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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos ha dado el sí otorgándonos su misericordia en su propio Hijo y nosotros siguiendo el ejemplo de María le damos el sí a Dios.
Homilía anun020a, predicada en 20190325, con 4 min. y 15 seg. 
Transcripción:
El 25 de marzo nuestra Iglesia Católica celebra la solemnidad de la Anunciación del Señor. Es decir, celebramos el sí de María, movida por la gracia de Dios. Pero ante todo, el sí de Dios, que en Cristo ha dicho sí a todas sus promesas. O sea que, esta solemnidad de la Anunciación, podemos decir que, es la fiesta litúrgica del Sí. Dios nos ha dado el sí, otorgándonos su misericordia en su propio Hijo.
Y nosotros, tras las huellas de María, siguiendo el ejemplo de María, vamos a darle el sí a Dios como ella. Vamos a responder: «Aquí está la esclava del Señor». Conviene a este respecto, recordar el profundo paralelo que hay entre el Arca de la Alianza, en el Antiguo Digo Testamento, y Nuestra Señora la Virgen María en el Nuevo Testamento. Yo quisiera que este año descubriéramos en ella la verdadera Arca de la Alianza. Vamos a ver cuál es el sentido que tienen estas palabras.
Dios celebró alianza con su pueblo y como señal de esa alianza había una caja, una caja de madera muy fina recubierta de oro. Esa caja contenía ¿qué?, contenía las tablas de la ley que Dios le había dado a Moisés, en algún momento contuvo también el maná del cielo, y contuvo también aquella vara que floreció para Aarón, señalando al verdadero sacerdote. Si nosotros miramos estos tres elementos, que en algún momento estuvieron en el Arca de la Alianza, describen perfectamente a Jesucristo. En Cristo tenemos la Nueva Alianza, en él se sella la Nueva Alianza, y los términos de esa alianza están precisamente en el corazón de Cristo, en la carne de Cristo, extendida sobre la cruz.
Decía el profeta Ezequiel que Dios iba a quitar de nosotros el corazón de piedra y nos iba a dar un corazón de carne. Las tablas de Moisés eran piedra, la carne de Cristo es como nuestra carne. Entonces, date cuenta cómo nosotros encontramos en Cristo la nueva ley. Él dijo: «Yo no he venido a destruir, a abolir la ley. Yo he venido a darle plenitud». En el Arca de la Alianza estaba el maná, el pan que Dios había dado a su pueblo, pan del cielo. Pero, el verdadero pan del cielo es el que encontramos en la nueva Arca, es decir, en María Santísima, es en ella donde encontramos el verdadero pan, porque Él dice: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo».
Aquella vara de Aarón recordaba quién, señalaba quién es el verdadero sacerdote. Pues bien, si el verdadero sacerdote en el Antiguo Testamento era Aarón, para nosotros, el Nuevo Eterno Sumo Sacerdote es Jesucristo, y es Él, el que está dentro de la nueva arca, es Él el que está señalando la verdadera presencia, la verdadera y eterna alianza, como Él mismo dijo. Saludemos entonces con gratitud al Arca de la Nueva Alianza y demos gracias al Señor, porque nos ha hecho partícipes de esa alianza en la sangre preciosa de su Hijo. A Él la gloria y la alabanza por los siglos. Amén.

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