Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu Santo me lleva a arrepentirme vivamente del pecado y al mismo tiempo a confiar en que Dios por su misericordia puede perdonarme y transformar mi vida.

Homilía ao02009a, predicada en 20170115, con 5 min. y 50 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el segundo domingo del tiempo ordinario. El primer domingo del tiempo ordinario corresponde a la fiesta del bautismo del Señor. Y podemos decir que en este segundo domingo, aunque ya ha terminado el tiempo litúrgico de Navidad, todavía hay un eco de esa fiesta que tuvimos la semana pasada, la fiesta del bautismo del Señor. De hecho, el Evangelio está tomado el día de hoy de San Juan en el capítulo primero, y es como una prolongación del relato del bautismo.

Podemos decir que lo que escuchamos hoy es la versión de Juan el Bautista. El domingo pasado teníamos el relato de San Mateo en el capítulo tercero. y hay una especie de curiosidad o coincidencia que me parece digna de ser destacada, sabiendo que no es una coincidencia, porque es el Espíritu Santo el que ha inspirado la Escritura. Si ustedes recuerdan en el relato de San Mateo, lo que se nos dice es que Cristo vio los cielos abiertos y Cristo vio al Espíritu Santo en forma de paloma, es Cristo quien ve al Espíritu.

En el relato de hoy, que repito, es como una prolongación o eco de la celebración de la semana pasada. Juan dice ?Yo vi bajar al Espíritu como una paloma sobre Él?. Esto era muy importante para la misión del Bautista, porque Juan era consciente de que se necesitaba que el pueblo de Dios fuera bautizado con el poder del Espíritu Santo. Esto era necesario, pero Juan también era consciente de que el que iba a bautizar con Espíritu Santo no era el mismo Juan, sino que Juan solamente era el precursor de ese que podría bautizar con espíritu.

Esto quiere decir que Juan requería de una señal para saber quién era el Mesías, y la señal precisamente es la que se nos cuenta en el Evangelio de hoy. Dios le había revelado ?Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, ese es el que bautiza con Espíritu?. Una pregunta diferente es ¿Por qué tenemos que ser bautizados con Espíritu Santo? La respuesta corta es porque solo el Espíritu nos concede desear en la línea de los deseos de Dios. Mientras que la ley, por ejemplo, la ley de Moisés, nos cuenta sobre lo bueno y sobre lo malo, pero no nos da la fuerza interior para realizarlo.

La unción, el baño del Espíritu de tal manera nos transforma que llegamos a ser capaces de desear en la misma línea de lo que Dios desea. Amar lo que Dios ama, y eso es lo que nos hace criaturas nuevas. Por eso necesitamos ser bautizados con el Espíritu Santo. Pero a lo que yo voy es a que en Mateo capítulo tres, es Cristo el que ve al Espíritu. Y en el Evangelio de Juan capítulo primero es el Bautista el que ve al Espíritu. Esto llama la atención porque la relación que hay entre Juan y Jesucristo es una relación como la que hay entre el arrepentimiento por el pecado y la misericordia, que es capaz de perdonar el pecado y transformar al pecador. Entonces Juan es el arrepentimiento, y Cristo es la misericordia perdonadora y transformante.

Arrepentimiento y misericordia. Y nos damos cuenta que tanto Juan como Cristo, según los distintos relatos de los Evangelios, vieron al Espíritu. O sea que el Espíritu Santo se deja ver allí donde hay sincero arrepentimiento. Y el Espíritu Santo se deja ver ahí donde hay verdadera misericordia. Ya sabemos que la verdadera misericordia es la que transforma el Espíritu Santo que lleva al arrepentimiento. Y el Espíritu Santo que lleva a arrojarnos, que nos lleva a arrojarnos en los brazos de la misericordia. O sea que podemos hacer una pequeña descripción de la teología del Espíritu Santo, de la obra del Espíritu Santo. La pneumatología aparece aquí.

El Espíritu Santo primero nos conduce por el arrepentimiento y luego el Espíritu Santo nos lleva por la senda de la confianza en la misericordia. Arrepentirse vivamente del pecado y al mismo tiempo confiar completamente en que Dios todo lo puede perdonar y en que Dios puede transformar mi vida. Esa es la obra del Espíritu. Y qué mensaje más hermoso para seguir avanzando en nuestro año litúrgico, descubriendo siempre esas dos dimensiones: arrepentimiento y confianza. Juan Bautista y Jesucristo el Señor.

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