Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Frente a la cultura de la muerte está el vigor de la promesa de Dios que nos da su Espíritu, que resucitó a Cristo de entre los muertos.

Homilía ak05009a, predicada en 20110410, con 4 min. y 23 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Es domingo, mis hermanos. Y en este quinto domingo de Cuaresma todo habla de resurrección, espíritu, vida, renacer, poder de Dios que nos alcanza y nos transforma. Qué hermosas las lecturas de hoy, empezando por Ezequiel en el capítulo treinta y siete, que al mismo tiempo es un diagnóstico certero y una promesa maravillosa.

Dice Dios que nos va a sacar de nuestros sepulcros., "Yo mismo os voy a sacar de vuestros sepulcros, pueblo mío, os infundiré mi Espíritu y viviréis" . Al hablar de sepulcro, por supuesto, está indicando la condición de muerte en que nos encontramos. Y esto nos hace recordar aquel pasaje del Apocalipsis donde Dios dice a una de estas comunidades: "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" .

Y yo creo que el sabor de la muerte es lo que muchos están experimentando, precisamente porque no hallan un sentido a su vida. No es en vano que tantas personas están llegando a la decisión extrema del suicidio. No es casualidad, que tanta gente esté experimentando el aroma y sabor de la muerte en la depresión. Estas cosas, mis hermanos, tienen unas causas y esas causas indudablemente tienen que ver con la situación de pecado en que nos encontramos. No estoy diciendo que todo aquel que se encuentra deprimido es porque es un pecador. ¡No!, más bien me refiero a la atmósfera de pecado en que vivimos.

El egoísmo, por ejemplo, es algo que se respira en muchos ambientes, y aunque no es cierto que cada uno de nosotros es el peor de los egoístas, entre todos creamos una atmósfera que hace que se pierda la confianza en los demás, que se pierda la capacidad de creer que el otro es también mi hermano, del que puedo esperar algo y que puede esperar algo de mí.

Esta es una atmósfera viciada, y es esta clase de atmósfera la que hace que el pecado se convierta en algo natural, algo casi necesario para el funcionamiento de la sociedad. Por supuesto, esta condición de muerte no responde al plan de Dios, y Dios está anunciando por Ezequiel que va a obrar con poder en nosotros. Ese mismo poder aparece descrito en el capítulo octavo de la Carta a los Romanos, como vida nueva que Dios da por el poder de su Espíritu. El mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos, obra en nosotros.

De modo que fíjate cómo sigue el tema de la muerte y la vida. Pero donde más se nota esta victoria, donde es por lo menos más visible, es en el Evangelio de hoy, capítulo once de San Juan. Fíjate cómo estos domingos de Cuaresma en el ciclo A tienen una secuencia. Hace quince días teníamos el Evangelio de la Samaritana, Capítulo cuarto de San Juan, el domingo pasado teníamos la curación del ciego de nacimiento, capítulo nueve de San Juan. Y ahora nos encontramos con la resurrección de Lázaro.

Cuando Cristo dice que Él es la vida, no es simplemente un simbolismo, es que es capaz de cambiar dramáticamente la condición de una persona. Y cuando uno se imagina a este Lázaro envuelto en su mortaja, saliendo a la puerta del sepulcro, pues uno dice: -Ahí hay poder-.

Es importante que veamos en esta secuencia de lecturas de los domingos, secuencia tomada del Evangelio de Juan, cómo, hay toda una catequesis de fe. Finalmente, lo que nos quieren enseñar estos evangelios es que es posible y en cierta manera es forzoso creer en este Cristo que marca una diferencia tan dramática.

Que esa sea también nuestra conclusión. Que esta Cuaresma sea el despertar de una fe viva según el poder del Espíritu, según la gracia del Señor.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM