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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Evalúa lo que has recorrido en la Cuaresma y pregúntate: ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Qué es lo que no he visto en mi vida? ¿A qué he permanecido ciego?
Homilía ak04009a, predicada en 20170326, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Hemos llegado al cuarto domingo de Cuaresma, un punto que nos invita a evaluar lo que ya hemos recorrido y también a mirar hacia adelante. ¿Qué es lo que nos hace falta en esta peregrinación cuaresmal?, ¿Qué es lo que ya hemos recorrido? El primer domingo fue el de las tentaciones, como es todos los años, primer domingo de Cuaresma. Un buen recordatorio de que la vida cristiana implica combate, implica victoria sobre nosotros mismos y también, por supuesto, victoria sobre el pecado y sobre el demonio. El segundo domingo de Cuaresma, todos los años nos presenta la escena de la Transfiguración. El Cristo transfigurado nos invita a mirar más allá de la frontera de la muerte. Podemos decir que la Transfiguración es una anticipación de la meta hacia la que nos dirigimos. Porque la Cuaresma tiene una meta que es la Pascua. Esos fueron los dos primeros domingos. Los siguientes domingos tres, cuatro y cinco nos presentan en este ciclo A de las lecturas dominicales. Unos pasajes escogidos del Evangelio según San Juan. Esto es algo propio del ciclo A, que en general contiene textos de San Mateo. Pero para el ciclo A los tres domingos que he mencionado. El tercero, el cuarto y el quinto de Cuaresma tienen pasajes de San Juan. Estos pasajes son muy apropiados para hacer un camino en la fé. Son tan bien escogidos que la liturgia de nuestra Iglesia Católica permite que se utilicen incluso estos mismos textos. En otras ocasiones, es decir, en los otros años litúrgicos. Uno puede estar en el ciclo B y si lo considera apropiado, tomar las lecturas de los domingos del ciclo A, porque realmente son muy pedagógicos y son muy provechosos para comprender qué significa encontrarse con Cristo y qué significa darle a Cristo su lugar en nuestras vidas. ¿Qué es lo que tienen tan especial estos pasajes del Evangelio de Juan?, ¿Qué es lo que hace que sean tan especiales que se pueden incluso utilizar en los otros años litúrgicos, en los otros ciclos? Están mandados para el ciclo A, pero ya dije, se pueden utilizar también en el B y en el C. ¿Qué es lo que los hace tan especiales? Pues básicamente en cada uno de ellos hay un encuentro de nuestro Señor Jesucristo con una persona, una persona. En el tercer domingo de Cuaresma, ciclo A tenemos a Cristo con la Samaritana. En el cuarto domingo de Cuaresma. Es decir, el que hoy tenemos es el encuentro de Cristo con un ciego de nacimiento. Y en el quinto domingo de Cuaresma tenemos el encuentro de Jesucristo con alguien que incluso ya ha muerto, con Lázaro. La samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro. Esos son los pasajes para los domingos, tercero, cuarto y quinto de Cuaresma. Lo que sería el domingo sexto de Cuaresma corresponde al Domingo de Ramos. Y luego entramos directamente, por supuesto, a la Semana Santa. ¿Qué es lo grande entonces de estos pasajes? Que cada uno de ellos nos presenta en la historia de una persona, lo que probablemente somos todos. Todos podemos y creo yo, que debemos identificarnos con aquella mujer samaritana. Así como élla estaba sedienta de afecto, de compañía, hasta llegar incluso a un punto casi de idolatría, también nosotros, seguramente podemos identificar en nuestra vida cuál es la sed que nos ha movido. Tal vez sed de paz, tal vez sed de sabiduría, tal vez sed de riquezas, sed de placeres. O sea que el tema de la sed en el tercer domingo de Cuaresma nos invita a mirar en esa samaritana lo que cada uno de nosotros es. Lo mismo sucede en este domingo en que nos encontramos en el cuarto de Cuaresma. En esta oportunidad es el tema de la luz y la ceguera. ¿Qué es lo que yo no estoy viendo?, ¿Qué es lo que yo creo que ya conozco? Pero en realidad no sé. Recuerda lo que nos dijo Jesús al final del pasaje del Evangelio de hoy; o mejor, lo que dijo a los fariseos: "Porque ustedes creen que ven, por eso siguen en su ceguera". Entonces conviene preguntarse ¿Yo qué me estoy perdiendo?, ¿Qué es lo que yo no he visto en mi vida?, ¿A qué he permanecido ciego? Y luego, en el quinto domingo de Cuaresma vamos a encontrar a Lázaro y vamos a encontrarlo como un caso perdido. Vamos a encontrarlo en el sepulcro. Y tal vez ese caso perdido hemos sido nosotros. Tal vez nosotros hemos llegado a un punto en el que hemos soltado las amarras y hemos dicho realmente con esto no puedo, con este rencor no puedo, con esta enfermedad no puedo, con esta depresión no puedo. Bueno, aquellas cosas en las que nosotros nos declaramos muertos no son necesariamente cosas que Cristo el Señor ha de considerar invencibles. Lo que para nosotros es difícil o imposible, no lo es para Él. Él puede vencer incluso a la muerte. Entonces, en el encuentro con la Samaritana, en el encuentro con el ciego, en el encuentro con Lázaro, tenemos una preciosa catequesis que nos está demostrando quién es Jesucristo para darle su lugar en nuestra vida y para tener verdaderamente Pascua.

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