|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidámosle a la Virgen María vivir en la sencillez de lo cotidiano y en la grandeza del amor de Dios.
Homilía anun025a, predicada en 20220325, con 5 min. y 26 seg. 
Transcripción:
El 25 de marzo nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación a María Santísima, la Encarnación del Hijo de Dios. Eso es el 25 de marzo, pero desde hace unos años vengo hablando sobre una advocación de la Virgen que a mí me gustaría, por supuesto lo digo un poco así como sonriendo, ¿no?, que a mí me gustaría que se extendiera por la Iglesia, yo la llamo: Nuestra Señora del 26 de marzo, Nuestra Señora del 26 de marzo. Por supuesto, la Anunciación ya dijimos, es el 25. Pero yo quiero hablar del 26 de marzo, porque quiero hablar de lo que sucedió después de que el ángel se fue.
¿Qué puede ser tan bello en la vida de una persona como recibir una auténtica visita del cielo? Es tan grande la majestad de los ángeles que Isaías estaba en el templo cuando tuvo esa manifestación, se sintió abrumado, se sintió rebasado por la grandeza, la belleza y la santidad, y dijo: «¡Ay de mí! Soy hombre de labios impuros, habito en un pueblo de labios impuros. He visto al Señor». Quienes le hicieron ver la majestad de Dios fueron los ángeles que estaban ahí. Y en el libro del Apocalipsis se cuenta que, el que guía al vidente de nombre Juan, en el Apocalipsis, el que guía al vidente es un ángel. Y sería tal la majestad de este ángel que, hacia el final del libro se cuenta que este hombre, el vidente del Apocalipsis, llamado Juan, se lanzó, se iba a postrar delante de ese ser maravilloso, de ese ángel, y el ángel lo detuvo y le dijo: -No, tienes que adorar a Dios. Yo soy un servidor de Dios. Esto es muy bello, esto es bellísimo, esto es algo muy hermoso.
Y eso fue lo que recibió María Santísima, la visita del Ángel que además, traía como embajada las palabras de amor más dulces que puede escuchar no solo una mujer, cualquier ser humano, el nombre mismo que le da el ángel en reemplazo del nombre María, el nombre que le da el ángel Kejaritomene, es un nombre que indica la persona que ha recibido gracia, la agraciada, la favorecida, la muy amada, ¡que puede ser más bello! Todo en la Anunciación, es un derroche de amor, es una explosión de amor, es una revelación de amor, es algo extraordinario, extraordinario.
Pero aquí es donde viene el punto que yo quisiera que reflexionáramos, después del 25 viene el 26 y por eso hablo, repito con una sonrisa, de Nuestra Señora del 26 de marzo. ¿En qué sentido? En el sentido de que todo ese esplendor del ángel y todo ese momento maravilloso, aunque quedara para siempre grabado en el Corazón Inmaculado de María, todo eso habría de desvanecerse. Bueno, desvanecerse en el sentido de que no seguía, quedaba en el tesoro del corazón de María, pero no seguía. Y lo que quiero destacar con la fecha 26 de marzo, es que la vida siguió, la vida siguió para María y siguió en lo ordinario y siguió en lo común y siguió en lo cotidiano. Claro, ella llevaba en su seno al Hijo de Dios, ella llevaba en su seno al Verbo encarnado. Pero, ya sabes, estaba ahí, estaba ahí y estaba ella sola con ese misterio.
Y por eso, lo que yo quiero pedirle a María Santísima, con toda humildad y respeto, es: María, enséñanos a vivir, en la sencillez de lo cotidiano, la grandeza del amor de Dios. Hay personas que tal vez creen que Dios solo se manifiesta cuando suceden cosas espectaculares o gente que está esperando a que Dios intervenga espectacularmente en el mundo. María Santísima, María de la humildad, enséñanos a vivir en la sencillez de lo cotidiano, la grandeza del amor de Dios. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|