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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Es importante gastar la vida conociendo la resurrección, ir sintiendo el paso poderoso del Espíritu de Dios en esta vida para ir descubriendo qué significa la resurrección.
Homilía ak05014a, predicada en 20200329, con 5 min. y 44 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! En este domingo hay una palabra que llena nuestro horizonte litúrgico "Resurrección", vida nueva. Y ese es el propósito central. Eso es lo fundamental de la Cuaresma. Si nosotros hacemos este camino, si hemos seguido los ejercicios del ayuno, de la oración, de la limosna, ¿Para qué es? Si estamos atravesando un desierto, ¿Para qué es? Para llegar a una tierra prometida. Si nosotros experimentamos dolor y pérdida, ¿Para qué es? Para la resurrección. El mismo Cristo que entregó todo su cuerpo, su sangre, podríamos decir incluso su dignidad. Cristo, que lo entregó todo por nosotros en la cruz, resucitado y glorioso, volverá al Padre y llevará consigo la Gloria, la Gloria magnífica de una victoria que no tiene comparación. Ese es el propósito de la Cuaresma. La Cuaresma no se queda mirando a sí misma. La Cuaresma mira hacia la Pascua. La Cuaresma mira hacia la Pascua como la cruz mira hacia la resurrección. Y el Evangelio de hoy, tomado del capítulo 11 de San Juan, precisamente nos muestra el poder de la resurrección. Pero hay que tener en cuenta qué es lo que nosotros cristianos, entendemos por resurrección. Es verdad que se habla de la resurrección de Lázaro, pero fíjate que Lázaro volvió a esta vida. La resurrección es algo todavía más grande, porque el que vuelve a esta vida, como le pasó a Lázaro, como le ha sucedido a un pequeño grupo de personas a lo largo de la historia por el poder de la Gloria de Cristo. El que vuelve a esta vida, de todas maneras sigue sujeto a la tentación, al pecado, a las deficiencias propias de esta vida, incluyendo la enfermedad, la persecución y la muerte. Es decir, volver a esta vida todavía no es el triunfo. Volver a esta vida es más bien una señal. Acuérdate que San Juan, cuando nos habla de las obras prodigiosas de Dios, utiliza sobre todo la expresión señal. La resurrección de Lázaro es algo espectacular, es algo grandísimo, pero es solo una señal de lo que Dios quiere, puede y sabe hacer. Entonces nos preguntamos ¿Qué es resucitar?, ¿Qué es aquello de vencer a la muerte? No vencerla una vez, como le pasó a Lázaro, sino vencerla para siempre. La victoria total sobre la muerte. Esa es la resurrección. Cristo, nos dirá San Pablo: "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más". Eso es lo grandioso, eso es lo bello de la resurrección. -Ya no muere más-. El triunfo sobre la muerte nos sitúa entonces en una realidad que nosotros mismos no conocemos directamente. Es decir, lo que Dios nos promete es tan grande, es tan superior a todo lo que hemos percibido, o podemos incluso llegar a imaginar que está más allá de lo que alcanzan las fuerzas de nuestra mente. Por eso también San Pablo dice en la primera carta a los Corintios que: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre, eso es lo que Dios prepara para los que le aman". Eso es lo que Dios prepara; es grandioso, es simplemente grandioso. Pero Dios lo prepara y Dios nos prepara. Dios nos está preparando para la resurrección con cada victoria, cada vez que un pecado es derrotado, ahí tienes un pequeño sabor de resurrección. Cada vez que una dificultad que parecía insalvable de repente te da una puerta. Ahí tienes una pequeña degustación de la resurrección. Y a través de esas pequeñas victorias nuestra mente se va elevando sin llegar nunca a abrazar el misterio; pero, pero siempre mirándolo más y más de cerca y pudiendo decir: -Dios es grande, Dios es grande, Dios es más grande de lo que yo me imaginaba, Dios es más bello de lo que yo creía-. Por eso es importante gastar la vida conociendo la resurrección. Por eso es importante ir sintiendo el paso poderoso del Espíritu de Dios en esta vida, para ir descubriendo qué significa la resurrección. Y a eso somos llamados mis hermanos. Ése es el papel de esta liturgia y hacia allá nos encomendamos. Hacia allá nos encaminamos con toda la Iglesia Católica. ¡Bendito sea Dios! Ya está cerca la Pascua. Próximo domingo. Domingo de Ramos. Siguiente domingo. El gran domingo de la Resurrección.

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