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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué dice la Escritura que Juan bautizaba "al otro lado del Jordán"? La respuesta puede enseñarnos muchas cosas sobre la historia del pueblo elegido y sobre la misión de Juan.

Homilía ao02010a, predicada en 20170115, con 12 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Las lecturas de la Biblia nos presentan hechos, ideas, recuerdos, preceptos. Pero hay algo que está por todas partes, pequeños detalles. Y en esos detalles a menudo el Señor nos habla. Por ejemplo, en el evangelio de hoy, un detalle muy pequeñito es donde estaba bautizando Juan. Seguramente recordamos que él bautizaba en el río Jordán, el río más importante de esa región. Un río que corre de norte a sur, que se alimenta sobre todo de las aguas del lago de Galilea y que termina en el mar llamado muerto.

¿Por qué Juan está al otro lado del Jordán? Si miramos un mapa de la Tierra Santa, decir al otro lado del Jordán quiere decir a la derecha del Jordán. Esa región también se llamaba Transjordania. La región que queda del mismo lado del Jordán se llama Cisjordania. Y ¿Por qué Juan estaba en ese lugar específico?, ¿Por qué no bautizaba, por ejemplo, en el Mar de Galilea? ¿Por qué tenía que ser en ese río, habiendo otras corrientes de agua que quizás eran más accesibles?

Sobre todo hay un detalle que si él estaba al otro lado del Jordán. Para muchos de los destinatarios de su predicación. Resultaba extremadamente incómodo llegar allá porque había que atravesar el río. La gente vivía a la izquierda del río y Juan se hace a la derecha del río. Es una cosa como extraña, por decir lo menos. ¿Por qué él está ahí?, ¿Por qué está en ese río? Y ¿Por qué pone a la gente en esa incomodidad? Todo tiene que ver con la misión de este gran profeta. Sucede que cuando el pueblo hebreo salió de Egipto, cuando ellos iban a entrar en la Tierra Prometida, ellos no entraron por el sur, donde había numerosas tribus hostiles, sino que hicieron su entrada precisamente por el Jordán.

El relato que tiene el libro del profeta Josué es que el pueblo se detuvo a las orillas del Jordán, es decir, a la derecha del río. Y entonces se repitió el milagro que había sucedido cuando salieron de Egipto. Al salir de Egipto, pues, hubo un milagro. Hubo una cosa que se presentó porque las aguas se hicieron a un lado y estos pudieron atravesar el Mar Rojo. Algo parecido sucedió aquí con el Jordán, pero ellos llegaron por el lado derecho y atravesaron el Jordán de derecha a izquierda, y así entraron en la tierra prometida.

O sea que el lugar donde Juan el Bautista se sitúa es el lugar por donde históricamente entró el pueblo de Dios, el lugar a donde Josué, que era el líder en la época de esa llegada a la tierra prometida, el lugar donde Josué se detuvo con todas las tribus de Israel detrás de sí. Y entonces les hizo un examen. Y esa es la parte que está siendo recordada por el lugar que Juan Bautista escoge, porque el examen que les hizo Josué en ese momento fue: ¿Ustedes a quién van a servir? Porque esa era la puerta de entrada a la Tierra Prometida.

Pero la Tierra prometida no era tierra desocupada, era una tierra donde vivían numerosas tribus idólatras. Ahí estaban los jebuseos, ahí estaban los hititas, los jebuseos, ahí estaban los que de un modo genérico conocemos como los filisteos. Los filisteos es el nombre genérico de todos los que habitaban esa región en ese tiempo. Y entonces Josué, antes de atravesar el río que repito, lo atraviesa de derecha a izquierda. Antes de atravesar el río, Josué les pregunta Bueno; ¿Ustedes a quién van a tener por Dios?, ¿Van a ser fieles al Dios que nos sacó de Egipto, el Dios que venció al Faraón, el Dios de la Alianza en el Horeb, el Dios que es capaz de hacer caer pan del cielo, el Dios que es capaz de sacar agua de la roca?; ¿Van a ser fieles a ese Dios, el que nos ha traído aquí, ó, en cambio, van a pasarse al culto de los dioses que los filisteos adoran?

El nombre genérico que tienen esos dioses es Baal, los baales. Entonces la pregunta que les hace Josué en la orilla derecha del Jordán, mirando de frente la pregunta que les hace es ¿Van a seguir con Yahvé o se van a pasar a Baal? Esa pregunta se las hace en ese punto a orillas del Jordán. Entonces el pueblo responde unánimemente "Vamos a servir a Yahvé, vamos a ser fieles a Yahvé". Josué no parece muy convencido y el pasaje del libro de Josué termina con una recriminación por adelantado. -Josué les dice Mire- "Quedan el cielo y la tierra, y quedan estas piedras como testigos de lo que ustedes han dicho, porque ustedes han jurado fidelidad a Dios delante de estas piedras, han jurado fidelidad a Dios". Y es ahí donde sucede el milagro. Y ellos pueden atravesar el Jordán y entran en la tierra prometida.

De modo que Dios sí hizo el milagro, pero la gente no cumplió lo que prometió. La gente llegó a la tierra prometida y en general, tanto el pueblo como sus dirigentes fueron notoriamente infieles a lo que Dios les había demandado, lo que Dios les había pedido. O sea que ese lugar donde Josué reconvino al pueblo y le puso esa disyuntiva. Ese es básicamente el lugar que Juan el Bautista busca. Ese es el lugar donde Juan el Bautista interroga a la gente y eso también explica el sentido tan profundo que tenía el bautismo. Porque si tomamos en cuenta la manera como los hebreos entraron a la tierra prometida, podemos decir que lo que hizo Dios fue salvarlos de ahogarse, salvarlos, de naufragar, de hundirse.

Y resulta que ¿Qué es el bautismo de Juan?, ¿Cómo es el bautismo de Juan? Es hundirse, Se hundían en el agua, De hecho así también se realizó el bautismo cristiano de modo ordinario en los primeros siglos. Bautismo por inmersión. ¿Y qué significa entonces cuando en época de Juan el Bautista la gente iba a ese lugar, que por eso era al otro lado del Jordán; por qué iban allá? Pues porque ese fue el lugar donde le habían prometido fidelidad a Dios y habían llegado a ese lugar y se sumergían en esas aguas, como diciendo -he pecado-. No lo decían solo con su boca, el gesto de su cuerpo al hundirse en las aguas lo que estaba diciendo era eso -Soy un pecador, soy un pecador le he fallado a Dios, muerte es lo que yo merezco- Eso es lo que significa bautizarse de manos de Juan en ese lugar del Jordán.

Y es muy hermoso ver que ese lugar, el lugar donde se prometió y no se cumplió a través del ministerio de Juan Bautista, se convierte en el lugar en donde viene el arrepentimiento, en donde viene la humildad y el lugar donde viene el arrepentimiento y donde viene la humildad, es el lugar donde viene el beso de Dios a través de esa paloma que se posa sobre Cristo y luego, gracias a la Pasión de Cristo y a su intercesión, ese mismo beso de amor que es el Espíritu Santo, llegará a todos nosotros. Esa es la pequeña importancia que tiene ese lugar al otro lado del Jordán

¿Y cómo aplicamos esto a nuestras vidas? Pues hay que aplicarlo cada uno preguntándose cómo está viviendo sus compromisos bautismales. Este servidor que les habla, por ejemplo, fue bautizado aquí en Bogotá. Yo fui bautizado el 13 de junio de 1965 en la Iglesia de los Dominicos, Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá ahí en Chapinero. De manera que en ese lugar por ejemplo; pero en realidad en cualquier templo yo puedo recordar mi condición de bautizado y me puedo preguntar entonces ¿Cómo estoy viviendo mi vida de bautizado? Porque lo que hizo Juan fue llevar a la gente al mismo sitio donde prometieron y no cumplieron para invitarlos al arrepentimiento y para atraer así la misericordia divina.

Entonces, esa es una aplicación o uno puede pensar, por ejemplo, en la ordenación diaconal o sacerdotal. Si Dios me lo concede, este año voy a cumplir veinticinco de sacerdocio. Otros hermanos míos, como el padre José Gabriel, ya han pasado por esa fecha. Bueno, yo fui ordenado en esta iglesia. De manera que si retrocedemos veinticinco años en el tiempo, estaba un joven ahí postrado en tierra, diciendo Aquí estoy para ser sacerdote, para servirte con unos compromisos. Pero cuando yo examino mi vida veo que en muchas cosas me he quedado corto y mal. Entonces, este templo para mí es un recordatorio de lo que yo le he prometido a Dios y que creo que no he cumplido del modo perfecto que Dios quiere que se cumpla.

Eso es importante. Y qué bonito, Por ejemplo, para las parejas también hacer esta clase de ejercicios, ir al lugar donde se casaron, ir al lugar donde se declararon su amor. Y qué bueno pensar ¿Qué hemos hecho del amor que en el fondo Dios nos regaló? Ese es, esa es la actitud de Juan el Bautista. Volvamos a nuestras fuentes. Caminemos en la humildad, avancemos en el arrepentimiento y recibamos el beso del amor perdonador de Dios. El amor misericordioso que hace de nosotros criaturas nuevas. Así sea.

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