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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La gracia no es una cosa sino un modo de describir una relación.
Homilía anun015a, predicada en 20140325, con 9 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, en primer lugar, doy gracias a Dios que me permite estar en este sitio. Doy gracias a mis hermanos dominicos aquí presentes, que me han recibido con fraternidad y a las monjas de este monasterio que significa tanto para la familia dominicana en Corea. No olvidemos que este monasterio lleva el nombre de la Madre de Dios. Y hoy, precisamente, nos reunimos como familia dominicana, cuando María se convierte en Madre de Dios.
Seguramente todos hemos visto y admirado el vitral que recuerda la fiesta de hoy. Y qué hermoso es reunirnos como familia dominicana para escuchar la Palabra de Dios. Escuchando la Palabra de Dios y llevándola a nuestro corazón, estamos haciendo algo parecido a lo que hizo María. Jesús quiere llegar a nuestra vida, a nuestra carne. Y como creció en el vientre de María, quiere también crecer en nuestra vida. Estos días he podido recorrer la tierra del santuario de Perón, cuánto dolor, pero también cuánto amor en esos mártires. Gracias a Dios y gracias a ellos existe la fe cristiana en este país. Pero Jesús quiere crecer en Corea y así va a suceder gracias a personas como ustedes. Acerquémonos juntos a la Palabra de Dios y tomemos algunas enseñanzas para que Jesús crezca en nosotros y para que la luz de la antorcha de Santo Domingo brille con mayor claridad.
El saludo que el ángel dice a María, es el saludo común en la lengua griega de aquel tiempo, el ángel le dice: «Alégrate». Es interesante comparar las palabras de saludo en distintos países. Los hebreos saludan diciendo Shalom, es un deseo de paz. Los romanos saludaban diciendo Salve, esa palabra es un deseo de salud. Los griegos saludaban diciendo Xaire, es un deseo de alegría. En Corea se saluda diciendo annyeong, un deseo de paz y de bien para la otra persona. Podemos decir que las palabras del ángel son una evangelización, es un mensaje de alegría.
Tengamos esto presente, porque el Papa Francisco ha escrito un documento, y esta exhortación del Papa se llama, el Evangelio de la alegría. Nuestra evangelización debe estar marcada por esa alegría, en medio de tantas incertidumbres, tenemos un motivo para sonreír. Nosotros, los cristianos, tenemos una buena razón para estar alegres. Como dice el apóstol San Juan: «Hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él». Necesitas una razón mejor para estar alegre, el ángel llama a María, llena de gracia. Esta es una palabra muy propia de nuestra espiritualidad dominicana. Domingo es conocido por su rostro alegre y sereno, y Dios le dijo a Santa Catalina de Siena lo siguiente: «La Orden de Santo Domingo es amplia, perfumada y alegre». A Santo Domingo se le llama el predicador de la gracia. Es importante entender bien esta palabra, la gracia no es una cosa, más bien es una manera de describir una relación. El ángel le dice a María: «Has hallado gracia ante Dios».
Con la palabra gracia sucede lo mismo que con la palabra amistad. Nosotros no diríamos que una persona tiene mucha amistad, porque la amistad solo existe entre personas, la amistad no está una mitad en un amigo y otra mitad en el otro amigo. La amistad indica un puente que está abierto, una relación de cercanía y de confianza. Lo mismo es la gracia, no es algo que yo tengo, sino es una manera de existir ante Dios, una manera de ser desde la confianza y el amor. El pecado destruye esta relación.
Quiero seguir un momento con el ejemplo de los dos amigos. Supongamos que un amigo le pide al otro una gran cantidad de dinero, por ejemplo, unos doscientos millones de wones, creo que esa es una cantidad importante de dinero, y el que recibe los doscientos millones dice: -Dentro de dos meses te pago. Pero pasaron los dos meses y no entregó el dinero. Luego pasaron seis meses y no entregó el dinero. Y en el mes número siete cambió de número celular. No responde los mensajes. No se sabe qué ha pasado con él. Tampoco se sabe qué ha pasado con el dinero. Un día, caminando por las calles de Seúl, se encuentran los dos amigos y el que no ha pagado el dinero le dice al que se lo prestó: -Qué alegría verte. Tomémonos un café. Es posible que entren a tomarse un café, pero hay una barrera, hay preguntas que están por responder. No se pueden simplemente tomar el café, sonreír y despedirse. Ha aparecido un obstáculo, el puente entre los dos amigos está roto.
Esta idea de una deuda que no se ha pagado, es la misma que aparece en el Padre nuestro. Jesús nos enseñó a rezar con el Padre nuestro y en el Padre nuestro le decimos a Dios, nuestro Padre, que perdone nuestras deudas. La palabra original en la lengua griega significa eso, deudas. Y a veces, las deudas que tenemos con Dios, son de más de doscientos millones de wones. Jesús quiere que pidamos perdón de nuestras deudas porque nuestras deudas no nos dejan tomarnos un café con Dios. Si hemos roto la comunicación, hay un obstáculo y las cosas no se solucionan diciendo: -No ha pasado nada. Hay que reparar el puente, hay que quitar el obstáculo. Normalmente, esto se realiza a través del sacramento de la Confesión.
Con toda esta historia podemos entender un poco qué quiere decir llena de gracia. Por cierto, llena de gracia se dice con una sola palabra en griego, los que saben bien la lengua griega dicen que esta palabra es una de las más musicales de esa lengua, la palabra es Kejaritomene. ¿Qué quiere decir ser llena de gracia? Quiere decir una mujer sin obstáculos, una mujer con plena comunicación y confianza. Ella es la imagen de la humanidad libre, la humanidad que no tiene que esconderse de Dios. Te acuerdas que Adán, después del pecado, corrió a esconderse entre los árboles, María es el comienzo de una humanidad que no tiene que esconderse, que no tiene obstáculos ante Dios y que habita en la paz y la confianza con el Señor. El camino está abierto para ella y por eso, ella puede recibir a Jesús y hacer que crezca. Pidamos, hermanos, que en este día tengamos esa libertad y confianza con Dios, para vivir en la gracia de Dios y para ser verdaderos hijos de Santo Domingo, predicadores de la gracia. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

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