
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Recibimos cuando descubrimos la elección de Dios, damos cuando descubrimos la misión que Él nos encomienda.
Homilía ao02011a, predicada en 20200119, con 4 min. y 15 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Las lecturas de este domingo podemos decir que son un eco de las lecturas del bautismo del Señor que tuvimos el domingo anterior. Ya estamos de lleno en el tiempo ordinario y siempre conviene recordar que tiempo ordinario se llama así porque lleva un orden. No es el sentido de ordinario, como cuando nos referimos a algo de baja calidad o de menor calidad. Es ordinario porque lleva un ordo, lleva un orden y el orden que llevamos para los domingos es la secuencia de un evangelio en cada año. Para este año que se llama Ciclo A, vamos a tener a San Mateo, pero precisamente este domingo de hoy es una excepción, porque el texto fue tomado de San Juan, pero para los demás domingos vamos a tener a San Mateo. Los domingos del año entrante serán de San Marcos y los domingos del año siguiente serán de San Lucas. Mientras tanto, para los días entre semana, para los Evangelios, empezamos con Marcos extensamente, luego Mateo y luego Lucas. Llevamos un orden. Por eso se llama tiempo ordinario. Pero volvamos al principio. Estas lecturas son como una prolongación. Son como un eco del domingo pasado, es decir, el domingo del bautismo del Señor. Como que la grandeza de la manifestación de Dios en el bautismo de Cristo no cabe en un solo domingo, por así decirlo. Detengámonos un momento en la primera lectura tomada del capítulo número cuarenta y nueve del profeta Isaías. En esa lectura se muestra como la unción del siervo de Dios que finalmente es Cristo. Esa unción, esa misión que recibe el siervo no se queda únicamente en un pueblo, sino que está llamado, está llamada, esa unción, esa misión a extenderse a todas las naciones. Este texto es muy importante por varias razones. Una de ellas es porque nos muestra algo muy general y muy profundo de la obra de Dios en nosotros. Lo que Dios me ha dado no es para que se quede en mí. Lo que Dios te ha dado es para que puedas compartirlo con otros. Cuando Dios te elige, te da. Cuando Dios te envía, te invita a dar. Podemos decir que nuestra fé es como el corazón que tiene que recibir, por supuesto la sangre, pero tiene que enviarla a todo el cuerpo. Recibimos cuando descubrimos la elección de Dios, damos cuando descubrimos la misión que Él nos encomienda. Elección y misión son inseparables. Recibir y dar. Formarnos y evangelizar. Discípulos que reciben y aprenden. Misioneros que dan y comparten. Esa es la vida cristiana. Y el primero que nos muestra ese camino es el mismo Cristo. De nuevo, feliz domingo y muchas bendiciones en la semana que comienza.

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