|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Encarnación del Hijo de Dios, verdadera boda entre la naturaleza humana y la divina, es señal indeleble de esperanza para todos.
Homilía anun010a, predicada en 20120326, con 5 min. y 42 seg. 
Transcripción:
En esta ocasión, hermanos, quisiera destacar la carga de esperanza que trae esta hermosa celebración de hoy. Me apoyo, sobre todo, en la primera lectura del profeta Isaías. Las circunstancias en que se encontraba el rey Acaz eran prácticamente desesperadas, solo una franja de tierra es lo que le queda al reino de Judá y se siente este reino acosado por el norte y por el sur, amenazado e incierto. En ese contexto, el profeta le anuncia a Acaz una señal de esperanza, parece indudable que las palabras del profeta, en primer lugar, se refieren a la esposa de Acaz. Al decirle que la joven o esta mujer está embarazada, le está diciendo, la dinastía continúa, Dios no se ha olvidado de ti, Dios está cerca y cumple su promesa. Y esa palabra fue luego interpretada en la traducción de los 70, en la dirección de la omnipotencia de Dios, que puede incluso santificar las entrañas de una virgen para que sea la Madre del Mesías. De modo que, hacia el tiempo de Jesús, esa era la creencia común.
Pero en ese contexto primero, el contexto de Isaías, fíjate cómo este texto lo que está diciendo es que aún en las circunstancias más difíciles, Dios se mantiene firme, cercano, compasivo, sabio, poderoso. También puede sucedernos a nosotros que, en ciertos momentos, nos desanimamos por diversas razones. Y si uno busca cuál es la raíz última del desánimo, es el comprobar que la naturaleza humana de distintos modos está incompleta, está viciada porque abunda la mentira o la mediocridad, porque el egoísmo aparece, porque la violencia se impone, porque la injusticia se perpetúa, porque la arrogancia parece ganar la partida. Y a veces uno se siente como Acaz, uno siente que el terreno de la fidelidad a Dios es muy estrecho. Y en esos momentos necesitamos de un profeta, necesitamos de un Isaías que nos recuerde que Dios está muy cerca y necesitamos el anuncio de que la Virgen concebirá. Porque, en efecto, la presencia viva de la carne del Señor es un recordatorio permanente de ese Dios que no nos deja.
Con alguna frecuencia, los padres de la Iglesia compararon el misterio de la Encarnación con un matrimonio, matrimonio perpetuo en amor y en fidelidad. Dios se ha casado para siempre, Dios ha celebrado bodas para siempre con nuestra naturaleza, Dios no abandona a su pueblo. La carne de Cristo, presente en el misterio Eucarístico, sobre todo, es esa señal perpetua del Dios con nosotros, del Dios que camina nuestra propia historia, que sufre nuestros dolores. Ese Dios que se llama perseguido, cuando se persigue a los cristianos, ese Dios que sigue sufriendo en el pequeño, en el pobre, porque su encarnación no termina, porque su misterio de amor nunca nos abandona.
Saber a ese Dios tan cercano es un motivo muy fuerte de esperanza, pero también es un llamado a una conversión permanente. Es lo que indica la oración colecta del día de hoy, que esa ternura de Dios, esa humildad de Dios que se abaja a nuestra humanidad, sea una invitación para que nosotros participemos de su divinidad. Viendo a Cristo que padece por nosotros en su carne inocente y santa, pues nos invita a levantarnos de nuestros padecimientos y a llevar también una vida santa e inocente. Sigamos esta celebración en ese espíritu de gratitud y en ese tono de esperanza.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|