Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Estamos experimentando la muerte de muchas maneras, por eso es necesario volcarnos hacia Jesucristo como verdadero Señor de la vida.

Homilía ak05012a, predicada en 20170402, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Hemos llegado al quinto domingo de Cuaresma. La Cuaresma incluye también, por supuesto, el Domingo de Ramos, que es la semana entrante. Pero podemos decir que el camino cuaresmal tiene, sobre todo en estos tres domingos, el tercero, el cuarto y el quinto, tiene grandes enseñanzas para nosotros, sobre todo si se trata del ciclo A, en el cual tomamos textos del Evangelio de San Juan.

Podemos recordar que en el domingo tercero se nos presentaba el encuentro de Cristo con la mujer samaritana, el gran tema de la sed. Luego teníamos el domingo cuarto, es decir, el domingo pasado, en el que aparecía el tema de la luz. Aquel ciego de nacimiento que recibe de Cristo el milagro de ver y sobre todo la gracia de ver al mismo Cristo.

Y luego, en este quinto domingo de Cuaresma, como completando un proceso de nuestra formación cristiana, tenemos el encuentro de Cristo con una persona que ha fallecido, es decir, con su amigo Lázaro. La palabra encuentro es entonces muy importante en estos domingos. Encuentro con la samaritana una pecadora, encuentro con el ciego de nacimiento, un hombre en necesidad, encuentro con el muerto, encuentro con Lázaro que parece un caso completamente perdido.

Y la idea de la Iglesia, por supuesto, es que nosotros nos reconozcamos en estas personas: pecadores, somos como la samaritana, necesitados, somos como el ciego de nacimiento; y bueno, cuántas cosas han muerto en nosotros si pensamos en el caso de Lázaro.

Esta identificación con estas personas nos va ayudando a descubrir: -qué es lo que Cristo quiere y puede traer a nuestra vida-, porque efectivamente no es solamente una denuncia, no se trata en primer lugar; lo fundamental aquí no es la denuncia, que también es clave: denuncia de nuestros pecados, denuncia de nuestras ignorancias, denuncia de nuestros errores o denuncia de nuestros fracasos. No, lo más importante no es la denuncia, lo más importante es saber que la sed profunda que nosotros tenemos como la samaritana, podrá saciarse si de verdad nos acercamos a Cristo, si recibimos su invitación, aquella que le hizo a aquella mujer: "Si supieras quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a Él" .

Entonces el encuentro de la Samaritana nos invita a mirarnos nosotros mismos, a descubrir nuestra sed y a descubrir a Cristo como el único que verdaderamente puede saciarla. Si nos situamos en el caso del ciego de nacimiento, tenemos que preguntarnos ¿cuántas cosas no hemos descubierto, cuántas cosas no hemos visto? Quizás no hemos visto, no hemos reconocido el sentido de la verdadera alegría, el sentido de la verdadera paz.

Entonces, es encontrar también en Cristo, que Él es nuestra luz y que Él de verdad nos guía y que Él de verdad nos revela el rostro del Padre Celestial. Lo mismo hay que aplicar en el caso de Lázaro. Tenemos que decir que también nosotros hemos experimentado la muerte de muchas maneras. De hecho, una epidemia que se cierne silenciosa pero espantosamente eficaz en el mundo, es la epidemia de la depresión e incluso del suicidio. O sea que la muerte ronda ronda, nuestros niños que a veces se cortan sus brazos. Ronda nuestros jóvenes que a veces mueren en accidentes absurdos tratando de llegar a las experiencias límite.

Muere en tantas parejas que no encuentran un camino que no sea simplemente destruir lo poco que han logrado avanzar en su relación de pareja. Hay mucha muerte en este mundo y es necesario volcarnos hacia Jesucristo como verdadero Señor de la vida. Ese es el sentido de la Cuaresma. Conocernos en nuestras miserias y conocer a Cristo en sus misericordias.

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