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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La indiferencia y el individualismo ven como culpables a los necesitados; Cristo, en cambio, ve incluso a los culpables como necesitados.
Homilía ak04016a, predicada en 20260315, con 20 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. Para apreciar el texto del Evangelio que acabamos de escuchar, conviene recordar cuál es el orden que nuestra Madre la Iglesia, lleva en las lecturas de los domingos de Cuaresma. El primer domingo de Cuaresma siempre nos presenta el pasaje de las tentaciones según los distintos evangelios sinópticos. Eso quiere decir que en este ciclo A en el que nos encontramos hemos escuchado las tentaciones según San Mateo. El año entrante, el ciclo B de San Marcos serán las tentaciones en el primer domingo de Cuaresma según San Marcos y el otro año el ciclo C Las tentaciones según San Lucas. Siempre el primer domingo de Cuaresma son las tentaciones para recordarnos que en Cuaresma estamos acompañando a Cristo en el desierto y para recordarnos también que esta vida es como una Cuaresma, como un combate en el que necesitamos el auxilio de Cristo para salir vencedores. El segundo domingo de Cuaresma también tiene el mismo tema. En los tres años o en los tres ciclos litúrgicos. Así, por ejemplo, en este ciclo A que ya dije es el de San Mateo, tuvimos la Transfiguración. Ese es el tema para el segundo domingo de Cuaresma. Transfiguración según San Mateo este año. Transfiguración según San Marcos el año entrante. Transfiguración según San Lucas, el siguiente año. Hay una pedagogía muy grande en esa presentación que hace la Iglesia. Que el primer domingo sean las tentaciones es como mirar a Cristo en combate, y que el segundo domingo sea la Transfiguración es mirar a Cristo en victoria. De tal manera que en esos dos domingos tenemos como una anticipación de lo que es la Cuaresma y luego la Pascua, o también más profundamente, lo que es la vida presente y lo que es la vida futura. Esos son los dos primeros domingos de Cuaresma. Después vienen tres domingos que corresponden en la numeración domingo tres, domingo cuatro, domingo cinco, que ya sí son diferentes en los distintos ciclos litúrgicos. En este ciclo, A esos tres domingos que he mencionado, domingo tercero este que es el domingo cuarto y el domingo entrante que es el domingo Quinto toman pasajes del Evangelio según San Juan. Ya el ciclo B se organiza de otra manera y el ciclo C de otra manera que no vamos a explicar ahora. ¿Cuáles son esos pasajes para estos tres domingos tan especiales; el tres, el cuatro y el cinco? Porque ya después del domingo quinto lo que sigue es el Domingo de Ramos y ya empieza la Semana Santa. ¿Cuáles son esos tres pasajes de San Juan que se toman en el ciclo A? Pues si recordamos, el domingo pasado teníamos una lectura más bien extensa del capítulo cuarto de San Juan, en que veíamos el encuentro entre Jesús y la Samaritana. En este domingo tenemos el encuentro entre Jesús y el ciego de nacimiento. Y el domingo entrante tenemos el encuentro entre Jesús y uno que ya había fallecido, Lázaro. Entonces encuentro de Jesús con la samaritana. Capítulo cuarto de San Juan fue el domingo pasado. Encuentro de Jesús con el ciego de nacimiento. Ése es este domingo que es el capítulo 9 de San Juan; y el domingo entrante, encuentro de Jesús, venciendo ya la muerte de Lázaro en el capítulo 11 de San Juan. Obsérvese que hemos repetido la palabra "Encuentro". Esa palabra que amaba tanto el Papa Benedicto, describe lo que la Iglesia quiere para la Cuaresma, que también nosotros nos encontremos con Jesús. Así como la samaritana se encontró con Jesús y descubrió en Jesús la fuente de Agua Viva. Así también yo y tú y todos, como la samaritana, debemos encontrarnos con Jesús para que Él nos sacie, para que Él sacie nuestra sed. En este domingo tenemos el encuentro entre Jesús y el ciego. ¿Para qué? Para que yo me identifique con ese ciego y para que en ese ciego yo pueda decir: "Jesús es mi luz, Él es la luz de mi vida". Y luego, el siguiente domingo nos vamos a encontrar con Jesús, y cada uno va a decir: "Yo soy como Lázaro, porque yo también he estado en la muerte", la muerte, la verdadera muerte, la que Cristo llama muerte, no es el final de la vida presente. Al final de la vida presente, Jesús lo llama dormirse. Acuérdate cuando aquella niña había muerto. Y Jesús dijo: "No, no, no digan que está muerta, está dormida". A ese terminar la vida presente, Jesús lo llama dormirse. Y así también habla el apóstol San Pablo. Los que han dormido en el Señor. De hecho, la palabra cementerio viene del griego y significa -el lugar de los que duermen-. Entonces nosotros, cuando decimos que hemos estado muertos, es porque hemos estado lejos del don de la vida verdadera que solamente nos puede dar Jesucristo. O sea que el propósito en el ciclo A en el que estamos es que nosotros estemos como en una miniserie. Usted sabe que la gente a través de los servicios de streaming ve miniseries en Netflix o en Disney+ o en cualquiera de esos. Entonces estamos en el segundo capítulo de la miniserie. El primer capítulo se llamaba "La sedienta". Esa fue la samaritana. El segundo capítulo, que es el de hoy, se llama "El ciego" y el tercer capítulo se llama "El muerto". ¿Para qué? Para que yo me descubra sediento, para que yo me descubra ciego y para que yo me descubra muerto; o mejor todavía, para que yo descubra que Jesús es el que me da la, el Agua Viva. Ese es el del domingo cuarto, No se me pierda. Manténgase ubicado, domingo cuarto, descubrir que Cristo es el que me da el agua viva. Cristo es el que me da la luz verdadera. Cristo es el que me da la vida eterna. De manera que cuando llegue el Domingo de Ramos, que ya está acercándose vertiginosamente, cuando ya llegue el Domingo de Ramos, usted tenga la certeza de quién es Jesús. Jesús es el que me da agua viva, luz verdadera, vida eterna. ¿Se lo aprendió? Cristo es el que me da. . . agua viva; Cristo es el que me da. . . luz verdadera; Cristo es el que me da. . . la vida eterna Y para que nosotros tengamos esa experiencia tenemos que identificarnos con estos personajes que se encontraron con Jesús. Entonces tenemos que decir: "Yo soy la samaritana", "Yo soy el ciego", "Yo soy Lázaro", y de esa manera nosotros estamos recibiendo ese bien inmenso. Es muy pedagógico. Realmente la Cuaresma recoge la experiencia que la Iglesia tiene como maestra y mistagoga de la fé. Aprendamos dos o tres cosas del texto de hoy. Son textos largos, ya le dije. Capítulo 4. El otro fue Capítulo el de hoy Capítulo 9, gracias a Dios hay gente que se acuerda porque es muy triste cuando hay gente que no se acuerda, y el otro es el Capítulo 11, el de Lázaro. Aprendamos cosas, aprendamos cosas, porque el Evangelio está repleto de luz y no podemos sacar todo lo que hay aquí porque es inagotable. Pero aprendamos cosas. Primero: Se encuentran con un ciego de nacimiento. Los discípulos hacen esta pregunta: "¿Quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?". Esa pregunta, si la examinas, es perfectamente absurda, porque están diciendo están abriéndose a la posibilidad de que este señor, ya en el vientre de la mamá, pecó. O sea, estaríamos ante el caso de un feto pecador. Esa pregunta, que si la examinas es absurda, muestra algo muy interesante y es la tendencia humana a deshacerse del necesitado culpabilizándolo. Repito la frase: -Hay una tendencia en nosotros, los seres humanos, a deshacernos del que tiene problemas. Deshacernos del necesitado culpabilizándolo-. Como quien dice. -Ese está ciego, pero por su culpa. ¿Quién lo manda a estar pecando en el vientre de la mamá?- Es absurdo, Pero San Juan se vale de ese absurdo para mostrar algo que está en el corazón del ser humano. Y eso que hay en el corazón del ser humano es que nosotros nos desconectamos del necesitado, nos desconectamos, nos deshacemos del necesitado, culpabilizándolo. "Está pobre, pero es por perezoso". "Es un -homeless-, es un habitante de la calle; ¿Quién lo manda a ser drogadicto?" "Está solo, no tiene a nadie. Fue egoísta toda la vida". Nosotros tenemos una gran rapidez mental para acusar a la persona para volver culpable al necesitado. Esa es la voz de nuestro egoísmo volver culpable al necesitado para nosotros considerarnos libres y por consiguiente, sin obligación de ayudar. -Es la culpa de él, es la culpa de élla-. Tenemos esa tendencia a considerar culpable al necesitado. Pues le cuento una cosa hermosísima. Cristo tiene la tendencia contraria. Si nosotros casi siempre tratamos de considerar culpable al necesitado, Jesús tiene la tendencia a mirar necesitado al culpable. Jesús tiene ojos suficientes para ver incluso en la persona que es absolutamente culpable, ver un necesitado. Y por eso Jesús trata con una ternura tan grande, con una paciencia tan grande, con una misericordia tan grande a los culpables. Y vaya si se le acercó gente culpable. Tanto que los demás decían. . . -Oye, ese se la pasa comiendo con publicanos y pecadores-. Y entonces ¿Qué era lo que sucedía?, ¿Es que Cristo no se daba cuenta de cuál era la gentecita que lo estaba rodeando? Él se daba cuenta de que eran culpables porque los publicanos no eran inocentes. Y Jesús nunca dijo que los publicanos fueran inocentes. Jesús nunca dijo que las prostitutas obraran bien. Jesús nunca dijo que el pecador no era pecador. Es una falsa predicación la que pretende decirle al pecador que su pecado no importa. Esa es una falsa predicación, y esa falsa predicación no viene de la boca de Cristo. Viene de otra boca que apesta a azufre. Esa no viene de Cristo. Cristo no niega el pecado. Cristo sabe que lo están rodeando gente que es culpable. Pero Jesús tiene la maravillosa tendencia a ver en el culpable un necesitado, mientras que nosotros tratamos de ver en el necesitado un culpable. Y por eso la mirada de Cristo es el descanso de todos nosotros los pecadores. Por eso uno siente un descanso tan grande mirando a Jesús, aunque solo sea tras los velos de la Eucaristía. Dice Jesús: "Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que se manifestaran en él las obras de Dios". Este es un gran misterio el que Cristo nos está revelando, y es una respuesta profunda a las grandes inquietudes y cuestiones de la existencia humana. Esto tiene una hondura filosófica insondable. Dice Jesús la necesidad. Y eso incluye la enfermedad, la soledad, los accidentes, -la necesidad, es la ocasión para la Gloria de Dios-. La necesidad no es para que reniegues la necesidad, no es para que niegues a Dios. La necesidad no es para que te olvides de Dios. La necesidad es para que se abra un espacio en el que se va a manifestar la Gloria divina, de muy diversas formas, a veces a través de un milagro, como sucede en este pasaje. A veces a través de la caridad. Un Papa que habló de esto, de cómo la necesidad ayudaba a manifestar la Gloria de Dios a través de la caridad, fue el Papa León XIII. Tenemos ahora nuestro Papa León XIV. En 1891, el Papa León XIII publicó una encíclica que se llama "Rerum Novarum", donde habla precisamente del tejido social y muestra cómo las necesidades sociales son la ocasión para que brille la caridad, que es la misma idea que encontramos aquí. Entonces, ¿Qué nos enseña esto? Nos enseña dos cosas, que las necesidades y carencias que cada uno de nosotros tiene, que pueden ser carencias de salud, carencias anímicas, carencias afectivas, carencias de las que sea. Esas carencias no deben ser ocasión de protesta ni de renegar, sino son la oportunidad para que tú te abras a la Gloria de Dios. O como decía un predicador, -lo mismo que cuando se va a hacer un edificio, primero hay que abrir un hueco y en ese hueco van a venir los cimientos. Y cuanto más hondo el hueco, más grande el edificio-. Así también nosotros. Cuanto más grande la necesidad, más grande va a ser la manifestación de la Gloria. Y en segundo lugar, para que cuando nosotros veamos las necesidades de otras personas, debemos entender que nosotros somos ministros de Dios para llenar con la Gloria divina esa necesidad de esa persona. Esas son las obras de caridad. Son oportunidades de obrar a la manera de Dios. Lo último que quiero destacar, porque este pasaje es absolutamente fascinante, pero tenemos que concluir. Y muchas gracias por la paciencia, Monseñor, y por darme esta oportunidad. Yo quiero destacar esa última parte del pasaje que se ha leído cuando Jesús se encuentra con los fariseos o los fariseos con Jesús. Jesús dice estas palabras: "He venido a este mundo para que se definan los campos". Eso dice esta traducción. Originalmente dice, o bueno, otra traducción dice: "He venido a este mundo para un juicio". Pero es la misma idea para que se aclaren las cosas, para que se vea de qué lado estamos. Dice Jesús: "Para que los ciegos vean", es decir, los necesitados encuentren misericordia. Y los que ven, o mejor dicho, los que creen que ven, se queden ciegos. Es decir, para que la arrogancia reciba su pago. Para eso ha venido Cristo. Los fariseos que estaban con Él le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Mire esta respuesta con la que termina el pasaje y con la que deseo terminar mis palabras. Jesús les contestó: "Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado. . . " Que tú tengas una necesidad. Eso no es pecado. Que tú tengas ignorancia. Eso no es pecado. Que tú estés solo en la vida, que te hayan abandonado, que pases por una ruina, eso no es pecado. Pero como dices que ves, ahí es donde está el problema. Cuando tú crees, cuando tú crees que ves, -como dices que ves,- ahí, sigues en tu pecado. ¿A qué se refiere Él con eso? Pues se refiere a que estos fariseos creían tener tanta claridad que querían tener a Dios encerrado en una caja. Creían que podían comprender todo el actuar de Dios. Y Dios es más grande que nuestras ideas, más grande que nuestros pensamientos, más grande que nuestra experiencia y ciertamente más grande que la sinagoga. Como quien dice: -Dale permiso a Dios para que sea Dios en tu vida. Dios es más grande, tiene ideas más grandes y mejores que las nuestras. No pretendamos que nuestro ver agota todos los caminos del Espíritu Santo-. Sigamos esta celebración pidiéndole al Señor la Gracia de la Cuaresma, que yo me encuentre con Cristo, que me da tres cosas. Aquí, me pregunto yo. ¿Se acordarán de las tres cosas de los tres domingos?, ¿Se acordarán o no se acordarán? ¡Dios mío! ¿Qué es lo primero que me da Cristo? Arriba, ¡Agua viva! Otros dijeron Agua pura, agua es pura, pero es agua viva. Tenemos que seguir la nomenclatura bíblica. Agua viva. Segundo, la luz verdadera y tercero, vida eterna. Ese es Jesús. Y venimos a la Cuaresma y venimos a este retiro espiritual, venimos a este altar, venimos para pedirle a Él que nos dé lo que solo Él puede darnos agua viva, luz verdadera y vida eterna. Amén. Amén.

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