Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El poder del sacrificio de Cristo y de su sangre es capaz de liberar y rescatar mi vida de la esclavitud del pecado. Jesús es quien me trae la verdadera libertad.

Homilía ao02014a, predicada en 20260118, con 5 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Las lecturas de este domingo podemos decir que son como un eco del domingo pasado en que celebrábamos el bautismo del Señor. Especialmente lo digo por el Evangelio en el que Juan Bautista señala a nuestro Señor Jesucristo y dice "Este es el Cordero que quita el pecado del mundo". Efectivamente, vino Cristo a nuestra tierra fundamentalmente a eso, a rescatarnos del inicuo poder del pecado. Y esto conviene recordarlo por dos razones.

Primero, porque la figura de Cristo, que siempre es tan impactante, incluso para los no creyentes, ha sido manipulada de distintas maneras, como tratando de hacer de Él, por ejemplo, un líder político, o hacer de Él una especie de transformador de la realidad social, o un buen pensador o algo así, parecido. Seamos muy claros. Cristo vino a esta tierra para vencer el poder del pecado.

Podríamos decir que la definición de quién es Cristo es aquel que vence el pecado, y eso es lo que significa la frase de Juan Bautista -Este Cristo es- el que vence al pecado. Y de aquí viene una segunda consecuencia, y es que el reinado del pecado se puede y se debe acabar; no solamente en el mundo. A ver, y ¿Dónde vivimos nosotros?, pues ahí estamos. O sea que la victoria de Cristo es para que se cumpla en nuestra vida y por eso cada uno de nosotros tiene que apropiarse estas palabras de Juan. ?Cristo es el que quita el pecado de mi vida?. ¿Qué tal suena eso? Puesto que estamos en el mundo, puesto que vivimos en este mundo, y puesto que Cristo es el que quita el pecado del mundo. Pues entonces, ¿Qué quieres que te diga?

Es importante que cada uno repita: "Cristo es el Cordero que quita mÍ pecado". Y por eso, si examinamos, si cada uno examina cuál es el pecado que ha tenido poder en su vida, pues entonces este es el momento para decir Cristo es el que quita ese pecado de mi vida. "Me he acostumbrado a decir mentiras". "He vivido para hacer dinero". "El placer me tiene esclavizado". "La ira y la venganza se adueñaron de mi alma". Bueno, entonces ahora di "Cristo es el que quita la ira de mi alma". "Cristo es el que quita la envidia de mi alma". "Cristo es el que quita la lujuria de mi alma". "Cristo es el que quita la mentira de mi vida". "Cristo es el que me libera". Eso es lo que significa que Él es -el Cordero que quita el pecado-.

Todavía hay otra dimensión que conviene recordar aquí. Cuando nosotros decimos que Cristo es Cordero, se está haciendo referencia fundamentalmente al Cordero de la Pascua. Cuando Juan Bautista hablaba, pues este lenguaje era obvio para sus oyentes. Y ese lenguaje obvio era, a ver, Cristo es el que, el que triunfa, pero triunfa a través del sacrificio. Y por eso cuando nosotros hablamos de Cordero, tenemos que pensar en cordero sacrificado, que es ciertamente lo que nos enseña de muchas maneras todo un libro de la Biblia, el libro del Apocalipsis.

Continuamente el libro del Apocalipsis nos está hablando de Cristo como el Cordero degollado. Entonces, fíjate esto el poder del sacrificio de Cristo, el poder de la sangre de Cristo es capaz de liberar mi vida, es capaz de rescatar mi vida; de la esclavitud, de la tiranía, de la opresión del pecado. Cristo es capaz de hacer eso, y Cristo quiere hacer eso, y lo hace con el poder de su Santísima Sangre. Como todavía estamos en los primeros días del año, creo que muchos estaremos recordando algunos de esos propósitos que seguramente uno tiende a hacerse cuando llega el año nuevo.

Pues la propuesta es que esos propósitos no se queden únicamente en la fuerza de tu voluntad. Apóyate en la fuerza de la voluntad salvífica de Dios, que no es una quimera, que no es una fábula, que no es un sueño, sino que es tan concreta como la sangre que circula por tus venas, sangre que circuló por las venas de Cristo y que se derramó en la cruz. Sangre que palpitó en el corazón del Señor y que se ha derramado para que nosotros tengamos vida y tengamos vida en abundancia. La Gloria y la alabanza para el Señor. Él es el que trae la libertad. Él es el Cordero, el Cordero que quita el pecado.

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