|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La manera de ser ¨madre¨ de Cristo es por el permiso que le damos a Jesús que se encarne en nosotros al ser obedientes al Evangelio, prolongando el Misterio de la Anunciación.
Homilía anun026a, predicada en 20230325, con 8 min. y 13 seg. 
Transcripción:
El 25 de marzo, nuestra Iglesia Católica celebra el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Y tal vez, una pregunta que pocas veces nos hemos hecho es cómo podemos conectar este misterio con nuestra propia vida. En qué sentido, es evidente que lo que sucedió en aquella ocasión, cuando el arcángel Gabriel se manifiesta a la Virgen, pues es algo único, porque el Hijo de Dios se encarnó una sola vez en nuestra raza y no hay otra, no hay otra Madre para Él que la Santa Virgen María. Pero hay una palabra que dice el mismo Cristo en otro Evangelio, y esa palabra yo creo que nos invita a pensar, una vez fueron la Virgen y algunos parientes de Cristo, y entonces le dijeron al Señor: «Aquí están tu madre y tus hermanos». Y Cristo dijo: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Todo el que escucha la Palabra de Dios y la cumple es mi madre y es mi hermano y es mi hermana».
O sea que, por una parte, una sola es la Madre de Cristo, la Virgen María, por una parte. Pero, por otra parte, el mismo Cristo dijo: «Todo aquel que cumple la voluntad de mi Padre es mi hermano, y mi hermana y mi madre». Y más de un predicador, incluyendo aquellos grandes doctores de la Iglesia de los primeros siglos, los padres de la Iglesia, más de un predicador ha destacado ese aspecto que nosotros también estamos llamados a ser madre de Cristo. ¿Cómo va a ser eso? Sobre todo, nosotros los varones nos preguntamos: -Bueno, pero cómo va a ser eso que yo voy a ser Madre de Cristo. Un poquito de paciencia, nos estamos apoyando en la Palabra del Señor y la palabra del Señor fue: «Todo aquel que cumple la voluntad de mi Padre, es mi hermano, es mi hermana y es mi madre». Eso lo dijo Cristo, no lo digo yo.
Entonces, sí estamos llamados a ser madre de Cristo, y si estamos llamados a ser Madre de Cristo, de alguna manera estamos llamados también a vivir este misterio de la Anunciación. El misterio de la Anunciación es único en María, pero estamos llamados a vivir el misterio de la Anunciación nosotros, cada uno de nosotros, está llamado a vivir este misterio, porque si no lo vivimos, cómo llegaremos a ser madre de Cristo, según las palabras del mismo Cristo. No sé si se entiende, estamos llamados a ser madre de Cristo. ¿Cómo llegaremos a ser madre de Cristo si no participamos de alguna manera del misterio de la Anunciación? Por eso dije al principio, el misterio de la Anunciación es en primer lugar, pues de ella, de María, pero es también misterio nuestro.
Bueno, entonces se han preguntado los padres de la Iglesia, cómo podemos ser madre de Cristo. Y la respuesta está en que nosotros estamos llamados a dar a luz a Cristo, estamos llamados a engendrar, a concebir a Cristo para poder dar a luz a Cristo. Y ¿qué significa engendrar a Cristo en nuestras vidas? Pues, en el caso de la Virgen fue que ella vivió en la fe la obediencia al Evangelio. Pero además, que de sus purísimas entrañas, pues se formó el cuerpo de Cristo, según enseña nuestra fe. Pero en el caso nuestro no se trata, evidentemente, de que de nuestras entrañas se forme Cristo, sino se trata de que Cristo se forme en nosotros, como lo han dicho varios santos y doctores de la Iglesia, se trata de darle a Cristo una nueva humanidad en donde encarnarse. Y ¿cuál será?, por ejemplo, en el caso mío, ¿cuál será esa humanidad que yo le puedo dar a Cristo para que Cristo se encarne? Pues mi humanidad. Es decir, que viviendo el misterio de Cristo, o como gustaba de decir el Padre Olier: «Viviendo los misterios de Cristo en nosotros, le damos a Cristo una humanidad suplementaria».
De manera que, cuando mi carne es obediente al Evangelio, cuando mi carne sigue el camino de Cristo, cuando mi carne es obediente al Padre, le estoy dando al Padre una humanidad suplementaria, una nueva humanidad, en este caso mi propia vida, para que Cristo realice sus misterios en mí. Y de esa manera se realiza una especie de nueva encarnación. Esta idea, que al principio le parece a uno un poco extraño, un poco extraña, no es tan extraña. Nada más piensa esto, en el capítulo 12 de la Carta a los Romanos, dice el apóstol San Pablo que ofrezcamos a Dios nuestros cuerpos. Ese es, de hecho, el resumen del sacerdocio bautismal que todos tenemos, ofrecer a Dios nuestro cuerpo. Y dice el apóstol San Pablo, capítulo 12 de la Carta a los Romanos: «Ese es vuestro culto según el Logos», es el culto logos, el culto según el Logos. Algunas Biblias traducen: ese es vuestro culto razonable. La palabra razonable se queda corta ahí, realmente lo que dice Pablo es el culto, la liturgia, el ejercicio del sacerdocio según el Logos.
Y ¿cómo se realiza? Que nuestros cuerpos sean una ofrenda permanente a Dios, que nosotros seamos ofrenda a Dios, de tal manera que en cada uno de nosotros se realice una especie de nueva encarnación. Pero aquí viene el punto como esa nueva encarnación no se va a realizar en mí, sin mi propio consentimiento, entonces mi consentimiento, es decir, el permiso, oye esa palabra, el permiso que yo le doy a Dios para que realice esa especie de nueva encarnación en mí, esa es mi manera de ser madre de Cristo, esa es mi manera de prolongar el misterio de la Anunciación, esa es mi manera de ser partícipe del misterio mismo de la Encarnación. Demos gracias a Dios que nos permite participar así, de la vida de María y que en nosotros se realice el misterio de la Encarnación. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|