubrir también un camino, pero ya no es un camino puramente físico como el que ve una carretera. Te permite ver el camino de la vida, te permite ver el camino de las decisiones, porque hay que tomar muchas decisiones en la vida.... Esta amistad ¿Me conviene o no me conviene?, este negocio ¿Será bueno o no? ¿Debo estudiar esto o debo estudiar esto otro? Para la mayor parte de las decisiones, la luz de la razón es indispensable. Pero vamos a ver, que también es insuficiente. Llevamos dos: la luz de los sentidos, la luz de la razón. Hay una tercera luz que es de una naturaleza distinta. Es la luz propia del amor, el amor también tiene su propia luz, sobre todo cuando tenemos que preguntarnos cuáles son los fines, las grandes metas de nuestra vida. Ahí necesitamos de la luz, del amor, porque cuando vamos a preguntarnos, por ejemplo, ¿Qué voy a hacer yo en la vida? Hay muchos caminos que son lógicos... Yo podría escoger una profesión, por ejemplo, podría buscar trabajo en otro país, podría dedicarme al comercio y tratar de acumular dinero. Y de alguna manera cada una de esas decisiones es lógica. ¿Cuál va a ser el criterio que me va a mostrar en dónde debo estar?. Ahí es donde entra el amor, con esta luz una persona toma decisión, por ejemplo, de casarse y de hacer un hogar. A veces pasa que esa luz del amor no coincide completamente con la luz de la razón. Hay un pensador llamado Blas Pascal que tiene una frase famosa: -El corazón tiene razones que la razón no entiende-. No es que haya una contradicción total entre el amor y el pensamiento, entre el corazón y la razón. Pero debemos ser sinceros y reconocer que a veces el amor tiene también sus propias razones, como dice Pascal. Y esas razones del amor son las únicas que pueden guiarnos en esa clase de decisiones. Piense en las personas casadas que están aquí. Usted ¿Cómo llegó a decidir? Me voy a casar con este hombre, me voy a casar con esta mujer. Será ¿Que es posible meter en un computador todos los ingredientes de la decisión y llegar a una conclusión?, ¿Es algo absolutamente lógico y racional?. No lo es, hay algo que salta en el corazón, hay algo que vibra en tu alma, hay un calor, hay un presentimiento, Y ahí también hay una luz, La luz de los sentidos. ¿Cuántas llevamos? Gracias a Dios. Respondieron unas quince personas. Ahí vamos bien. ¿Cuántas llevamos? tres, la luz de los sentidos, la luz de la razón y la luz del amor. Tres llevamos. Y hay una cuarta luz que es la luz de la fé, la luz de la fé; me ayuda a mirar mi vida y a mirar el mundo un poco con los ojos de Jesús, un poco como Dios ve las cosas. La luz de la fé es sobre todo la que viene a través de la predicación. La luz de la fé es la que nos trae el Espíritu Santo. La luz de la fé es la que nos permite valorar cosas que tal vez el mundo no valora. Piensa, por ejemplo, en lo que le sucedió a San Francisco de Asís. San Francisco de Asís era un joven que gustaba mucho de divertirse, le encantaban las fiestas, tenía muchos amigos, sabía pasarla bueno. Pero Francisco de Asís tuvo una conversión, se encontró con el Señor Jesucristo. Y esa luz que le dio Cristo lo llevó a servir a personas enfermas. Todo el mundo recuerda a San Francisco por su relación con la naturaleza, pero pocas personas recuerdan que San Francisco fue un gran servidor de los pobres y de los enfermos, especialmente de los enfermos más despreciados, en la Edad Media, que fue la época de San Francisco, esos enfermos, los más despreciados, eran los leprosos. Y ahora pensemos de este total de cuatro luces, porque hemos mencionado cuatro luces. ¿Usted se siente capaz de decir cuáles son las cuatro luces?, Claro, porque ya ahora ya está más concentrado. La primera es la luz de los sentidos, la segunda es la luz de la razón, la tercera es la luz del amor y la cuarta es la luz de la fé. Eso es bello. Ahora, si vuelvo por aquí. Entonces, hermanos?. Ponte a pensar. ¿Qué vio Francisco en esos leprosos? Vamos a tomar estas cuatro luces y ahí vamos a darnos cuenta cuál fue la que ganó. Miremos la luz de los sentidos. Con la luz de los sentidos uno puede ver lo que es un tejido sano o un tejido enfermo. Con la luz de los sentidos uno puede ver cómo es un rostro bello y cómo es un rostro que no es tan bello. ¿Será que la luz de los sentidos llegó a San Francisco a servir a los leprosos? No, esa enfermedad, lamentablemente, cuando se desarrolla puede afectar bastante, bastante el aspecto de las personas. No fue la luz de los sentidos. Entonces pensemos en la luz de la razón. ¿Será que había una razón lógica, un deber establecido que llevaba a Francisco a servir a los leprosos?. No ¿Que él tuviera una obligación? No la tenía. Entonces pensemos en la luz del amor, entendiendo por amor el amor humano, ¿Será que son personas que eran parientes suyos?, o ¿Ahí estaba la novia o eran hermanos de sangre?, ¿Tenía alguna razón humana para amarlos? No. ¿Cuál fue la única luz entonces que le mostró a Francisco que su vida pasaba por el servicio a los leprosos?, ¿Cuál fue la luz? La luz de la fé. Hay ocasiones en que estas luces coinciden, hay ocasiones, pero no siempre coinciden. Y las he nombrado en este orden porque es importante que nosotros sepamos que cada una es más importante que la otra. Es decir; la luz de la razón es más importante que la luz de los sentidos. Piense usted, por ejemplo, en una persona que está casada. Esa persona está casada, tiene una familia muy bonita, pero tal vez es una persona que tiene los ojos un poquito inquietos, se le mueven mucho los ojos y con tanto baile de esos ojos encontró una figura muy hermosa... Este es un hombre, este es un hombre que tiene su hogar muy bonito; pero los ojos se le fueron, se le fueron, se le fueron hacia una cara muy bella, hacia un cuerpo muy deseable. La luz de los sentidos lo lleva hacia esa mujer que no es su esposa. Pero la luz de la razón que le dice: ¡No! no vayas a cometer ese error, no destruyas lo que tienes, no le vayas a hacer ese daño a tus hijos. Entonces ahí se da uno cuenta que no siempre la luz de la razón va a coincidir con la luz de los sentidos, pero es más importante la luz de la razón, porque si el hombre se deja llevar por la luz de los sentidos, se va a dejar llevar por esa cara bonita, por ese cuerpo atractivo. ¿Y qué va a pasar?, pues va a pasar que va a arruinar su vida y va a hacerle un daño terrible a esos hijos y a esa mujer. Bueno, y ahora pensemos: ¿Será que es más importante la luz del amor que la misma luz de la razón? Y la respuesta es: Sí. Hay momentos en que la luz del amor es más importante que la luz de la razón. Este es un país donde eso se ha vivido muchas veces, porque resulta que hay personas que han querido seguir un gran sueño, algo que realmente amaban. Muchos de los grandes empresarios que ha tenido este país han sido personas que se han dejado llevar por un amor que parecía loco. Piensa, por ejemplo, este famoso personaje, el fundador y jefe durante tanto tiempo de Apple, ese señor se llamaba Steve Jobs. Steve Jobs tomó una serie de decisiones un poco locas en su vida, algunas le salieron bien y otras le salieron mal, pero él estaba amando un sueño y su sueño se llamaba Apple y él dejó universidad y él dejó muchas cosas; parecía loco lo que estaba haciendo, pero le salió bien. A veces, a veces hay que seguir un sueño, aunque parezca un poco loco, a veces hay que seguir un sueño. Me estoy acordando también de un teólogo protestante llamado Albert Schweitzer. Albert Schweitzer era profesor en una universidad en Europa, tenía una vida organizada y un buen sueldo y una vida, llamémosla muy lógicamente plantada. Pero él sentía que por dentro el corazón se le estaba secando. Y ¿Sabes lo que hizo este hombre loco?, Pues este hombre se fue a ser misionero en África, se fue a predicar el Evangelio a África, y él al principio no sabía nada de nada sobre África, pero él sentía que tenía que hacer algo más que simplemente ser un profesor establecido en una universidad establecida y muy seria en Europa; es decir, el amor lo llevó a eso. Y ¿qué hubiera pasado?, ¿Qué pasa cuando una persona trata de ser completamente lógica y absolutamente segura? Pues pasa lo que cuenta, una historia muy bonita y es la historia de dos barcos. Resulta que un barco le tenía miedo al agua. Había un barco que le tenía miedo al agua y entonces se quedó todo el tiempo en el puerto porque no sabía cómo iba a estar el mar y otro barco se fue a navegar y después de muchos años se encontraron... Y ahora yo les hago esta pregunta: ¿Cuál de los dos barcos estaba más bonito?, ¿Cuál de los dos estaba más bonito? No alcanzo a entender, no hay unanimidad en la Asamblea. ¿Estaba más bonito el barco que se quedó en el puerto o el barco que se fue a navegar? No hay unanimidad. Fíjate que la pregunta es muy precisa, ¿Cuál era el barco más bonito? El que se quedó en el puerto, ese era el más bonito, claro, ¿No ves que no le pasó nada? Estaba cuidadito, cada rato le echaban pintura. Entonces hay personas que quieren ser ?barcos en el puerto? y quieren tenerlo todo seguro y se ven muy bonitos. En cambio el otro barco. Pobre barco, el otro, el otro barco, tuvo que afrontar tormentas, el otro barco tuvo que casi hundirse tres veces, el otro barco tuvo que recorrer toda clase de aguas. Una vez encalló, pero finalmente volvió. Entonces el barco más bonito era el barco del puerto. Pero ¿Cuál era el barco más feliz? El que se fue a navegar. Entonces, a veces, cuando queremos tener todo seguro.... No te estoy invitando a pecar ni a hacer cosas raras. Porque ahora van a decir ¡Ay! El padre dijo que uno tenía que llevar una vida llena de aventuras.? No, No estoy diciendo eso: Estoy diciendo que cuando tú tratas de ser completamente lógico y completamente racional y tenerlo todo seguro, vas a ser como un barco que se quedó en el puerto. Y tal vez vas a estar muy bonito, muy bonito, muy bonito, pero muy triste, muy triste, muy triste. Entonces el barco que logró ser barco, porque ese no fue un barco, el barco que se quedó en el puerto, eso no es ¡ser barco!. ¿No ves que cuando dije que un barco le tenía miedo al agua?, varios de ustedes se rieron y decían -Pero, ¿qué barco es ese?- Entonces el barco que se quedó en el puerto no fue barco. Es necesario también arriesgar algo. Pero ¿Cómo vas a arriesgar si no amas? Y hay una frase de San Agustín.? A San Agustín hay que quererlo mucho, a San Agustín hay que quererlo mucho: Es un gran padre y doctor de la Iglesia. Y además tenemos aquí al padre Cristino, que es agustino. Así que no digas nada en contra de San Agustín, por favor. San Agustín hay que quererlo mucho porque es un regalo de la sabiduría de Dios para la humanidad. San Agustín es gigantesco, es realmente un hombre muy grande. Y San Agustín dice esta frase Ponle cuidado, dice: "Si no quieres sufrir, no ames, pero si no amas, ¿Para qué quieres vivir?" ¡Wow! Eso se llama frase de santo y de sabio. Te la repito: "Si no quieres sufrir, no ames, pero si no quieres amar, ¿Para qué quieres vivir?" Esa es la misma historia de los dos barcos. Siii, tú tienes tu barco bien bonito, pero hermoso, tu barco, pero tu barco no es un barco. Ese, no es un barco, el barco no es para eso. Entonces por eso la luz del amor es tan importante, la luz del amor es la que empuja. Santo Tomás de Aquino, otro santo que también hay que conocer y querer, dice, que por medio de la inteligencia nosotros traemos el mundo hacia nosotros, pero por medio del amor nosotros nos movemos en el mundo. Es el amor el que te empuja, es el amor el motor. "Si no quieres sufrir, no ames, pero si no amas, ¿Para qué quieres vivir?" Ese es San Agustín, una de las miles de frases sabias de San Agustín. Entonces, amados hermanos, la luz del amor es más importante, más importante, incluso en personas que oficialmente no tienen fé. Hay una provincia del centro de China que se llama la provincia de Wuhan, esa provincia de Wuhan ha estado en las noticias porque hay un brote espantoso de una nueva forma de neumonía con un virus muy poderoso. Ese virus pertenece a una familia de viruses que se llaman los Coronavirus y este Coronavirus que ha surgido como una especie de enfermedad nueva muy peligrosa, ya hay cerca de sesenta muertos por el coronavirus en la provincia de Wuhan, en China y China, está tomando las máximas precauciones para evitar que se extienda, que se propague esa enfermedad. Es una enfermedad potencialmente mortal, tristemente, ya han fallecido cerca de sesenta personas y en este momento hay cerca de dos mil personas infectadas en solo China. Se han registrado casos en Australia, en Canadá, en Francia y dos casos en Estados Unidos. Esas son las noticias en este momento. Pedimos a Dios que la situación se pueda controlar y que no estemos al frente de una epidemia global. Bueno, la provincia de Wuhan. Ustedes saben que en China la inmensa mayoría de las personas son ateas, la inmensa mayoría. Pero resulta que uno de los médicos de la provincia de Wuhan, que fue de los primeros en conocer este problema del coronavirus, es decir, del virus que está produciendo esa neumonía potencialmente mortal, se dio cuenta del problema, se dio cuenta de la enfermedad. Él hubiera podido, al darse cuenta de la gravedad de la epidemia, él hubiera podido irse, pero él se quedó, se quedó por amor al servicio. No consta que lo hiciera por amor a Dios, porque seguramente es ateo o era ateo y debo decir era ateo porque murió atendiendo enfermos; él mismo se contagió y lamentablemente ya murió. Entonces, date cuenta, esta es una persona que tomó una decisión, una decisión ¿basada en qué? ¿en los sentidos? No. Si decimos basado en la razón, lo lógico cuando hay una epidemia es salir corriendo; él no tomó la decisión basado en los sentidos ni basado en la razón; tomó la decisión basado en el, en el amor, amor a los enfermos, amor a la ciencia, amor a la humanidad. Dios se lo haya tenido en cuenta. Todo indica que era una persona atea, pero nosotros podemos rezar también por ellos. Y aunque no esté en la lista de nuestras peticiones, pues vamos a pedir también por él. Entregó su vida tratando de salvar enfermos. Lo hizo, ¿por qué?, por amor. Entonces tú te das cuenta de que cada luz más alta es más importante que las luces anteriores; la luz de la razón es más importante que la luz de los sentidos. La luz del amor es más importante que la luz de la razón, de la sola razón, y que la luz de los sentidos y la luz de la fé es más importante todavía. Y hay muchos ejemplos de la luz de la fé. Cada santo es un ejemplo de la luz de la fé, pero muy especialmente los santos mártires. Porque un mártir es una persona que es torturada en sus sentidos, un santo es una persona. Un santo mártir es una persona a la que todo el mundo le hubiera dicho mira, huye, huye, vete. Y no se fue. Un santo mártir es una persona que seguramente tuvo que luchar con otros amores, pero se quedó. Yo me acuerdo el testimonio de un sacerdote argentino en la región de Palestina. Ustedes saben que lamentablemente ha habido un conflicto demasiado largo, de siglos y siglos entre judíos y palestinos. Y resulta que en uno de los múltiples ataques, porque yo sé que ha habido ataques de palestinos a judíos o israelíes, ataques de israelíes a palestinos. En uno de los ataques con misiles de israelíes a palestinos, la ciudad de Gaza fue devastada terriblemente y este es un sacerdote argentino que atiende personal católico, fieles católicos en Palestina y lo entrevistaron y tú te puedes dar cuenta los sentidos que dicen esto está terrible. La razón que dice yo debería salirme de aquí, el amor que dice, compatriotas suyos, familia suya, le suplicaban ¡Salte de ahí, salte de ahí!, Y este hombre, bendito sacerdote, verdadero ejemplo para mí, dijo: -Pero yo ¿Cómo voy a abandonar el rebaño?-, Impresionante, Impresionante. Hasta donde llegan mis noticias, el hombre hasta este momento sigue vivo y sigue atendiendo a sus católicos allá. Sigue atendiendo allá. ¿Qué lo mueve a él? Lo mueve un amor más grande que el amor humano. Porque cuando aquí hablamos de la luz, del amor, en este contexto nos referimos a la luz del amor humano. Yo me puedo imaginar, porque no es un sacerdote tan mayor. Yo me puedo imaginar cómo será una conversación, por ejemplo, de la mamita de este sacerdote con él. Imagínate cómo sufre esa mamá, Imagínate cómo le habla. No me cuesta trabajo imaginar a esa mamá diciéndole: -por favor, por amor a tu madre, sal de ahí-. Y este hombre, aunque ama a la mamá, por encima del amor de la mamá, por encima de ese amor... -Aquí me quedo-. Esa es la luz de la fé, esa es la potencia que da Dios. Entonces, hermanos, ¿Qué hemos dicho en esta homilía? Que hay cuatro luces y que tú sabes que cada una es más importante que las anteriores, cuatro luces. Luz de los sentidos, Luz de la razón, Luz del amor humano. Luz de la fé, que luego se convierte en luz de amor de caridad. Y ahora viene una pregunta muy interesante. Y luego miramos un puntico del Evangelio que nos habla de la luz precisamente de Cristo como la luz. Una pregunta: ¿Qué luz está gobernando tu vida?, ¿Tú cómo tomas tus decisiones?, ¿Solo por los sentidos?, Hay personas que toman decisiones solo por los sentidos. Por ejemplo, cuando un muchacho dice ?esa tiene que ser mi mujer, es que ese cuerpazo que tiene? se le olvida que adentro de ese cuerpazo hay un esqueleto. Si tú tomas la decisión de enamorarte solo por el cuerpazo, tu única luz es la luz de los sentidos. Gracias a Dios respondieron cuatro personas. Bendito sea el Señor. Luego hay otras personas que toman las decisiones con una luz un poquito mayor. Por ejemplo, la del cuerpazo dice bueno, ese está chiquito y feo... Pero lo veo con buen trabajo, lo veo con buen dinero y trata de tomar una decisión lógica. A élla tal vez le gustaría más, otro hombre, pero ella considera que lo lógico es casarse con él. Tú te das cuenta que eso es un poco triste, ¿No?, un poco triste. Tal vez otra persona toma una decisión un poquito más arriba.? -No, es que estoy enamorado de esa persona-. Bueno, eso está todavía mejor. Pero hoy Dios te pregunta ¿Cuándo vas a empezar a tomar tus decisiones por la fé? En esta casa hay un letrero que ya tiene varios años. No sé si lo van a renovar o cuando ya se acabe la casa se acabará el letrero. Desde que yo estoy viniendo a esta casa, está ese letrero, no lo tomen como una indirecta, por favor, no lo tomen como una indirecta. Pero el hecho es que ahí está esa frase que dice: -Sin fé es imposible agradar a Dios-. -Sin fé es imposible agradar a Dios-. Y eso es cierto. ¿Cómo estamos tomando nuestras decisiones? Bueno, y ¿Qué significa la fé? La fé significa que yo abro mi corazón a la Palabra de Dios, que yo abro mi corazón al Espíritu de Dios, que yo abro mi corazón para mirar cómo obra Cristo, que yo quiero que Cristo reine en mí, que yo quiero que Cristo sea el Rey de mi vida. Y cuando ese deseo se repite y se repite y yo escruto la palabra, y yo oro, y yo tomo a Cristo en serio, y quiero que Cristo reine en mi vida. Cada vez más mis decisiones se gobiernan por la fé, cada vez más, y esa es la invitación que nos trae la Palabra de Dios hoy. Que Cristo sea tu luz. Porque ¿Cuál es la luz que te va a traer Cristo? La luz que te va a traer Cristo no es la luz de los sentidos. Aunque hay casos en que Cristo efectivamente sana nuestros ojos. La luz que te va a traer Cristo no es simplemente la luz de la razón como la de los filósofos, ¡no! Aunque es verdad que hay mucha sabiduría en las palabras de Cristo, la luz que te va a traer Cristo no es simplemente la luz del amor humano, aunque no hay nadie más amable que Él. La luz que te va a traer Cristo es esta luz, la luz inmortal, la luz bendita, la luz que llegó al territorio de Zabulón y de Neftalí. Y esa luz, esa luz preciosa, es la luz de la fé. Y sin fé nadie puede agradar a Dios. Amén. Nadie puede agradar a Dios. Esa es la fé que necesitamos, esa es la luz que necesitamos. Y por eso hay que pedirle a Cristo que nos regale esa fé, que nos regale esa luz, esa luz preciosa sin la cual es imposible agradar a Dios. Porque te voy a contar algo y con esto terminamos. -¡Ay yo quisiera decir tantas cosas-, pero debemos terminar también!. Mira, te voy a contar esto: cuando llegue el momento de la muerte que a todos nos va a llegar. Vamos a ver qué pasa con las distintas luces. Cuando llega el momento de la muerte, ¿Qué va a pasar con la luz de los sentidos? Se apaga, se apaga. Si Dios nos ha conservado los ojitos hasta ese momento, pues de todas maneras al morir se apaga esa luz. La luz de la razón. Dime ¿Qué puede la razón frente al hecho de que me estoy muriendo? Yo puedo analizar qué me está matando, yo puedo analizar cuánto tiempo me queda, yo puedo analizar qué es una tragedia... Uno de los hombres más inteligentes del siglo veinte en Norteamérica fue un físico premio Nobel llamado Richard Feynman y Richard Feynman, cuando se estaba muriendo de un cáncer, dijo: -morirse es aburrido-, eso fue lo único que pudo decir. Él era ateo. La luz de la razón no te lleva a más, la luz de la razón, no te puede mover un centímetro más de decir la muerte es una tragedia y es aburrida. Y ahí se acaba la luz de la razón. Y la luz del amor humano, ¿De quién no tendrás que despedirte?, te tendrás que despedir de todos, puede ser tu esposo maravilloso, puede ser tu esposa maravillosa, pueden ser tus hijitos amados, todas esas personas pueden ser. Y sin embargo vas a tener que desprenderte de todas esas personas. La luz del amor humano se te va a acabar. La luz de la razón se te va a acabar. La luz de los sentidos, se te va a acabar. Solo hay una luz que llega hasta la puerta de la muerte y atraviesa la eternidad. Y esa es La Luz. Esa es la luz y esa es la luz que le pedimos hoy a Cristo, porque Él la quiere dar. Y cuando Él dijo: "Yo soy la luz del mundo", lo que estaba diciendo es tengo luz para regalarte. Eso es lo que te está diciendo. Y hoy nosotros le vamos a decir a Jesús: -Tú tienes luz para regalarme y yo tengo luz que necesito-. Yo necesito de esa luz que Tú me quieres regalar y por eso quiero abrir mi corazón, quiero abrir mi alma, quiero abrir mi vida a Tí, Señor, porque quiero que Tú me enseñes a vivir, quiero que tú me enseñes a vivir. Y Jesús te lo va a enseñar y Jesús te va a dar una luz nueva. Y entonces tú descubrirás que hay otra frase que es otro letrero un poquito viejo también, ese si lo tienes aquí cerca, mira, date la vuelta sin que se te tuerce la cabeza, se tuerza la cabeza a ver qué dice ella. Marcos 9, 23. ¿Qué dice la frase? Eso es: lo que abre la fé?. La fé te abre al universo del tamaño de Dios, no el universo del tamaño de tus fuerzas. ?Todo es posible si crees?. Esa es la luz que el Señor te quiere dar. "Sin fé es imposible agradar a Dios". Hebreos 11, "Pero todo es posible para el que cree", Marcos Capítulo 9. Mis hermanos, vamos a seguir esta celebración eucarística. Creo que hemos aprendido que hay cuatro luces, que cada una es más importante que las anteriores y que Cristo nos vino a regalar luz para todo nuestro ser. Pero sobre todo esa luz última, la que llega a la puerta de la muerte y la vence para que pasemos la puerta de la muerte. Aplauda a Cristo para que pasemos la puerta de la muerte... Para que pasemos la puerta de la muerte y lleguemos a la luz de la Gloria. Así se llama. Por favor, levanten la mano los que quieren llegar a la luz de la Gloria; levanten la mano, por favor, levanten la mano, levanten la mano todos los que quieren llegar a la luz de la Gloria. Que el Señor lo conceda. Amén. Amén. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|