Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Como María en la Anunciación, Dios nos llama un ?sí? movidos por Su gracia. Así, acontece en nosotros una nueva Encarnación donde Cristo reina en y transforma nuestra vida desde dentro.

Homilía anun028a, predicada en 20260325, con 4 min. y 48 seg.

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Transcripción:

El 25 de marzo, mis hermanos, celebramos la Solemnidad de la Anunciación a María Santísima y la Encarnación del Hijo de Dios. Anunciación a María y Encarnación del Hijo de Dios. Ese es el nombre completo de esta solemnidad. Y ese solo nombre, ya trae un mensaje que es muy bonito, la Anunciación a María es lo que ella recibe y la Encarnación del Hijo de Dios es lo que Dios hace. Como comenta bellísimamente Santa Catalina de Siena, Dios no entró a la vida, al cuerpo, a la mente, al corazón de la Virgen María, no entró sin el consentimiento de ella. Dice Catalina: Dios tocó a la puerta de la voluntad de María. Esa es la Anunciación, el tocar a la puerta. Y cuando ella abre, cuando ella dice: «Hágase en mí según tu Palabra», o como lo recordamos en el texto original en griego «Genoito moi kata to rhematasou». Cuando ella da ese asentimiento, cuando ella acepta lo que le ha sido anunciado, entonces acontece la Encarnación, acontece ese milagro que decreta nuestra salvación. Porque la llegada de Cristo Jesús al vientre de María, es también la entrada definitiva de Dios a la historia humana para salvación de todos, salvación de María, salvación de quienes estaban esperando la llegada del Mesías, es decir, el pueblo judío, y salvación de toda la humanidad, a través de la predicación de los apóstoles y de la Iglesia.

Pero volvamos a esta enseñanza que nos da Santa Catalina, Dios toca a la puerta, María acepta, la Encarnación sucede. Esto nos está enseñando lo que también Dios hace con nosotros, también a tu corazón, Dios toca a la puerta y tú puedes decir: sí. Y entonces, acontece algo parecido a la encarnación. ¿En qué sentido? En el sentido de que el sí de la fe nos permite unirnos a Cristo y que Cristo se una a nosotros. Y cuando Cristo se une a nosotros, cuando Cristo llega a nosotros, entonces empieza a hacer realidad lo que San Pablo decía en la carta a los Filipenses: «Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo». ¿Te das cuenta el parecido que hay con la Encarnación? Cuando tú aceptas a Jesucristo, tú empiezas a tener en tu corazón, en tu mente, los sentimientos, los pensamientos de Jesucristo.

Pero hay más todavía, date cuenta que el mismo Pablo, que en la carta a los Filipenses dijo lo de los sentimientos de Cristo, él mismo experimentó: «Ya no vivo yo, ahora es Cristo quien vive en mí». Esa es como la encarnación, es decir, que Cristo reine, que Cristo sea Señor de mi vida en todas las áreas de mi vida, que Cristo triunfe en todas las áreas de mi vida. Ese es el equivalente de la encarnación. Y por eso nosotros, siguiendo las huellas de María, hemos recibido como la Anunciación, cuando nos han evangelizado y podemos dar el sí movidos por la gracia. Y entonces Cristo empieza a reinar en nosotros de manera que tengamos los mismos sentimientos de Él y Él llegue el momento en el que sea Señor de toda nuestra existencia, y podamos decir con San Pablo: «Ya no vivo yo, es Él el que vive en mí». Ha sucedido como una nueva encarnación en cada cristiano, que estos hermosos pensamientos, tan dignos de la gloria de Dios y tan apropiados para la Cuaresma y la Pascua, llenen tu corazón en este día. Amén.

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