Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es el nuevo alfarero, Aquel que puede rehacer al ser humano en su profundidad y totalidad.

Homilía ak04008a, predicada en 20140330, con 16 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, siempre que escuchamos la Palabra de Dios conviene darle atención a los detalles. Es lo mismo que cuando se admira y se aprovecha una obra de arte. Hay que fijarse en los detalles, porque ahí es donde el artista deja su marca más personal. Y el artista, en el caso de la Palabra de Dios, es el Espíritu Santo y en los detalles ha dejado su firma, su sello. Esto vale para toda la Escritura, pero especialmente vale, creo yo, para el Evangelio de Juan. Por esa importancia que le da Juan a los signos. En este caso tenemos a un ciego de nacimiento y el hecho de que sea ciego de nacimiento ya es un detalle que hay que tomar en cuenta. Porque lo que una persona es de nacimiento es lo que tiene como por naturaleza. Si uno busca la etimología de la palabra naturaleza viene precisamente de nacimiento, del verbo latino "Nascor", que quiere decir nacer.

La naturaleza de una cosa, la naturaleza de un ser, es lo que tiene por origen, lo que tiene por nacimiento, podemos decir. O sea que un ciego de nacimiento es una persona que tiene una dificultad, pero es una dificultad muy profunda, es como propia de su propia naturaleza. Es algo que no se puede solucionar, es Insalvable. Y evidentemente la lectura está planteada para que nosotros nos preguntemos: ¿De qué manera, o en qué sentido nosotros somos ciegos? Porque al final de la lectura tiene esa breve conversación entre los fariseos y Jesucristo. Y el problema de los fariseos es que ellos creían que tenían una visión perfecta. -Nosotros, si vemos las cosas claras-, Jesús los corrige, los regaña, les dice: "Si ustedes estuvieran ciegos, no tendrían pecado, pero como creen que ven. . . por eso su pecado permanece". Esas palabras de Cristo tenemos que aplicárnoslas nosotros, porque entonces quieren decir que si uno cree que ve mucho, probablemente se está engañando. Y esto ciertamente sucede y sucede de varias maneras.

Hay personas, por ejemplo, que tienen algunos estudios y entonces apenas aprenden a hacer ecuaciones diferenciales en dos variables. Ya creen que con eso ya pueden sacar a Dios. Ya no se necesita a Dios. En esta semana. Por ejemplo, hubo una noticia muy interesante sobre un estudio que se hizo de la radiación de fondo del universo. La radiación de fondo del universo es la que corresponde a los orígenes mismos de todo lo que alcanzamos a conocer. Es decir, se trata de detectar ondas electromagnéticas que han viajado cerca de trece mil setecientos millones de años y uno de los periódicos de gran circulación en este país, decía que el descubrimiento que se hizo en torno a esa radiación demostraba que el universo es fruto del azar y por consiguiente, que no hay ningún creador.

Los que tenemos un poquito de preparación en física y sabemos lo que es la radiación de fondo y sabemos cuál es la huella que deja la inflación original del cosmos en la radiación electromagnética de fondo. Nos reímos de que eso se exponga en un periódico, pero hay gente que cree eso. Cree que porque estudia tres libros de física ya puede darle una patada a Dios. Hay gente que cree que porque lee dos libros de historia y se encuentra algún relato de Galileo, entonces ya puede sacar la conclusión de que no hay que volver a misa. Esa clase de cosas suceden. Entonces uno tiene que preguntarse, ese es uno de los frutos de este domingo. Uno tiene que preguntarse si uno está ciego, porque a veces uno se vuelve ciego de creer que uno sabe mucho y de creer que uno ha estudiado mucho y que por consiguiente, todos los creyentes son unos borregos y son unos tontos que no han empezado a desasnarse. Esa es una gran pregunta que hay que hacerse, ¿Cuáles son mis cegueras?

Cómo es un ciego de nacimiento, se trata de una ceguera muy difícil de vencer. La primera lectura de hoy nos da la clave sobre cuál es la ceguera más difícil de vencer. En la primera lectura está la elección del rey David. Y en la elección del rey David, el profeta encargado de esa tarea que se llamaba Samuel, se da cuenta de que una cosa es sú; sú propia mirada y otra cosa es la mirada de Dios. Él se da cuenta que a él, como persona humana le impacta el porte, le impacta la apariencia, mientras que Dios, Dios tiene una mirada distinta y en comparación con la mirada de Dios, nosotros somos unos ciegos porque nosotros nos confiamos demasiado de las apariencias. O sea que la ceguera de nacimiento que suele tener el ser humano es el fiarse demasiado de las apariencias. Y las apariencias son, por ejemplo, quien es la persona que parece más rica o la persona que parece más inteligente o la persona que resulta más útil para mis propios intereses. Las apariencias, como bien dice el refrán, engañan. En cambio, la mirada de Dios es la que aparece iluminando el corazón de Samuel.

Samuel se da cuenta que aunque David no tiene gran apariencia, el verdadero elegido de Dios es David, ¿Por qué se dio cuenta de eso?, porque la vida de David había sido una vida supremamente dura. David era cuidador de ovejas en el campo y muchas veces en el campo, cuando se presentan problemas de ladrones o problemas de ataques a las ovejas por parte de lobos, osos o leones, David había tenido que afrontar ese problema solo, y en esa soledad David había crecido muchísimo en la fé. El único aliado que David tenía era Dios, y David había crecido mucho en la fé. De manera que David no era un hombre que se fiaba de sí mismo. David era un hombre que había aprendido a fiarse de Dios. Y aunque la apariencia de David era seguramente humilde y el tipo debía estar bastante sucio y sudado ese día, Samuel ve más allá de las apariencias y ve que lo que importa para un líder del pueblo de Dios es que sea una persona que es capaz de obedecerle a Dios y que confía en Dios.

Entonces Samuel se da cuenta que su mirada es insuficiente y recibe una mirada nueva de Dios. Así que llevamos dos elementos: Primero, que uno tiene que preguntarse ¿De qué está ciego uno? Sobre todo para curarse de soberbias tontas. Segundo, que la ceguera que más tenemos los seres humanos es la de las apariencias. Cómo era la naturaleza de este hombre, el del Evangelio, como era su propia naturaleza, la que estaba defectuosa. Entonces Jesús tiene un gesto muy raro: hace barro con su propia saliva y le unta ese barro en los ojos. Ese es un gesto muy extraño, pero a partir de lo que venimos reflexionando se puede entender, porque resulta que en el libro del Génesis se describe de una manera simbólica que Dios hizo al hombre del barro de la tierra. Es un modo de expresar que somos obra suya y un modo de expresar que su mano, su poder, está muy cerca de todo lo que nosotros somos. No está lejos el poder de Dios de nada de lo que somos, de nada de nuestro cuerpo, de nada de nuestros sentimientos, de nada de nuestra inteligencia.

La cercanía que tiene el alfarero con el barro. -Hay que imaginarse esa mano untada de barro-. Esa es la cercanía que Dios tiene con nosotros. Eso nos lo enseña el Génesis. Entonces Jesús hace barro. Jesús toma la posición de Dios. Ese gesto que a nosotros nos puede parecer tan extraño, seguramente fue mucho más comprensible para las personas que estaban ahí. Podemos decir que Jesús toma el papel del alfarero y lo que está haciendo es reconstruyendo. Está rehaciendo a esa persona, puesto que su problema es "de fábrica", como diríamos popularmente. Puesto que su problema es de naturaleza, Jesús es el único que puede reformar lo que parece imposible de cambiar en el ser humano. Jesús es tan poderoso que su poder únicamente puede compararse con el poder mismo de Papá Dios. Y ese poder de Cristo para reformar es la fuente de nuestra esperanza. Porque muchas veces, ante nuestros defectos o fracasos, o ante los problemas de otras personas, sentimos que no hay nada que hacer y sentimos que las personas y tal vez nosotros mismos somos irreformables que no hay manera de mejorarnos. Pero, Cristo hace barro. Él es el que puede reformar al ser humano hasta su entraña más profunda, y el barro nuevo de Cristo logra lo que la naturaleza no le había concedido a este hombre.

El barro nuevo de Cristo es a, ése rehacer la escultura; logra el milagro. Y este hombre llega a ser capaz de ver. Llega a ser capaz de abrir sus ojos a la luz. Como ustedes se van dando cuenta. Hay muchísimas cosas que se pueden meditar de este texto. Detengámonos solamente en el último detalle, el último por hoy. Porque si vas a tu casa y abres el capítulo séptimo de San Juan, el capítulo noveno perdón de San Juan, que es donde está este texto, y si haces algo de oración, el Señor te sigue hablando a tu corazón, porque así es la Biblia, así es el poder de la Palabra de Dios. Destaquemos aquí solo un último elemento. Este hombre recupera la vista. O mejor, gana un don que no tenía. Su naturaleza ha sido reformada. Ha sido cambiada por el poder de Cristo. Pero el milagro tiene un propósito. No es solamente un regalo de misericordia. El milagro tiene un propósito que se cumple únicamente cuando este hombre ve a Jesús. El fin del milagro no es simplemente recibir ondas electromagnéticas en la retina y de ahí señales para el nervio óptico.

El objetivo del milagro se cumple al final del pasaje que oímos. Le pregunta Jesús: "¿Crees en el Hijo del Hombre?" Y el curado, el que había sido curado, responde: "¿Quién es para que crea en Él?" Y Jesús le dijo: "Lo estás viendo" El Verbo está perfectamente escogido. Este hombre, hasta ese momento de la escena, solo conocía a Jesús de oídas. Por supuesto que había oído a Jesús cuando le hizo el milagro y cuando le dijo que se fuera a bañar, que se fuera a lavar a la piscina de Siloé. Conocía la voz de Jesús, pero no conocía el rostro de Jesús. Y Jesús le ha dado la vista para que él vea el rostro, para que este hombre pueda contemplar el rostro del que tanto lo ha amado, el rostro del que lo ha curado. Y esa es la vida cristiana. Y esto también es para nosotros.

Mientras vamos de camino en esta tierra, vamos oyendo de Jesús. Mientras vamos de camino en esta tierra, vamos oyendo su voz. Y dice Él, en el capítulo décimo de San Juan -Mis ovejas conocen mi voz y me siguen-. Mientras estamos en esta tierra, estamos oyendo esa voz acostumbrando el oído a esa voz y preparando los ojos, porque llegará el momento en el que ya no solamente escucharemos, sino que contemplaremos. Para eso hemos oído a Jesús, para poder un día contemplar su rostro. Y como dice la primera carta de San Juan, cuando lo veamos tal cual es, seremos semejantes a Él.

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