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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juan el Bautista nos invita a mirar a Cristo y a descubrir en Él al Cordero que limpia el corazón y quita el pecado del mundo: todo un programa de vida que va en consonancia con la proclamación de Isaías, allí donde dijo que el Siervo de Dios es luz para las naciones.
Homilía ao02005a, predicada en 20110116, con 4 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Recién hemos empezado el que llamamos tiempo ordinario. El tiempo ordinario o tiempo durante el año es aquella parte del año litúrgico en que recorremos la vida de Jesucristo. Es que sucede que litúrgicamente tenemos tiempos fuertes que son Adviento y Navidad; por una parte. Cuaresma y Pascua, por otra parte. Observemos que Adviento y Navidad se fijan en el comienzo, en la llegada de Cristo. El misterio de su encarnación y su nacimiento. Observemos que Cuaresma y Pascua miran el otro extremo, el final de la vida de Cristo. Es decir, fundamentalmente su dolorosa pasión, su gloriosa resurrección. Pero; ¿Y qué pasa con el resto de la vida del Señor? Pues eso es lo que examinamos de un modo ordenado durante el llamado tiempo ordinario, porque ordinario ahí no significa de mala calidad, sino el tiempo que sigue un orden. Y ese orden consiste para los domingos en tomar un determinado evangelio y seguirlo paso a paso. El evangelio que corresponde en el ciclo A es el Evangelio según San Mateo. Pero curiosamente, para este domingo que estamos celebrando, no se toma a San Mateo, sino se toma a San Juan. Y la razón es, que como el domingo pasado estábamos con el bautismo del Señor, este segundo domingo del tiempo ordinario viene a ser como una prolongación. Viene a ser como un eco de esa fiesta del bautismo. Y eso es lo que encontramos efectivamente en el texto tomado del capítulo primero del Evangelio según San Juan. Este Juan es el evangelista, por supuesto, pero en el pasaje de hoy aparece el otro Juan. Juan el Bautista; y el Bautista en el pasaje de hoy señala a Jesucristo, señala a Cristo como la razón de su propia vida. Señala a Jesucristo como Salvador, como Cordero que quita el pecado. Señala a Jesucristo como objeto de nuestra fé, de nuestra esperanza, de nuestro amor, de nuestro seguimiento. Es decir, lo que tenemos hoy es una maravillosa invitación, una cordial y profunda invitación para mirar hacia Cristo, para buscar a Cristo y para quedarnos con Cristo. La primera lectura, por su parte, está tomada del profeta Isaías y es una sección de uno de los famosos cánticos del siervo. Es que en Isaías hay cuatro pasajes, todos bellos y todos misteriosos, que nos invitan a contemplar una figura, una figura que apenas queda dibujada y es la figura del siervo de Dios. El segundo de esos cánticos es el capítulo cuarenta y nueve, y en él encontramos a Isaías, que describe a este personaje, al siervo de Dios, como luz para las naciones. También esto indudablemente es una invitación para mirar a Cristo. Ese va a ser tu programa, ese va a ser mi programa, no solo para este domingo, sino para la vida. Buscar a Cristo, celebrar a Cristo, mirar hacia Cristo. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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