Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Que hoy sea el día en que nuestros ojos se lavan de los maltratos, insultos, desprecios recibidos, para poder apreciar y agradecer lo que Dios ha hecho en nosotros.

Homilía ak04013a, predicada en 20230319, con 5 min. y 29 seg.

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Transcripción:

¡Un bendecido domingo para todos!

Llegamos al cuarto domingo de Cuaresma y de nuevo, la palabra encuentro es fundamental. El domingo pasado veíamos el encuentro entre Jesús y la Samaritana junto al pozo de Sicar. Esta vez tenemos el encuentro de Cristo con un ciego de nacimiento. Y el siguiente domingo, el quinto domingo de Cuaresma, vamos a tener el encuentro de Cristo con un hombre que había partido de la tierra de los vivos. Lázaro ya estaba muerto. Así que la palabra fundamental en estos tres domingos es la palabra encuentro, es decir, lo que nos quiere mostrar la liturgia, lo que nos quiere mostrar la Iglesia es que cuando uno se encuentra con Cristo, entonces encuentra el -Agua Viva-. Cuando uno se encuentra con Cristo, uno encuentra la luz verdadera. Cuando uno se encuentra con Cristo, uno encuentra la vida nueva. Ese es el fruto del encuentro con Cristo.

De modo que a lo largo de la Cuaresma nosotros vamos viviendo ese encuentro con Cristo para que nuestra vida pueda recibir esa agua viva, esa luz verdadera, esa vida nueva. Ese es el contexto general de la Cuaresma. Pero además, en el pasaje de hoy del capítulo noveno del Evangelio de Juan, el encuentro con Cristo va acompañado con el lavarse, lavarse, esa orden que le da Cristo a este ciego de nacimiento cuando le dice vete a lavar a la piscina de Siloé. Y nos aclara el evangelista que la palabra Siloé quiere decir: "El Enviado", ve dónde el que ha sido enviado, que no es otro que el mismo Cristo, es como otro nombre para Cristo. -Ve donde aquel que ha sido enviado y lávate-. ¿Para qué nos lavamos? Nos lavamos para quitar aquello que es suciedad en nosotros. Y es importante darnos cuenta que para poder ver necesitamos lavarnos, es decir, necesitamos quitar de nuestros ojos todo aquello que es suciedad acumulada.

Por ejemplo, demos algunos ejemplos de suciedad que ha caído a nuestros ojos. Lamentablemente se ha extendido muchísimo en hombres y mujeres de todas las edades. La pésima costumbre de ver pornografía. Esa es suciedad que queda en nuestros ojos. Es suciedad que nos impide ver la belleza de la imagen de Dios en el cuerpo humano, tanto del hombre como de la mujer. Esa es suciedad, por ejemplo, que hay que lavar, que hay que quitar de nosotros. Otro ejemplo: Puede suceder que nosotros tengamos envidia. De hecho, la palabra envidia viene del latín, que significa el mirar mal, mirar mal a la otra persona. Es otra persona, es otro que ha sido llamado a la vida. Otro que ha sido amado por Cristo. Pero su éxito, su triunfo, su ganancia, me sabe mal. Esa es la envidia. Son ojos sucios, sucios por el odio, sucios por el rencor. Sucios por la venganza. Ojos que tienen que lavarse en Siloé. Tenemos que ir a Siloé para ser lavados de tal manera que esa envidia salga de nosotros.

Un último ejemplo: Algunas personas han recibido, incluso desde su infancia. Han recibido palabras duras, palabras de descalificación, palabras que en realidad destruyen la autoestima. Y hay personas que cuando se miran al espejo sienten como repugnancia o vergüenza. Es decir, siguen repitiendo en su cabeza las expresiones que oyeron cuando eran niños. Esas expresiones de. . . "Tú eres un inútil", "No sirves para nada", "No lo vas a lograr", "Siempre es lo mismo contigo." Y por consiguiente, estas personas, cuando se miran en el espejo, se miran con ojos sucios. No ven en su propia vida el milagro del amor de Dios, la paciencia que Él nos ha tenido, los talentos que ha sembrado en nosotros, sino únicamente se quedan mirando lo negativo, lo que les hunde, lo que les deprime. Esos ojos también tienen que ser lavados. También hay que lavar esos ojos para apreciar y agradecer lo que Dios ha hecho en nosotros. Que este sea el domingo en que nuestros ojos se lavan para contemplar la obra divina y para disponernos a servir también al Señor en nuestros hermanos. Así sea.

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