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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las palabras que inauguran la misión de Cristo condensan también la tarea primordial de toda obra de evangelización en la Iglesia.
Homilía ao03008a, predicada en 20140126, con 5 min. y 9 seg. 
Transcripción:
No debemos olvidar nunca cuáles son las primeras palabras de la predicación de Cristo. Tanto en la reseña de San Marcos como en la de San Mateo, las primeras palabras son una invitación a la conversión y un anuncio de la cercanía del Reino de los cielos. El Reino de Dios. Es una noticia y es una invitación. La noticia nos está diciendo que Dios se ha hecho cercano. La invitación es ahora a que nosotros nos acerquemos a Él. Evangelizar, entonces, tiene esas dos dimensiones; contar lo que Dios ha hecho para acercarse a nosotros e invitar para que quitando todo obstáculo, nosotros salgamos al encuentro de ese Dios que ha venido a buscarnos. A partir de ese criterio tienen que medirse todas las obras en la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la educación. Una buena parte del esfuerzo de incontables hombres y mujeres creyentes en la Iglesia Católica tiene que ver con la educación. Si esa labor pertenece de pleno derecho a la obra evangelizadora, tiene que cumplirse en ella, en la educación, que es una invitación continua a convertirse y es un anuncio continuo de la cercanía de Dios. Entonces el profesor de física, el profesor de biología, el profesor, la profesora de idiomas, la profesora de matemáticas; cada uno tendrá que contar a su manera cómo Dios se hace cercano en esas áreas de la vida humana y a la vez cada uno tendrá que hacer ver cómo a partir de esos caminos, caminos del conocimiento, se puede llegar a la verdadera sabiduría. Otro tanto debemos decir de las obras que tienen que ver con el cuidado de la salud. El trato que se dé a las personas indigentes o enfermas o ancianas tiene que ser una expresión del Dios que se ha acercado y a la vez una invitación para que esa enfermedad no sea un obstáculo. Ese quebranto no quiebre nuestro camino hacia Dios, sino que más bien se convierta en un acto de ofrenda y de unión con el Dios que quiso entregarse al sacrificio por nosotros. Mirar a la Iglesia de esta manera le devuelve su lozanía, le devuelve su frescura. Mirar a la Iglesia de esta manera le devuelve su primitivo y maravilloso esplendor. Pero donde más se nota ese esplendor es precisamente en la obra de la predicación. Dice el texto que hemos oído. "Jesús comenzó a predicar"; luego de una manera especial quienes predicamos en la iglesia hemos de estar atentos a que nuestras palabras sean siempre buena noticia. Como nos dice el Papa en Evangelii Gaudium. Y que nuestras palabras sean siempre una invitación para acoger con toda el alma ese mensaje de misericordia, que es al mismo tiempo un llamado a la santidad plena junto a Él. Esta es una casa de oración. Este es un lugar donde resuena de un modo particular la Palabra. No interesa tanto que resuenen las paredes así tengan algo de eco, interesa que ese eco suceda en nuestra vida, que la palabra se vaya reflejando en cada aspecto de nuestra vida. Que la palabra se vaya reflejando en la manera como pensamos, como discernimos en las opciones que tomamos, en las conversaciones que llevamos. Ahí tiene que ser, tiene que suceder la resonancia de la palabra para que entonces la comunidad contemplativa, con su propio ser, sea una expresión del amor de Dios que se ha hecho cercano y al mismo tiempo un llamado para el resto de la comunidad. Un llamado a la santidad y a la perfección.

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