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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los fariseos se extrañan de que Jesús logre algo más allá de los límites estrechos que ellos le han puesto a Dios, que para ellos es el Dios de la ley solamente. La verdad es que Cristo revela un Dios siempre mayor.
Homilía ak04006a, predicada en 20110403, con 30 min. y 3 seg. 
Transcripción:
La pregunta insistente de estos fariseos y autoridades judías se refiere al ¿Cómo? Por tres veces le preguntan al que había sido curado ¿Cómo? A ellos les interesa el proceso, la técnica, el método. ¿Cómo ha sido posible esto? Esa pregunta repetida nos obliga a reflexionar ¿Qué era lo que ellos pretendían?, ¿Será que ellos querían tener también poder para curar? No parece. No hay ninguna seña de eso. ¿Tenían algún tipo de curiosidad, llamémosla de orden científico o médico? Tampoco parece. ¿Por qué entonces preguntan con tanta insistencia?, "¿Qué te hizo; cómo te devolvió la vista?" Parece. Parece que la clave está en una parte del diálogo, cuando éllos, ya discutiendo con el ciego, dicen lo siguiente: "Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése. . . -refiriéndose a Jesús-, . . .no sabemos de dónde viene". Es decir, parece que la mente de estos fariseos funciona de la siguiente forma: -Hay un camino establecido por Dios. Ese camino es la ley de Moisés; lo que Dios le dio a Moisés, y en ese camino estamos nosotros-. Ellos se declaran discípulos de Moisés, porque antes habían dicho, al ciego: "Discípulo de ése -ni siquiera lo nombran, tanto fastidio le tienen- discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés". Y también dicen, "A Moisés le habló Dios". Entonces el esquema de éllos es: A Moisés le habló Dios. Nosotros somos discípulos de Moisés; nosotros estamos del lado de Dios. Nosotros conocemos las obras de Dios; nosotros estamos en el poder de Dios, en la bendición de Dios, este es el espacio del bien y de lo bueno. En cambio, ése, "ese tal Jesús, no sabemos de dónde viene". Parece que la pregunta que ellos repiten: "¿Cómo te abrió los ojos?", en realidad equivale a su extrañeza de que Dios obre por fuera y por encima de las previsiones y los límites que éllos le han puesto. Porque para ellos Dios está debidamente metido en un corral, y ese corral es la ley de Moisés que ellos han aprendido a interpretar, que son los únicos que ellos, que ellos conocen bien; es decir, ellos se sienten los dueños de la revelación, los dueños de la ley e incluso casi parece los dueños de Dios. Entonces, como ellos creen que conocen y entienden muy bien todo lo de Dios, entonces, ¿Cómo es que algo ha salido de nuestro control?, ¿Cómo es que se nos ha escapado algo?, ¿Cómo es que puede entrar la bondad?, ¿Cómo es que puede haber bondad por fuera del corral que nosotros conocemos y dominamos?, ¿Cómo es que puede suceder el bien más allá de nuestro control? La pregunta de ellos equivale a -¿Cómo es que Dios es más grande que nuestras previsiones, nuestros límites, nuestros planes, nuestra teología, nuestro conocimiento?- Por ahí parece que va la pregunta de ellos. Pero luego tenemos que devolvernos a otro grupo. Podemos decir otro protagonista dentro de este drama que está en el capítulo noveno de San Juan. ¿Habéis notado, hermanos, lo absurdo de la pregunta que hacen los discípulos? Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿Quién pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?", A ver ¿Qué tal esa lógica?, ¿Qué tal esa pregunta? Están diciendo que nació ciego y están diciendo que quien pecó; o es decir, nació y ya pecó. Pecar ¿Fue su nacimiento?, o mejor dicho, al nacer ya estaba pecando; fue un pecado que hubiera nacido. Qué pregunta absurda, están preguntando los discípulos ¿Quién pecó? Y aquí hay un segundo elemento que tendremos que integrarlo con lo primero que hemos dicho de los fariseos. Y ese segundo elemento es la reacción que muchos de nosotros tenemos frente a la miseria o los problemas de otros. Con mucha frecuencia nosotros lo que buscamos cuando las cosas le salen mal a alguien es quién tiene la culpa. Y eso es lo que están haciendo los discípulos aquí. Los discípulos están buscando dónde está la culpa, quién es el culpable. Es decir, para éllos el círculo de la enfermedad y la desgracia equivale al círculo del pecado. Para ellos, estos dos círculos hacen una plena intersección. Para ellos el mal es fruto del pecado. El pecado es fruto del mal. Son equivalentes el uno con el otro. Entonces, para los discípulos, una vez que se declara, una vez que se sabe quién es el culpable, pues ya no hay que preocuparse más de eso. Ya se sabe que éste es culpable. Ya se sabe que está recibiendo su merecido. Ya no tengo que preocuparme de eso. Pero Jesús rompe también el esquema de los discípulos. Jesús dice: "Ni éste pecó ni sus padres, sino es para que se manifiesten en él las obras de Dios". Lo que quiero destacar es que también para los discípulos hay un ámbito. Hay un espacio muy claro de la obra de Dios. Acuérdate, para los fariseos Dios sólo puede obrar dentro del esquema, dentro del camino de la ley de Moisés, de la cual ellos se sienten dueños. Para los discípulos, Dios sólo puede obrar dentro de aquellos que reciben su bendición, dentro de aquellos que están sanos y son prósperos. Esos son los que reciben, esos son los que están en el espacio de Dios. El espacio de Dios para los discípulos es el espacio de la salud y la prosperidad. El espacio de Dios para los fariseos es el espacio de la ley de Moisés, de la cual ellos se sienten dueños. Es decir, tanto los discípulos como los fariseos creen que conocen el actuar de Dios. Tienen un Dios bastante limitado. El Dios de los discípulos se supone que manifiesta su bendición únicamente en aquellos que están saludables y prósperos. El Dios de los fariseos se supone que manifiesta su bendición únicamente en aquellos que están conociendo y practicando la ley de Moisés. En ambos casos tenemos un Dios bastante pequeño, o sea que vamos viendo para dónde va esta lectura. Vamos viendo que Jesús está reventando esa imagen de Dios. Jesús está abriendo ese espacio. Jesús está diciendo a los discípulos más allá del espacio de la salud y la prosperidad, más allá del espacio, de las cosas que salen bien. Dios también se revela a través de la enfermedad. A través de la desgracia. A través de la contradicción. Más allá también del espacio limitado del corral en que los fariseos pretenden tener a Dios. Cristo está diciendo: -Dios se manifiesta más allá de la interpretación estrecha, mezquina, egoísta que vosotros tenéis de la luz, de la ley de Moisés-. Entonces aprendemos que en este pasaje Cristo está mostrándonos un Dios más grande y es una de las más preciosas enseñanzas de hoy. No hay espacio de la vida humana. No hay historia de la vida humana. No hay paraje de la vida humana que no pueda ser visitado por Dios y que no pueda ser ocasión de revelación del Señor. Nada escapa a su mano, nada escapa de su capacidad de transformar, de su capacidad de significar, de su capacidad de escribir las páginas más oscuras de nuestra vida, los parajes más estrechos, las dificultades más terribles, los momentos más deprimentes, son también momentos de Dios. Son también momentos donde Él sabe escribir su lenguaje. Uno tarda en descubrirlo. Seguramente nosotros estamos o en el equipo de los discípulos que Cristo tenía en ese momento, discípulos para los cuales la manera de saber si estoy con Dios es ver si las cosas me salen bien. O tal vez estamos en el equipo de los fariseos, para los cuales la manera de saber si estoy con Dios es si yo estoy cumpliendo la ley de Moisés. Tal vez estamos en uno de esos equipos. Pero Jesucristo nos está diciendo el día de hoy: -Toda área de tu vida, todo momento de tu vida, todo lugar de la sociedad, toda experiencia humana, puede abrirse de manera sorprendente al poder de Dios y puede ser ocasión de revelación-. Observemos lo que le sucedió en otro ámbito al apóstol San Pablo. San Pablo, como nos cuenta en la segunda Carta a los Corintios, tiene la experiencia de un cierto aguijón. Él habla de un aguijón y ese aguijón que le hace la vida amarga, que no sabemos de qué se trata, si era una enfermedad, una tentación o si era simplemente el acoso, el fastidio al que se veía sometido por sus hermanos de raza. Ese aguijón, San Pablo quería quitárselo de encima y le dice Dios: "En la debilidad se muestra perfecta mi fortaleza, Pablo, te basta mi Gracia". Así le habla Dios a Pablo en la segunda carta a los Corintios. Es decir, también ese paraje, también ese aspecto de tu vida, también eso que te molesta tanto, también eso que parece que no debería estar, también eso que parece que solo es fuente de problemas, también ahí Dios sabe escribir su historia. Bueno, tenemos entonces esa primera enseñanza. Cristo nos revela a un Dios más grande. Cristo revienta nuestros esquemas y Cristo hace que en las circunstancias más inesperadas, en aquellas donde creemos que Dios no tiene nada que decir ni nada que hacer, también se escriba su palabra de salvación. Ahora miremos la figura del ciego. La manera como Cristo cura este ciego es bastante extraña porque lo primero que hace es empeorar la situación. Es decir, ya no solo está ciego, sino que está embarrado. Y no solo está embarrado, sino que está embarrado con saliva. Que entre las muchas sustancias que se podrían utilizar para un milagro. Pues qué extraño este tema de la saliva, barro hecho con saliva. Podemos imaginarnos la situación ridícula en la que queda este ciego que ahora camina con ese barro en los ojos y como tiene que llegar hasta la piscina de Siloé, Seguramente tiene que preguntar varias veces. . . "Voy por aquí, ¿Dónde queda la piscina; me ayudas?, ¿Hacia dónde voy?" Todo eso paseando el barro que le han echado en los ojos. Este también es un comportamiento o una postura de Cristo que desafía nuestras convenciones y expectativas. Pero también aquí hay algo que aprender. Jesús pone este barro sobre la ceguera. En cierto sentido, hace peor la condición del que estaba ciego. Y yo creo que ahí hay algo que aprender, porque con mucha frecuencia Dios hace eso. Con mucha frecuencia parece que el Señor como que nos llevará hasta un cierto límite a un límite en el cual nosotros quedamos expuestos al ridículo. Parece que solo cuando nosotros hemos vencido el ridículo podemos encontrar la plenitud de su amor y la plenitud de su Gracia. Y sobre esto recuerdo un par de cosas. La primera de nuestra querida Renovación Carismática. Como muchos de los que hoy estamos aquí, también yo sentía que la Renovación Carismática era una casa de locos. Sentía que era una cosa ridícula. Sentía que era absurdo eso de estar aplaudiendo, levantando manos, orando en lenguas, gente que sonreía como si hubiera fumado no sé qué con una cara. Tú no has visto la cara de la gente cuando está alabando. Es una cosa que uno no sabe qué es lo que les está pasando. Y yo podría entender a muchos de los que por primera vez vienen a una reunión de estas y quizás sienten lo mismo que yo sentí. Esto es tontería. Esto es ridículo. Esto es confusión. Pero ¿Qué es lo grandioso de ese ridículo? Lo grandioso del ridículo es que te saca de ti mismo, que te saca de tu área de certeza. Fíjate. Cristo revela a los discípulos un Dios que está más allá de las expectativas de ellos. Cristo saca a los discípulos de su área de confort. Cristo saca a los fariseos de su área de confort, porque los fariseos estaban convencidos de que tenían dominada la situación. Tenían comprendida la ley de Moisés. Esa era su área en la que ellos se sentían fuertes. Entonces ya vemos un principio mucho más general muchas veces Cristo para curarnos, para sanarnos, Para llevar su obra a cabo en nosotros, necesita sacarnos de nuestra área de seguridad. ¿Qué es el ridículo? Ridículo como el que hizo este ciego; es salir del área de seguridad. Lo saca del lugar donde pedía limosna, lo pone a andar a tumbos por las calles buscando la piscina de Siloé a través del ridículo. Jesucristo está sacando a este hombre de su área de certeza y de seguridad. O dicho de otra manera, de manera positiva, lo está invitando a confiar solamente en Él. Este es el encuentro maravilloso, el encuentro con una fé que hace que yo no me apoye en mí mismo. ¿Te acuerdas que comentábamos en otra de las predicaciones cuando Moisés tiene que golpear esa piedra? A mí sí que me impresiona esa escena, porque yo me pongo en el lugar de Moisés que dice: -Bueno, aquí voy a hacer el ridículo de mi vida; aquí está esta piedra, aquí estoy yo y aquí está este palo. ¡Listos todos!- Es una cosa absurda, pero cuando Dios te lleva hasta ese absurdo, hasta ese momento, es para que confíes únicamente en Él. Es para que tú descubras que tu único apoyo es Él. Porque solo crece en la fé el que llega hasta ese extremo, hasta el extremo del ridículo. Aquí hay un mensaje, yo creo, para nosotros. Yo creo que nos estamos acomodando demasiado. Creo que nos hace falta hacer más el ridículo. Creo que nos hace falta. Es decir, mientras estamos aquí, debidamente guardados por estas paredes y todos hablamos el mismo lenguaje, pues aquí saltamos, bailamos, movemos y todos entendemos lo que está sucediendo. ¿Serías tú capaz de salir a evangelizar, por favor?, ¿Serías tú capaz de hablarle a tus compañeros de trabajo o de universidad?, ¿Serías tú capaz de hacer el ridículo por Cristo? Hacerlo, es decir, parecer tonto, vendido, retrógrado, carca y todo lo que te quieran decir. ¿Estás listo para el ridículo?, ¿Estás listo para contarle a alguien que Cristo ha hecho algo por tí? Éso, éso es creer. Creer implica salir de esa área cómoda, salir del área de confort, empezar a sacrificar algo por Jesús, correr el riesgo de que nos traten de tontos, vendidos, irracionales, oscurantistas y todas las demás cosas. Porque ya los insultos van cambiando de región a región o de país a país. Entonces esa es la fé. Bueno, ya vamos descubriendo que Jesús saca a los discípulos de su área de certeza. Para los discípulos existe una ecuación Dios igual salud y prosperidad. Para los fariseos existe una ecuación Dios igual la ley de Moisés, como la hemos aprendido y la enseñamos. Para el ciego también hay un área de seguridad y Cristo saca a todos de su área de seguridad y Cristo pone al ciego a caminar a tientas y a dar tumbos y a pedir ayuda para buscar esa agua que le ha de devolver la vista. Un último punto de reflexión. Al final, el ciego de nacimiento termina dando testimonio de Cristo. Dice él: "Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder". Ahí el ciego da testimonio. Así como antes, con el barro en los ojos, estaba haciendo el ridículo, aquí hace otra forma de ridículo. El ridículo de ponerse de parte del que ha sido descartado, del que ha sido excluido, del que es signo de oprobio, es decir, de Jesús de Nazaret. Y le sucede lo único que le podía suceder. Lo expulsan de la sinagoga. Oyó Jesús que lo habían expulsado. Lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?" Observa una cosa El ciego, cuando volvió a la vista, o mejor dicho, cuando recibió la vista, no vio a Jesús. ¿Cómo conocía este ciego a Jesús? ¿Cómo lo conocía? Por la voz. Por la voz, Jesús le dice: "¿Crees tú en el Hijo del Hombre?" Era la primera vez que el ciego veía a Jesús. Antes no lo había visto, solamente lo había oído. "¿Crees tú en el Hijo del Hombre?" Y el ciego dice: "¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?" Y Jesús le dijo: "Lo estás viendo" Era la primera vez que el ciego veía a Jesús. Y de aquí sacamos dos cosas: Primero, tener ojos es bueno. Si es para ver a Jesús; tener oídos es bueno si es para escuchar su Palabra; tener manos es bueno si es para trabajar en su reino, tener pies es bueno si es para caminar por sus sendas. Jesús le devolvió los ojos. Jesús le devolvió la vista para que este hombre pudiera verlo. ¿Para qué tengo yo un corazón? Para amar a Cristo. ¿Para qué tengo ojos? Para prepararlos a la contemplación del Hijo de Dios. ¿Para qué tengo oídos? Para escuchar su divina palabra; ¿Para qué tengo manos? Para cansarlas trabajando en su viña. ¿Para qué tengo pies? Para recorrer sus sendas; para llevar su mensaje por los caminos. Qué importante recordar que todo lo que hemos recibido del Señor ya es una invitación a servir al Señor. Pero luego está el otro elemento: primero oír y luego ver. También hay un salmo que dice: -lo que habíamos oído, lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios-. Este es el proceso de la fé. Lo dijimos desde nuestra primera charla de la fé. La primera predicación, oír y luego ver, oír de Cristo, y luego ver a Cristo actuando en tu vida. Oír el peregrinar de la fé, ver la contemplación Gloriosa en la patria celestial. También nosotros somos estos ciegos, y seremos ciegos, y no merecemos otro nombre mientras no hayamos visto a Jesús. Es decir, este ciego, ciego de nacimiento es cada uno de nosotros, y nosotros estamos oyendo de Cristo y estamos siendo curados por Cristo, y llegaremos por la bondad de Dios a la contemplación de Jesucristo. ¿Con qué nos quedamos entonces de este pasaje? Primero, que Cristo nos revela a un Dios más grande, un Dios que desborda nuestras expectativas, un Dios que va más allá de los límites que pretendemos ponerle. -Un Dios que no nos deja en la comodidad de decir el malo es un culpable, el enfermo es un culpable, el pobre es un culpable-. No nos deja en nuestra cómoda condenación, no nos deja en la búsqueda de la culpa, sino que nos pone en marcha hacia la Gloria de Dios, hacia la solución, hacia la respuesta. Un Cristo que también nos obliga entre comillas, nos obliga a través de la fuerza de su amor, a pasar por el ridículo y que sea éste entonces el desafío que nos quede. ¿Qué está frenando la evangelización en Levante?, ¿Qué está frenando la evangelización en Murcia?, en España entera. ¿No será? Que muchas veces nosotros, lo mismo que los discípulos, nos encerramos en nuestro pequeño círculo y decimos: "Y el que no se ha convertido es porque no ha querido", como quien dice, -Culpa tiene que la sufra-. ¿No será que nos estamos encerrando cómodamente como los fariseos y decimos nosotros tenemos la interpretación correcta? Los demás son unos ignorantes que no han empezado a entender nada. ¿No será que nosotros nos estamos encerrando en nuestro puesto de mendigos y se nos ha olvidado que tenemos que salir a hacer unos cuantos ridículos y a contarle al mundo que Jesús está vivo y que Él es el que ha cambiado nuestra existencia?, ¿No será que tenemos que salir un poco más así se rían de nosotros, así nos descalifiquen, así nos excluyan; como fue excluido este ciego?, ¿No será que hace falta que nos excluyan de unos cuantos lugares para que empecemos a predicar con más fuerza, a testimoniar, con más amor, con más alegría? Siempre me ha impactado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cómo cuando se inició la gran persecución, aquella en la que murió el apóstol Santiago, patrono de España, cuando se inició esa terrible persecución, salieron de Jerusalén, pero salieron a predicar. A veces es necesario que me perdonas la expresión la patada que te da el mundo, te lance a predicar. A veces necesitamos que el mundo nos dé unas cuantas patadas. A veces necesitamos que el mundo diga -es que no te quiero-. Y entonces dice uno: "Entonces ya nada te debo. Y ahora soy libre y ahora puedo predicar". Acuérdate lo que le sucedió a San Francisco cuando le dice el papá. -El papá era un gran comerciante- Cuando le dice el papá a Francisco: "Es que ya no eres hijo mío", y dice Francisco: "Entonces ahora tengo un Padre que no se me muere" y se aferra y se amarra con amor al Padre Celestial y queda libre. A veces necesitamos que nos den una patadita o una patadota. A veces necesitamos que nos excluyan de la sinagoga. A veces necesitamos que el mundo nos excomulgue. A veces necesitamos que los amigos nos den la espalda. Y así, desatados, sueltos, libres, seremos capaces de llevar mucho más lejos el mensaje de salvación. Si estas palabras son para vuestros grupos, si estas palabras son para la renovación. Bendito sea Dios y a Él la Gloria para siempre. Amén.

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