Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Invitación a volver al rezo frecuente del Angelus como memoria de la Encarnación de Cristo, y del sí de María.

Homilía anun013a, predicada en 20140325, con 5 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Una de las más hermosas tradiciones populares que expresa una sincera devoción a María, pero especialmente, al misterio de la Encarnación, es el rezo del Ángelus. El 25 de marzo nuestra Iglesia Católica recuerda la solemnidad de la Encarnación, y eso precisamente es lo que, día tras día, el Ángelus está trayendo a la memoria para aquellos cristianos que tienen esta saludable costumbre. Allí donde se practica con más fervor, el Ángelus se reza tres veces al día, a las seis de la mañana, a las doce del día y a las seis de la tarde. Es una manera muy sencilla de santificar el tiempo, de santificar la jornada, uniendo nuestro trabajo al camino de fe de María y, sobre todo, a la oferta de amor que nos ha dado Dios, nuestro Padre, en la persona de su Hijo.

El Ángelus es muy sencillo, consiste en una frase que se propone con una respuesta y luego el Ave María. Nuevamente otra frase, otra respuesta y una segunda Ave María. Y por tercera vez, otra frase, otra respuesta, y por tercera vez el Ave María se termina con una breve oración que precisamente es la oración de la Misa del 25 de marzo, la Misa de la Encarnación. La primera frase que se dice tomada del Evangelio es: «El ángel del Señor anunció a María», si se quiere decir de un modo más completo, sería: El ángel del Señor anunció a María que sería la madre del Señor. El Ángelus, se llama Ángelus precisamente porque en latín la frase tomada directamente del Evangelio suena así: «Ángelus Dómini nuntiávit Maríae», el ángel del Señor anunció a María.

Pero tengamos en cuenta que el verbo anunciar ha tenido todo un camino en su gramática. Si yo escucho la frase, El ángel del Señor anunció a María, eso suena como cuando, en una presentación o en un concierto, se anuncia que alguien va a llegar. Pero, el sentido de, anunció a María, es lo que queda más claro cuando se dice la frase completa, le dio un anuncio a María. Y ese anuncio, que no es del ángel, sino que viene de Dios, es el Evangelio mismo, es la propuesta del amor divino. Yo quisiera que, en esta ocasión, recuperáramos el sentido de anuncio, el sentido de evangelización, el sentido de propuesta que tiene esa sencilla devoción, y que tiene esta fiesta de la Encarnación. Es un anuncio, el ángel del Señor le dio un anuncio a María. Y ese anuncio, esa palabra, es la oferta del amor divino.

Si recordamos el texto del pasaje de hoy de San Lucas, ahí está clarísimo, saluda el ángel a María: Alégrate, alégrate, muy amada, muy favorecida, alégrate llena de gracia. Son intentos de traducir la palabra griega Kejaritomene, alégrate la muy amada, la muy favorecida, el Señor está contigo. María, entonces, pues queda sorprendida, queda asombrada por ese saludo, y le dice el ángel: «No temas, María, has encontrado gracia delante de Dios. Concebirás y darás a luz un hijo». Ese es el anuncio que viene Dios, que Dios está con nosotros, que no es un Dios distante, que no es un Dios lejano, que es el Dios que quiere recorrer nuestros caminos para que ya no siga sucediendo lo que dijo Isaías. Dios se quejaba por boca de Isaías: «Mis caminos no son vuestros caminos». Pues bien, puesto que nuestros pies son demasiado débiles, demasiado frágiles para ascender a esos caminos de Dios, Él, en cambio, ha querido bajar, ha querido recorrer nuestros caminos.

Viene Dios, ese es el anuncio, esa es la propuesta de amor que Dios le hace a María y, a través de María, es la propuesta de amor que nos hace a cada uno de nosotros. ¿Quieres que Jesús recorra tus caminos? ¿Quieres que Jesús acompañe tu camino? ¿Quieres que Jesús sea tu camino? Entonces has de responder como María: «Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra».

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