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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las palabras que el Ángel dijo a la Virgen María tienen un alcance tan grande como la obra misma de la redención: "Nada es imposible para Dios"

Homilía anun024a, predicada en 20210325, con 5 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Hermanos, este texto es muy conocido para nosotros, cristianos y católicos, pero siempre hay nuevas riquezas que podemos encontrar en él. Yo quisiera destacar, en esta oportunidad, esa frase que nos da tanta esperanza en estos momentos en que la necesitamos: «Para Dios nada hay imposible». Esta frase nos habla de cómo las barreras que son insalvables, que son definitivas para nosotros, no lo son para Dios. Y no estoy hablando solamente de las barreras físicas, tal vez son las menos importantes en este momento. Estoy hablando de las barreras, por ejemplo, de la incredulidad, las barreras que levanta el pecado, haciéndonos creer que ya no podemos superar una determinada situación, por ejemplo, un vicio. Las barreras culturales, por ejemplo, aquellas que nos hacen creer que ya el mundo cambió y que no tiene sentido luchar.

Cuando yo veo, por ejemplo, como lo estoy, lo estoy viendo en este momento con mis ojos, que hay jóvenes que están luchando por la dignidad de la pareja, del matrimonio y de la familia, estoy seguro que muchas personas les están diciendo a esos jóvenes: -Estás perdiendo tu tiempo, ahora ya las cosas no son así, el modelo de matrimonio que tú conociste ya se acabó, la familia tradicional ya no vale, eso de que unión solamente entre el hombre y la mujer eso ya se terminó. Muchas personas, estoy seguro de que tratan de desanimar a aquellos que están dando la pelea y tratan de presentar como imposible, imposible luchar por la causa del Evangelio. Estoy seguro que a muchas chicas, sobre todo chicas, pero también jóvenes, muchachos, se les está repitiendo continuamente: -Mira ese asunto de la pureza y de la virginidad y de la castidad, eso era para la Edad Media, cuando todo el mundo vivía asustado con el infierno. Ahora no, ahora es imposible la castidad, ahora es imposible la pureza.

Y por eso es tan importante que escuchemos, no solamente con los oídos del cuerpo, sino sobre todo con los oídos del corazón, que escuchemos lo que nos ha dicho aquí la Palabra: «Nada hay imposible para Dios». Esto vale, sobre todo, cuando en nuestra vida hemos sido engañados por el pecado, que yo creo que es una realidad que todos conocemos. Porque si alguien me dijera: -A mí el pecado nunca me ha engañado, pues lo que tendría que decirme con eso es, que si eso fuera así, quiere decir que esa persona es, qué se yo, inmaculada, habría que decir, y esos no somos nosotros. O sea que el pecado nos ha engañado. Pero, aunque hayamos sido engañados por el pecado, aunque el pecado haya mordido con sus asquerosas fauces nuestra carne y nuestro corazón, nada hay imposible para Dios. Eso significa que una nueva vida también es posible.

Y todavía quiero añadir una pequeñita reflexión, porque no se trata de hacer una homilía muy larga, quiero añadir una pequeñita reflexión. A veces lo que la gente considera como completamente imposible es el perdón y la reconciliación, especialmente en el ámbito de las familias. Hay personas que sienten que allí donde se ha roto, por ejemplo, la confianza, ya no hay nada que la pueda restaurar.

Y yo me pongo a pensar como muchas de las grandes figuras que aparecen en el Nuevo Testamento son personas que traicionaron a Dios, le dieron la espalda, incluso persiguieron a los cristianos como San Pablo. Mira, todos aquellos cristianos de primera generación, todos ellos tenían perfectamente claro que Pedro, el gran Pedro, había sido un traidor y había jurado en vano en público, había jurado en vano, tratando de salvar su propio pellejo. Los que estaban ahí, todos sabían quién era María Magdalena y cómo había estado poseída por siete demonios, y cómo era un escándalo de mujer. Los que estaban ahí sabían cómo Pablo había perseguido a muerte a los cristianos y había sido cómplice en la muerte de Esteban, y sin embargo, nada hay imposible para Dios. Y esto significa que incluso en esas circunstancias Dios tiene una palabra definitiva.

Por eso yo quiero que miremos esta, esta fiesta, esta hermosa fiesta litúrgica, que la miremos como una fuente de esperanza para nosotros y que el Señor restaure en nosotros la confianza de lo que Él puede hacer, incluso cuando tenemos la tristeza que hoy tenemos muchos, de aquellas personas que se nos han muerto, estoy hablando de la pandemia. Nada hay imposible para Dios, el reencuentro en amor con esas personas no se dará ciertamente en esta tierra, ni hay que buscarlo en esta tierra, eso sería espiritismo. Pero ese reencuentro en un abrazo que ya no terminará, ese reencuentro sí que puede darse. Y a ese reencuentro nos llama el Señor, porque nada, nada es imposible para Él. Ese mensaje quería compartirles.

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