Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía ak05007a, predicada en 20080309, con 16 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Como decíamos al principio de esta Eucaristía, hay varias cosas que unen a los pasajes del Evangelio que hemos escuchado en estas últimas semanas. Hace dos semanas oímos el texto de la samaritana, luego el del ciego de nacimiento y ahora este de la resurrección de Lázaro. Entre las varias cosas que tienen en común, destaquemos la manera como Jesús se presenta a sí mismo. Es una declaración de quién es Él. Esto no aparece mucho en el Evangelio. Es una característica señalada de estos textos del Evangelio de Juan. Es Jesús utilizando la expresión "Yo soy. . . " Y esto tiene una resonancia muy grande, porque para nosotros es muy normal hablar así. Uno dice Yo soy y dice el nombre o dice yo soy de tal país o lo que sea. Resulta que la expresión: "Yo soy" o la expresión: "El que es", es un modo de hablar de Dios.

Recordamos que cuando Dios se le aparece a Moisés allá en la Montaña Santa, Moisés le pregunta Bueno, y. . . "Tú ¿Quién eres?" Y Dios le responda, le responde: "Yo soy el que es", "Yo soy el que soy". Y esta afirmación ha servido de reflexión, de meditación para muchas personas. -Dios es el que es-, en el sentido profundo de ese verbo ser. Mientras que las cosas van y vienen, mientras que los imperios pasan y las modas no duran, Jesús permanece. -Jesús es el que es-. El día de ayer estaba leyendo una entrevista que le hacen a el patriarca Alexis II Este es el patriarca de Moscú, cabeza visible de todo el cristianismo ortodoxo ruso.

Alexis II en esta entrevista habla del tiempo del comunismo. Por supuesto, él vivió toda esa época del comunismo, incluso reconoce que hubo cosas buenas en ese régimen soviético. Por ejemplo, algunas preocupaciones o políticas de orden económico dice que favorecieron algunos sectores de la población. En fin. Pero el hecho es que Alexis II, que conoció esa dictadura atea; muestra en esta entrevista cómo finalmente la fé, aunque la torturaron, la machacaron, la persiguieron, se burlaron de élla, hicieron todo lo posible por aplastarla. Ahí permaneció. Y algo parecido tenemos que prepararnos para encontrar en Cuba. Después de que se predicó por todos los medios posibles que Dios no existe, que la religión es una farsa, que la libertad va unida a negar a Dios. Pues acabamos de ver cómo el cardenal Bertone, secretario de Estado del Papa Benedicto, ha estado unos cuantos días en la isla de Cuba y bueno, la recepción ha sido mucho más que cálida y ha podido hablar francamente a todos, incluyendo un grupo de seminaristas cubanos, muchachos que nacieron cuando en Cuba solamente se hablaba de ateísmo. Alianza con China, alianza con Rusia, muera la Iglesia, muera el imperialismo. Pero a pesar de que se machaca la fé, ahí permanece. -Dios es el que es-. Dios es el que queda finalmente.

Y este pensamiento yo creo que es impresionante porque hay muchos modos de perseguir la fé y yo creo que cada uno de nosotros pasa también por sus propias tormentas. Tal vez nosotros no hemos estado en un campo de concentración como tuvo que sucederles a muchos sacerdotes en el comunismo soviético. Eso no nos ha tocado a nosotros, no nos ha tocado esconder nuestros cuadros del Sagrado Corazón en el depósito de agua del inodoro, como pasó en Cuba. Una misionera colombiana, una religiosa que estuvo trabajando en Cuba en la época realmente fuerte de arrinconar a los católicos, contaba que estuvo por allá caminando en alguno de esos rincones azotados por el sol y llegó a una determinada finca. Se encontró con unos con una familia muy acogedora, porque eso tiene el pueblo cubano, entre otras bendiciones muy alegres, muy amables, pero no se mencionaba nada de Dios. Élla se presentó, ella dijo que era colombiana, que era misionera, que estaba en bueno, en una misión de Navidad o no sé qué, y el jefe de hogar como que no decía nada sobre sí mismo, sino que le hacía muchas preguntas a élla; para hacer la historia corta; élla se dio cuenta que todas esas preguntas que le hacía a él es porque él estaba averiguando si esta sí era de veras una religiosa y si sí era de veras de fuera de la isla y no era en cambio alguna espía que estuviera averiguando de la vida de éllos. Cuando ya este hombre finalmente quedó seguro de que esta sí era de veras una religiosa y que no tenía nada que ver con el gobierno, entonces le dijo venga, venga por acá, hermanita.

Y se la llevó por allá, a la parte de atrás de la casa. Y ella dijo: ¿Y a dónde me lleva? Entonces la llevó para el baño y eso ya empezaba a parecer extraño, ¿No? Y claro, pues está el, el retrete, el inodoro y hay un depósito donde se pone el agua. Pues ese baño no funcionaba. Ese, esa caja o donde se pone el agua. Ese tanque de agua estaba vacío y dentro del tanque tenían un cuadrito así Chiquito del Sagrado Corazón, porque ellos pensaban -ahí no lo encuentra nunca la policía secreta-. La fé permanece. Nosotros deseamos que todas las buenas intenciones que haya podido tener Fidel Castro por su pueblo cubano, pues den buen fruto. Yo no soy nadie para juzgar de política o de economía, pero lo cierto es que, por lo menos en términos de ateísmo, Dios uno, Fidel cero. En términos de ateísmo, Dios es el que permanece y una vez más se demuestra que todos esos intentos fracasan.

Ahora pues vemos al cardenal Bertone o lo vimos hace poco, al cardenal Bertone hablando a muchachos cubanos que no conocieron otra cosa sino ateísmo científico, que jamás recibieron nada de Jesús y están dispuestos a entregar su vida por Cristo, porque así son las cosas, porque ese es el atractivo que tiene este Nazareno y es capaz de despertar un amor colosal incluso en esas circunstancias. Hay libros enteros sobre la gente que ha vivido esta clase de circunstancias y cómo han permanecido. Uno de los más impresionantes. Un libro que cuenta la historia de sacerdotes en el régimen soviético, muchos de los cuales fueron arrancados de sus parroquias y de sus familias. Ustedes saben que los sacerdotes ortodoxos casi todos, son casados. Fueron arrancados de sus parroquias y familias, y muchos nunca volvieron a ver ni a sus feligreses ni a sus esposas y nunca renegaron de Cristo. Es impresionante el heroísmo del pueblo ruso, del pueblo creyente ruso. Es impresionante.

Entonces fíjate, todo el aparato de tortura y todo el aparato de propaganda no logró apagar la fé. Y a veces nos dicen a veces uno se vuelve cobarde y uno dice ¡No!, -esto Europa ya perdió la fé. Sí, algo de fé va a quedar aquí, será la fé musulmana, el cristianismo se acabó-. Pero resulta que hay unos cuantos tercos. Hay unos cuantos obstinados que se reúnen subrepticiamente los sábados por la noche en la parroquia de Dominic Street a adorar a Jesucristo, a bendecir su nombre, a decir Nosotros creemos en Él, y nosotros no teníamos que estar aquí. Nosotros, según las leyes de este mundo, deberíamos estar por allá lejos. Deberíamos estar fuera emborrachándonos, Deberíamos estar fuera divirtiéndonos de lo lindo y no oyendo homilías largas. Deberíamos estar disfrutando la vida y festejando que ahora somos independientes, libres, autónomos, prósperos. Ahora hemos encontrado las claves del desarrollo democrático, humanístico, lógico, racional y científico. Y sin embargo, ahí permanece la fé. Todo esto es una reflexión sobre esa frase de Jesús que la hemos oído estos tres domingos: "Yo soy". Jesús "Es el que es". Bien, se cuenta, bien se cuenta cómo en el testimonio de los mártires, ellos resultaron más fuertes que sus propios perseguidores.

Pero el contenido del Evangelio de hoy va más allá de esa frase. O nos enseña también otras cosas y sobre todo, nos muestra que Jesús es aquel que aún en el extremo puede darle un nuevo comienzo a la historia. Creo que no hay nada que se pueda llamar más propiamente el final que la tumba. La tumba es eso, es el final. Aquí se acaba todo. Aquí ya no sigue nada más. Este milagro maravilloso de Cristo, entre otras cosas, muestra que las condiciones a Cristo no se las pone nadie y nadie le va a decir a Cristo cuál es el final. Sobre lo de las condiciones, hay una cosa simpática en el Evangelio de Juan. Permítanme que la mencione. Ustedes observen que todo el mundo quiere darle consejos a Jesús en este Evangelio. Quieren dominarle la agenda. Y Jesús obra como. . . No sé cómo decirlo, un poco excéntrico, un poco atípico, idiosincrático, no sé qué palabra utilizar. Entonces le dicen, por ejemplo, las hermanas de Lázaro: -Se nos enfermó Lázaro- y Jesús no va.

Luego dicen los discípulos: -Y ahora ¿Por qué sí va?- No, pues porque ahora tengo que ir. Llega allá cerca de donde está la familia de Lázaro y no entra. Entonces viene María, la hermana de Lázaro, y entonces ahí sí entra. Es decir, es una señal solamente en este pasaje. Pero si leemos un poco más de Juan nos encontramos que sobre todo en este Evangelio, a Jesús nadie le pone condiciones. Y esta es otra señal de divinidad. A ver, la expresión "Yo soy". Dijimos que es propia de Dios en la Biblia. Y cuando Jesús la utiliza, se la aplica a sí mismo. De algún modo está proclamando su divinidad. "Cuando levantéis al Hijo del Hombre, -dice en otro pasaje-, entonces veréis que "Yo soy". Esa expresión tenía que retumbar en los oídos de los judíos. "Cuando levantéis al Hijo del Hombre, veréis que yo soy".

Eso solo lo dice Dios, porque esa frase era solamente de Dios en el Antiguo Testamento. Sirva eso de propaganda para los que andan haciendo millones negando la divinidad de Jesucristo, como en el Código de Da Vinci. Casi todo lo que puedan comprar en "Eason". Entonces a Jesús nadie le pone condiciones. Y esa es otra característica de Dios. Dios uno no lo maneja. Esa es la gran diferencia entre la magia y la fé. La magia es obtener poder yó para que se haga mi voluntad. La fé es encontrar razones para confiar, entregarme al Señor para que se haga su voluntad. Son dos cosas completamente diferentes. La magia es una búsqueda de poder para mis manos. La fé es una manera de encontrar el poder que tienen las manos de Dios, que son también sabias y compasivas. Entonces a Dios nadie le pone condiciones, ni porque me duele mucho, ni porque me duele poquito, ni porque es peligroso, ni porque no es peligroso. Dios obra según aquello que en su sabiduría considera que es mejor.

Entonces por eso, en este milagro en particular, vemos que a Jesús no se deja condicionar por nadie, que se enfermó, que se enferme. Ah, es que se va a morir, pues se morirá y entonces lo resucito. Es autónomo. Es muy Él mismo. ¿No?, a Él no lo maneja nadie. Y para los que tenemos un temperamento así, un poquito dominante y como soberbio y como vanidoso, pues esta es una cura muy buena que nos llega, ¿No? Usted no le va a poner plazos a Dios, usted no le pone condiciones a Dios. Aprenda a obedecer y aprenda que los plazos de Dios son los plazos de Dios. Usted no es el que le dice a Dios cuándo tiene que hacer las cosas. Así obra Jesús. A Dios nadie le pone condiciones, pero a Dios tampoco nadie le pone límites. Y Jesús no se deja poner límites, ni el límite de la muerte. Eso es lo que nos está diciendo el Evangelio de hoy. Ni siquiera el límite de la muerte, ni siquiera ese es un límite para Él.

Dios aparece aquí enviando a su Hijo. Cristo aparece como el enviado de Dios, y aquel que tiene lo mismo que su Padre Dios. Ese señorío, esa majestad, Pero no es el señorío del tirano, es el señorío del que ama y del que pone todo ese poder al servicio de nuestra salvación y de nuestro bien más profundo. Bueno, sigamos esta celebración. Ya estamos muy cerca de Semana Santa y estas catequesis, porque en realidad la Iglesia lo que quiere con estos tres evangelios es que uno se ¡Desaturda, despiértese! ¡Desaturdase dese cuenta que Jesús es grande! Vale la pena. Encuéntrese con Él. En vez de estar mendigando poquitos y pedacitos en otras partes. ¿Por qué no va a la fuente misma que es Jesucristo? Esa es la gran invitación de estos tres domingos.

Cuando llegue ese momento de la celebración de la muerte y de la resurrección del Señor, veremos la culminación de todo esto que hemos meditado en estos domingos. Es decir, veremos cómo Él ni siquiera mira a su propia muerte como un límite. Él mismo va a decir: -Tengo poder para entregar mi vida y tengo poder para recuperarla-. Ese es nuestro Señor y Salvador Jesús.

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