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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los co-protagonistas de los Domingos III, IV y V de Cuaresma, en el Ciclo A, representan grandes búsquedas del corazón humano.
Homilía ak04007a, predicada en 20140330, con 5 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Como comentábamos el domingo pasado, el ciclo A de las lecturas tiene un orden especial en la Cuaresma. El primer domingo nos presenta las tentaciones, el segundo domingo la Transfiguración. Estos dos temas para los dos primeros domingos de Cuaresma se dan todos los años, según la versión de Mateo. En el ciclo A, según la versión de Marcos en el ciclo B, según la versión de San Lucas en el ciclo C, pero siempre el primer domingo de Cuaresma tiene que ver con las tentaciones y el segundo domingo con la Transfiguración. Son cinco domingos, el tercero, el cuarto y el quinto. En el ciclo A, que es en el que nos encontramos, nos presentan tres pasajes cuidadosamente seleccionados de San Juan. El primero de esos pasajes fue el que tuvimos el domingo pasado, el de la samaritana. El segundo pasaje escogido del capítulo noveno de San Juan nos cuenta la curación del ciego de nacimiento. Y el quinto y último domingo de Cuaresma, antes de la semana mayor, antes del Domingo de Ramos. El quinto domingo de Cuaresma. En este ciclo A va a tener el episodio memorable de la resurrección de Lázaro, la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. En los tres casos, por supuesto, Jesucristo es el protagonista, Pero en los tres casos Jesucristo está acompañado por una persona en necesidad, Jesucristo y la Samaritana, en el domingo tercero de Cuaresma. Jesucristo y el ciego de nacimiento en el domingo cuarto de Cuaresma, en el que nos encontramos. Jesucristo y Lázaro, -que ya ha fallecido-. en el quinto domingo de Cuaresma. Durante el ciclo A. De modo que el protagonista es Cristo, pero el coprotagonista, o la coprotagonista es una persona en necesidad. La samaritana, que necesita desprenderse de una vida de pecado. Pero no cualquier pecado. Es el pecado en el que cae la gente buscando donde no hay verdadera vida. Buscaba élla, agua, buscaba saciar su sed de amor; lo buscaba en el lugar equivocado y en cambio en Cristo encuentra su verdadera respuesta. Sed de amor que tiene su respuesta en Cristo. El ciego de nacimiento representa a aquél que busca la luz, que quiere, la luz que necesita la luz. Y Jesucristo aparece como el que da esa luz. En la samaritana Jesucristo aparece como el que da el agua de la vida. En el pasaje del ciego de nacimiento, Jesucristo es aquel que da la luz. Y por supuesto, en el caso de la resurrección de Lázaro, Jesucristo aparece como aquel que da la vida, aquel que vence la muerte. Jesucristo vence la sed en la samaritana, vence la oscuridad, en el ciego de nacimiento; vence la muerte en el caso de Lázaro. Jesucristo es fuente de agua viva en la samaritana. Jesucristo es luz verdadera en el ciego de nacimiento. Jesucristo es la resurrección y la vida, en el caso de Lázaro. Estos tres pasajes son intensamente cristológicos y lo que quieren es que nuestra atención, que nuestra mirada se concentre en Él. En el único en el que nuestra sed puede saciarse, el único que puede darnos una luz para guiar nuestro camino y nuestra vida, el único que puede vencer las fuerzas de la muerte y que nos puede dar la plenitud que estamos buscando. Cuaresma Tiempo para centrarnos en Cristo. Tiempo para gozarnos en Cristo. Tiempo para compartir la riqueza de Cristo.

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