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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hijos de la Luz y no de las tinieblas

Homilía ak04012a, predicada en 20200322, con 15 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos queridos. Las lecturas de este domingo tienen un hilo conductor bastante claro. La primera lectura, tomada del primer libro de Samuel, nos presenta el momento en que Dios le revela a este gran profeta quien será el rey en vez de Saúl y después de Saúl. Ese no es otro que el rey David. Pero lo interesante es que para darle este conocimiento, para darle esta luz, Dios le hace ver al profeta la diferencia que hay entre la mirada de Dios y la mirada humana. La frase clave, sin duda es aquella. . . "El hombre mira las apariencias. Dios ve el corazón". Hay una diferencia de mirada; pero esa diferencia en el caso del profeta, ha sido salvada, ha sido cubierta porque Dios le concede al profeta la capacidad de ver un poco por lo menos, como Dios ve.

Por eso Samuel, a pesar de lo que él mismo pensaba al principio, y a pesar de las intenciones de Jesé, que tenía tantos hijos, a pesar de la presión de Jesé y a pesar de su propia carne, Samuel logra remontarse y ver las cosas un poco como Dios las ve. Samuel es uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento. Varias veces la Biblia hace este elogio de Samuel. -Ninguna de sus palabras dejó de cumplirse-. Ninguna. Eso es grandioso. Donde vemos que el hecho de que Samuel tuviera esta mirada de Dios también le permitía hablar la Palabra de Dios. La claridad en la mirada va en sintonía con la claridad en la Palabra, lo cual tiene muchas repercusiones. Por ejemplo, si nosotros queremos, en estos tiempos de angustia en que vivimos, que nuestras palabras construyan, que nuestras palabras no sean simplemente emisarias de pánico, necesitamos más de la mirada de Dios, porque solo el que ve las cosas como Dios las ve, dirá palabras como Dios las pronunció.

Entonces tenemos el tema de la mirada, el tema de la luz, el tema de la verdad, como aparece en la primera lectura. La segunda lectura fue de la carta de San Pablo a los Efesios y está con toda claridad, una vez más, el tema de la luz y las tinieblas. Concretamente, Pablo habla de las obras de las tinieblas y de cómo no podemos ser cómplices de las obras de las tinieblas. Y también nos enseña que tenemos que denunciar las obras de las tinieblas. Pero todo esto después de recordarnos que nosotros mismos éramos tinieblas, es decir, que ha llegado a nosotros una luz que no era nuestra, una luz que no podíamos alcanzar con nuestras solas fuerzas. Por consiguiente, una luz que va más allá del simple razonamiento humano, va más allá de las simples capacidades humanas. Es una luz que nos sitúa en un modo tan radicalmente nuevo de vida que se puede llamar con justicia una nueva y verdadera vida. Por eso ese texto de la segunda lectura ha concluido diciendo: "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo". La vida en el pecado, la vida en las obras de las tinieblas; es una vida que más merece el nombre de muerte.

Pero nosotros estamos llamados a ser luz y estamos llamados a denunciar las obras de las tinieblas, ser luz y denunciar las tinieblas, cosa que no es fácil, porque el mismo Pablo, cuántos sufrimientos tuvo, qué torturas, qué persecución; cuántas situaciones tan fuertes le tocaron. Entonces tenemos el tema de la mirada y de la luz en el caso del profeta Samuel. Tenemos el tema de la mirada, la luz y la palabra en la enseñanza de San Pablo; y el banquete grande, el alimento espiritual más sustancioso y profundo, sin duda lo trae el Evangelio; es la curación de un ciego de nacimiento. Y de aquí tendremos que sacar muchas enseñanzas. Lo primero, darnos cuenta de la actitud de los apóstoles. Aquellos discípulos que rodean a Cristo toman una actitud que los desconecta del dolor de la tragedia de aquel hombre. Cuando se encuentran con este ciego, la primera reacción de ellos es hacer una pregunta que si la analizamos es absurda.

¿Cuál es la pregunta?, "Señor: ¿Quién pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?" O sea, ¿Tú te das cuenta lo que están diciendo? Están diciendo que si este hombre nació ciego tiene que ser por el pecado de los papás, o si este hombre nació ciego y no fue por el pecado de los papás, quiere decir que estamos ante un caso de un -feto pecador-. Estaba pecando, quién sabe qué, ¿Cómo sucedió eso?, pero en el vientre de la mamá estaba pecando y pecó de una manera tan fea que mereció el castigo de nacer ciego. Es decir, la lógica de los apóstoles es -busquemos al culpable-. La lógica de Cristo es -Busquemos la solución-. La lógica de los discípulos es -desenterremos el pecado asqueroso de este hombre o de su familia-. La lógica de Cristo es -Hagamos aparecer la Gloria de Dios en este momento-. Y por supuesto que nosotros somos llamados a seguir ese camino que nos muestra Cristo.

Muchas veces en tiempos de dificultad, cuando todos nos ponemos un poco nerviosos y un poco exaltados y un poco hipersensibles, andamos buscando culpables por todas partes. Y es verdad que hay muchas cosas que se han manejado mal y muchas que se han manejado mal ni siquiera las sabremos, ni siquiera las llegaremos a conocer. Pero ese ejercicio de buscar culpables que si fue por ejemplo con esto del virus, que si fue China, fue Estados Unidos, fue Irán. Nó, espérate. Fue en un laboratorio en otra parte. eh, ahora el gobierno está manejando mal las cosas. Las está manejando bien. El partido de oposición dice una cosa. El partido en el gobierno dice otra cosa. Sí, uno no puede ser tonto, uno no puede ser ingenuo. Uno se da cuenta que hay cosas que se han manejado mal. Pero por favor, que no se nos vayan todas nuestras fuerzas solamente buscando culpables. Hay algo más importante que hacer. Más que buscar quién es el culpable, es buscar quien merece la honra y la Gloria.

Cristo hizo de esa situación. Cristo hizo de esa tragedia. Cristo hizo de ese dolor una historia de amor, una historia de salvación. Y yo siento que ese es el mensaje principal que Dios nos envía en este momento. Sí, es verdad que la humanidad es pecadora y es verdad que el pecado tiene consecuencias y es verdad que el planeta está muy contaminado y es verdad que hay mucha corrupción en la clase política y es verdad que hay intereses económicos en las farmacéuticas. Todo eso es cierto, pero ¿Te vas a pasar la vida solo removiendo la basura; te vas a pasar la vida en eso?, ¿Qué tal si le dedicas; qué tal si le dedicamos un tiempo a hacernos una pregunta diferente? La que nos pone Cristo. ¿Cómo puede brillar la Gloria de Dios en estas circunstancias? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué podemos hacer para que brille la Gloria de Dios en este momento? Hoy precisamente he empezado a difundir una encuesta en mis redes sociales y va a quedar también en, en la descripción de este vídeo Dios mediante, he puesto una encuesta para que la gente hable de los frutos positivos y la gente está respondiendo masivamente.

¿Y sabes qué está diciendo la gente? "Estamos orando más", "Estamos entrando más en nuestra reflexión personal". "Estamos comunicándonos más como familia". "Estamos redescubriéndonos como familia". "Estamos entrando en contacto con amigos que habíamos perdido hace mucho tiempo". Son solo ejemplos, solo ejemplos. Luego tú puedes mirar esa encuesta. No es lo más importante ahora, pero lo que te quiero decir es ¿Por qué no aprovechamos para buscar la Gloria de Dios? Gloria de Dios, que se manifiesta de muchas maneras. Yo creo que tú estarás de acuerdo conmigo en que, por ejemplo, las dimensiones de heroísmo de la gente que trabaja en salud médicos, enfermeras, gente que ayuda en la parte administrativa o de limpieza en estos sitios, son héroes, sacerdotes que son héroes, gente que está poniendo todo su empeño para que este tiempo no solo sea un tiempo de interiorización, sino también un tiempo que construye hábitos nuevos en nosotros.

Entonces, sí, tontos no somos, nos damos cuenta de las cosas. Seguramente hay culpables en todas estas historias. Seguro que sí, pero por favor, que no se nos vaya toda la vida buscando culpables. ¿Cómo brilla el bien aquí?, ¿Cómo podemos hacer que brille el bien aquí?, ¿Cómo podemos buscar la Gloria de Dios en esto? Yo mismo. Pero no quiero detenerme en eso. Yo mismo he sentido tanta bendición. Yo llegué del extranjero a mi país y por supuesto, me tocó cuarentena estricta. Dos semanas en una habitación. Aquí estoy en mi habitación y he visto la Gloria de Dios. He visto a Dios mostrándose y mostrando su amor en mi vida y en la vida de mucha gente. Cristo nos manda eso. Vamos a buscar cómo se puede glorificar Dios en esta situación.

Otro elemento, este lo tomo de San Agustín. El gesto de curación que utilizó Cristo fue la saliva y la tierra, hizo barro. Es un gesto que a muchos de nosotros nos va a parecer extraño. Todo lo que tiene que ver con los fluidos corporales es algo que en nuestra cultura, los fluidos del cuerpo, en nuestra cultura producen distancia, cualquiera que sean. Y eso incluye la saliva, por supuesto. San Agustín tiene una reflexión muy preciosa sobre esto. San Agustín nos dice que esa saliva representa la Palabra, y ese barro representa nuestra tierra, nuestra carne, de tal manera; de tal manera, que el hecho de que Cristo haya querido unir la saliva y el y el barro es la descripción misma de lo que es la Encarnación, la descripción misma de la encarnación. El Verbo se hizo carne, se unió la saliva con el barro, y es únicamente Cristo, el Verbo encarnado, el que unió la saliva con el barro, la palabra con nuestra carne.

Es únicamente Él el que nos hace ver, porque llegar a ver lo que nosotros no veíamos es casi imposible. Ya lo dije antes, las solas fuerzas humanas no alcanzan. Pero mis hermanos, aunque nuestras fuerzas no alcanzan, hay quien puede auxiliarnos, hay quien nos auxilia y ese es Cristo. La Palabra encarnada. Es Él y solamente Él quien puede darnos la luz nueva. Es Él, el único que puede decir: "Yo soy la luz del mundo". Y solo apegados a Él podremos cumplir lo que nos pidió el apóstol San Pablo: "Antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor". Que así se cumpla, así sea.

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