Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Demos gracias a Dios por nuestra Iglesia y encomendemos a María Santísima nuestra vida cristiana.

Homilía anun019a, predicada en 20180409, con 6 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Celebramos el día de hoy la solemnidad de la Anunciación del Señor. La fecha usual de esta gran solemnidad es el día 25 de marzo, pero nuestra Iglesia Católica tiene un criterio muy especial cuando se trata de ciertas fiestas. La idea es que en ningún año y por ninguna circunstancia nos quedemos sin un alimento espiritual por recibir otro alimento espiritual. En concreto, las celebraciones litúrgicas de más alto rango, las más importantes y las que tienen, en cierto sentido un mayor contenido, una mayor enseñanza, son llamadas solemnidades litúrgicas. Esa es como la cúspide dentro de la liturgia católica, las solemnidades. Las celebraciones más altas, las de más alto rango, se llaman así, solemnidades. Debajo de ellas hay otras celebraciones también importantes, pero podríamos decir de un rango un poco menor, ahí encontramos, por ejemplo, las fiestas. Solemnidades son la cúspide, luego vienen las fiestas, y luego vienen las llamadas memorias, de las cuales algunas son tan importantes que se celebran en toda la Iglesia universal y son conocidas como memorias obligatorias.

Es decir, nuestra Madre Iglesia quiere que nunca dejemos de celebrarlas, pero el rango de estas memorias obligatorias es menor en comparación con las fiestas y en comparación, sobre todo con las más altas celebraciones que, repito, son las solemnidades. Dentro de las memorias, además de las que son obligatorias, hay otras que son todavía de menor importancia porque quizás pertenecen demasiado a un lugar, a una determinada tradición o a una familia religiosa, esas se llaman memorias libres. Se forma así una especie de pirámide, vamos a llamarla, que nos educa, lo más importante de nuestra fe, lo vamos a encontrar en las solemnidades, debajo de ellas, las fiestas, debajo de las fiestas, las memorias obligatorias, y después las memorias libres.

Bueno. Y ¿hay algo debajo de las memorias libres? Claro. Cada día, cada día, tiene siempre una mirada hacia el misterio de Cristo, pero esos días que no tienen asignada ninguna celebración especial son conocidos en la liturgia, como ferias. Literalmente, lo que quiere decir es un día que está libre para la contemplación del misterio de Cristo y que no tiene asignada ninguna otra celebración especial. Así que el cuadro completo es solemnidades, fiestas, memorias obligatorias, memorias libres y ferias.

Puesto que las solemnidades son las más importantes de todas, la Iglesia tiene que resolver un problema, y es que a veces puede coincidir que dos solemnidades queden el mismo día. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la Semana Santa y con la octava de Pascua, que acabamos de terminar, todo lo que tiene que ver con celebraciones tiene, por supuesto, el rango de solemnidad. De hecho, a la Pascua se le llama solemnidad de solemnidades, la más importante entre todas.

Y resulta que este año 2018 la solemnidad de la Anunciación coincidió con el Domingo de Ramos, que abre toda la Semana Santa. ¿Qué hace la Iglesia cuando se da esa coincidencia? Una solución sería, bueno, entonces no celebremos el Domingo de Ramos. Pero eso no es correcto, es demasiado importante el Domingo de Ramos. Entonces, este año no celebremos la Anunciación, tampoco es correcto. Esa es la razón por la que existe una norma litúrgica muy sabia que dice que cuando coinciden dos solemnidades, la de menor importancia se pospone. Y eso es lo que ha sucedido este año. Todo este tiempo de Semana Santa y de la octava de Pascua es inmensamente importante, eso no se puede tocar. Pero apenas ha terminado la octava de Pascua, lo cual sucedió el día de ayer, entonces queda este día para celebrar, para no dejar de celebrar la solemnidad de la Anunciación del Señor.

Creo que es una lección preciosa, que nos muestra la pedagogía de la Iglesia y la manera como quiere que no dejemos de atender los misterios. Es grandísimo, es lo máximo que tenemos la celebración de la Pascua del Señor, pero ni siquiera esa celebración nos debe privar este año, del gozo de contemplar la pureza, la libertad, la docilidad, la obediencia, el amor de María Santísima cuando acoge el anuncio de la Anunciación del Señor. Demos gracias a Dios por nuestra Iglesia y encomendemos a María Santísima, nuestra vida cristiana.

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