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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todos somos ?ciegos de nacimiento? porque hay cosas que nosotros por naturaleza no alcanzamos entender pero Jesús con toca nuestros ojos para abrirnos a la gracia y a la bendición.
Homilía ak04011a, predicada en 20200322, con 5 min. y 16 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Hemos llegado al cuarto domingo de Cuaresma y el tema que aparece aquí es el de la luz, o mejor, el contraste con la ceguera. El Evangelio de hoy, tomado de San Juan en el capítulo noveno, nos presenta a un ciego de nacimiento. ¿Qué reflexión puede llegar a nuestros corazones con algo tan doloroso, algo que afecta tan profundamente la vida de la gente? Imagínate un ciego de nacimiento. Pero resulta que, según el apóstol San Pablo, la verdad es que ciegos de nacimiento somos todos. Nos dice Pablo en la primera carta a los Corintios que hay cosas que nosotros por naturaleza no logramos entender. Vamos a asomarnos un poquito algunas palabras en griego. Para Pablo hay una gran diferencia entre lo que él llama el anthropos psíquicos y el anthropos neumáticos. Anthropos quiere decir hombre, ser humano. De ahí viene, por ejemplo, la antropología o el principio antrópico del que se habla en física o en ciencia. Entonces el anthropos psíquicos ¿Qué es? Psijé en griego indica el alma, es decir, la condición de ser vivo que cada uno de nosotros tiene por el solo hecho de ser humano, es decir, lo que tenemos de nacimiento. Seas o no cristiano, seas o no practicante, hayas nacido en el tiempo que sea, en la cultura que sea, pues tú tienes psijé. Tú tienes alma, es lo que tú tienes por naturaleza. Muchas veces la expresión anthropos psíquicos se traduce como el hombre natural, es decir, lo que logramos entender por naturaleza. Pero Pablo hace el contraste con el anthropos neumáticos, Pneuma en griego significa espíritu, de manera que si el anthropos psíquicos es el ser humano con su sola naturaleza, el anthropos neumáticos es el ser humano cuando recibe el espíritu, cuando llega a él la Gracia divina y cuando llega a nosotros la Gracia divina vemos cosas que antes no veíamos. Por eso digo que este Evangelio de hoy tiene una profunda aplicación a nuestras vidas, porque nosotros somos ese ciego de nacimiento. Hay cosas que por naturaleza no vemos, sobre todo en la primera carta a los Corintios, es donde Pablo desarrolla esta idea que nos está sirviendo para darle una interpretación muy bella al Evangelio de San Juan. El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma, en efecto; dice, dice el apóstol San Pablo para el anthropos psíquicos, para el hombre natural, para el hombre con sus solas fuerzas naturales, hay muchas cosas que no tienen sentido. Sobre todo algunas de las exigencias más radicales del Evangelio parecen simplemente tontas. Dice Pablo, parecen necedad para los gentiles y son escándalo para los judíos. Piensa, por ejemplo, en esto de perdonar a los enemigos, perdonar a los enemigos. O sea, me ha hecho daño y yo voy a hacer oración por esa persona. Voy a perdonar a esa persona. ¿Por qué? Lo lógico es desquitarse, darle duro, lo lógico, lo natural, lo que alcanzamos a ver con nuestros simples ojos naturales en nuestra condición natural. Pero llega Cristo a nuestra vida y empieza a enseñarnos otra manera de ver las cosas. Llega Cristo a nuestra vida y nos da la oportunidad de leer nuestra propia vida y la vida de otros de otra forma. Piensa la vida de una Madre Teresa de Calcuta. Piensa que esta mujer se ha dedicado décadas enteras, pero, es decir, la inmensa parte, la mayor parte de su vida, la ha dedicado por una cantidad de gente que parece que no vale nada y que no le importa a nadie. Parece absurdo. Nuestros ojos en las solas fuerzas de la naturaleza, no ven cuál es el propósito de eso. Y sin embargo, hay un propósito y hay una bendición y hay una Gracia. Pero solo la encontramos cuando Jesús, con su Palabra, toca nuestros ojos. Y cuando somos lavados. Porque solo con el agua y el Espíritu empieza una vida nueva. Qué bendición, qué bendición encontrar esa vida nueva, encontrarla en Jesucristo.

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