Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ver que no estamos viendo para encontrarnos con Jesús.

Homilía ak04004a, predicada en 20080302, con 20 min. y 13 seg.

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Transcripción:

A veces se dice que la Biblia carece de sentido del humor. Yo me permito estar en desacuerdo. Hay muchos pasajes en los que aparece un tipo muy sutil de humor, y uno de esos pasajes es este capítulo nueve del Evangelio de Juan. ¡Qué tal esa pregunta qué hacen los discípulos! Los discípulos de Jesús: ¿Maestro, quien ha pecado, él o sus padres para que haya nacido ciego? Es decir, que según ellos, este hombre, allá en la barriguita de la mamá, ya había pecado tan gravemente que Dios lo había condenado a que fuera ciego de nacimiento. Ellos admitían esa posibilidad. Es ridículo, da risa. Pero detrás de esa risa hay un descubrimiento interesante y es la manera tan cómoda como uno se desentiende del problema de los demás.

Cada vez que uno se preocupa de buscar quién es el culpable en una situación. Uno está bastante interesado en quitarse el problema uno. Una cosa es solucionar un problema y otra cosa es buscar un culpable, y casi siempre, cuando uno busca el culpable, lo que está buscando es no solucionar el problema, porque encontrar a un culpable es encontrar a una persona en la cual podemos desahogar nuestra frustración, desengaño, tristeza o ira; ya encontramos quién es el culpable o quiénes son los culpables y entonces nos vamos contra ellos; a la vez, esa manera de pensar y de hablar le permite a uno sentirse el bueno.

¡Qué desgracia que ese hombre sea ciego, pero se lo tiene ganado porque pecó en la barriga de la mamá!, ¡Qué desgracia que ese hombre sea ciego, pero se lo tiene ganado esa señora porque algún pecado hizo, y ahí está que por eso le salió el hijo ciego!. Y ahí queda el problema afuera, ahí queda el pecado lejos de uno. Y uno se declara a sí mismo inocente. Yo soy bueno.

La maldad está allá: con los comunistas, con los capitalistas, con los ricos, con los pobres, con los ateos, con los secularistas, con los musulmanes; el problema está allá; todos esos degenerados, violentos, terroristas, explotadores; ellos son los culpables, nosotros somos los inocentes. Y este esquema lo repite uno muchísimas veces, muchísimas, para todo.

Cuando se cumplieron quinientos años de la llegada de Cristóbal Colón a las tierras de lo que hoy llamamos : América, eso fue muy interesante, Yo me acuerdo. . . Bueno, ese año fue muy importante en mi vida, por supuesto, pero lo que quiero mencionar ahora es, que la gente decía: -Claro, nosotros, o sea, los indígenas, estábamos bien, estábamos muy bien aquí-, en mi tierra las tribus que hay son los Quimbayas, los Muiscas, los Caribes y algunos otros, los Pijaos, en fin. Entonces, por ejemplo, en la parte donde está Bogotá estaban los Muiscas y la gente se sentía inocente. -Nosotros los Muiscas, tan bien, que estábamos, ¡hombre!, y llegaron esos españoles y arrasaron con todo, se llevaron el oro para Europa, para soportar las guerras que Europa tenía contra los imperios de esa época, y nosotros fuimos maltratados-.

Es decir, por supuesto que hubo mucho maltrato y hay muchas injusticias, y hay muchas crueldades en el mundo. Pero lo que quiero destacar es esa actitud del -buen indígena-, ¿no? el indígena inocente. Un estudio mucho más detallado de la realidad anterior a la llegada de Colón revela un cuadro completamente diferente. Todo parece indicar que donde hay seres humanos más o menos aparecen siempre las mismas miserias, las codicias y la violencia, con distintas expresiones, con distintas formas.

Entonces, el primer punto de reflexión que quiero compartirles hoy es ese, porque esa es la ceguera fundamental. Y el tema de este domingo es ese: La luz y las tinieblas, la capacidad de ver y la terrible posibilidad de negarse a ver, que es en lo que termina precisamente el Evangelio de hoy, cuando Jesús dice: -Si el problema de ustedes fuera un problema de ojos, ustedes no tendrían problema, el problema de ustedes es que creen que ven-. Hay un refrán que dice: -No hay peor ciego que el que no quiere ver-. Jesús dice algo parecido aquí: "No hay peor ciego que el que cree que ya está viendo". El que cree que ya ve es el que no descubre, que no está viendo, que le hace falta ver.

Porque el comienzo de la conversión y el comienzo de la luz es ver que uno no ve, ahí empieza a sanarse la ceguera. Por consiguiente, cuando los discípulos decían: -Seguro que ese pecó cuando estaba ahí, en la barriga de la mamá, quién sabe qué pensamientos tenía, quién sabe qué dinero quería reunir, quién sabe qué resentimientos tenía ese feto allá y por eso nació ciego-, cuando ellos toman esa actitud, lo que están haciendo es -no ver-. Ya me quité el problema de encima, el mal está allá, soy inocente, soy inocente.

Entonces el comienzo de la sanación es ver que uno no ve. A esto nos ayuda la primera lectura que presenta un pasaje un poco interesante cuando fueron a buscar al ungido del Señor, al que Dios había elegido, mejor dicho, el profeta Samuel es encargado de esa misión, ir a buscar en la familia de un hombre llamado Jesé, cual entre sus hijos era el elegido de Dios. Y resulta que Jesé empieza. . . , se pone muy contento, por supuesto, y empieza a llamar a sus hijos, empezando por el mayor que era su orgullo. Y luego bueno, si ese no fue, entonces el otro y el otro, y ahí le va trayendo todos los hijos, pero se le olvida uno, uno al que parece que ni siquiera consideraba como hijo suyo por alguna razón; ese se llamaba David, ese es el famoso rey David.

Y tan es verdad que no lo consideraba hijo, que ni siquiera estaba en la casa. Tenía un oficio, era como un empleado y ciertamente un empleado de poca categoría. Porque sabemos que los pastores, en estos tiempos bíblicos, en estos tiempos de la Biblia, los pastores tenían pésima fama y peor trato. De manera que David estaba por allá lejos y Samuel dice un momentico: ustedes no se han dado cuenta . . ., y dice esta frase que es fundamental:, -Dios no mira como mira el hombre-.

Entonces las dos frases que tienen que ir quedando en nuestro corazón en este domingo son, primera: La sanación de la ceguera empieza cuando yo veo que no veo, o sea, cuando me doy cuenta que no me estoy dando cuenta que no me he dado cuenta de muchas cosas. Cuando por fin percibo que estoy ciego, ese es el comienzo de la sanación. Ese es el comienzo de la luz.

Y la segunda idea es: Dios ve más de lo que yo veo. Dios tiene mejores ideas que las mías; es algo que también hemos repetido algunas veces en estas predicaciones. Dios conoce muchas más cosas. A Dios se le puede ocurrir otro plan mejor para mi vida. Con esa clase de frases lo que uno está haciendo es cómo descongelar el corazón. Lo que uno está haciendo es como abrir el espectro de posibilidades y decir: Oiga, es que Dios también puede pensar otras cosas. Y cuando uno admite que Dios puede tener otras ideas, entonces pueden llegar a suceder cosas maravillosas.

Esas cosas maravillosas son las que llamamos conversión. Cuando uno admite que Dios puede tener una idea bien diferente y es lo más hermoso del amor de Dios, lo que llega a conocerse en cada conversión. Jesús entonces, sana a este hombre de su ceguera. Pero por la manera como se realizó el milagro, el hombre solo conocía la voz de Cristo; porque claro, cuando él fue a lavarse a ese lugar, ahí no estaba Cristo, él solo había oído a Cristo y no lo conocía de vista, pues obviamente porque era ciego.

Y aquí viene lo interesante, porque junto con la recuperación de la vista de su cuerpo, también este hombre empieza a ver otras cosas que antes no conocía. Por ejemplo, empieza a ver la cobardía de sus papás, empieza a ver la posición cómoda y al mismo tiempo arrogante de los fariseos, empieza a ver sobre todo que él tiene que apersonarse, que él tiene que tomar su propia postura. Notemos cómo al principio él hace una descripción de la curación únicamente como en términos externos. ¿No? . . , -Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo puse sobre los ojos, me lavé y vi-. Es una descripción así, únicamente exterior, como el que cuenta lo que hay que hacer con una receta o cómo reparar un carro: Haga esto, luego haga esto, luego lávelo y listo, queda viendo. En cambio, al final de este mismo pasaje, ya él se implica, ya él toma una postura.

Miren cómo le habla a los fariseos: -Esto es lo asombroso. Ustedes no saben de dónde es, pero me abrió los ojos. Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que honra y cumple su voluntad. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada-; él tiene junto con la recuperación de la vista, él tiene la llegada de esa luz espiritual que le permite reconocer que Cristo no es simplemente un curandero, no es simplemente un médico con grandes habilidades.

Este Cristo aquí queda descrito con las siguientes palabras: -Cristo es aquel que honra a Dios y cumple su voluntad, Cristo es aquel que viene de Dios- Y así, junto con la luz en los ojos de su cuerpo, recibe una luz inmensa en su corazón, una luz en lo profundo de su ser.

Lo echaron los fariseos, porque esos veían demasiado, ellos estaban demasiado seguros. Esta es otra enseñanza parecida a lo primero que dijimos: Hay que tener uno mucho cuidado, de estar demasiado seguro de las cosas, porque los que están demasiado seguros no tienen nada que aprender, porque precisamente ya lo saben todo. Entonces pueden estar ciegos.

Lo echaron de la sinagoga y se encuentra con Jesús. Y Jesús le pregunta si cree Y ¿quién es ese Jesús? "Soy yo el que te está hablando" . Observemos, hermanos, el paralelo que hay entre esa expresión de Jesús y lo que escuchábamos hace ocho días con la samaritana. La samaritana había dicho también; -¡Pues si! cuando venga el Mesías, por allaaaa cuando venga el Mesías, ese va a aclarar las cosas-. Y Jesús le dijo: "Soy yo" . Lo mismo pasa aquí, Jesús le dice: ¿Crees en el Hijo del hombre?, El ciego que había sido curado responde: ¿Quién es?, Jesús, le dice: -Es el que te está hablando-. Es decir, el lenguaje que la Iglesia quiere que nosotros aprendamos con estas lecturas preciosas de Cuaresma es que este es el tiempo para encontrarse con Jesucristo, encontrarse con Él hasta poder uno decir, como dijo la samaritana: -Miren, miren, hay alguien que me dijo todo lo que yo he hecho- o hasta poder decir lo que dijo el ciego de nacimiento: -Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Lo asombroso es que ustedes no saben de dónde es, pero me abrió los ojos-.

Tanto la samaritana como este ciego de nacimiento tienen una experiencia directa, podríamos decir, una experiencia inmediata, personal, una experiencia intransferible, una experiencia total del encuentro con Jesucristo. Y esa experiencia es la que los cambia. Eso es lo que nosotros también podemos pedirle, debemos pedirle a Dios en esta Cuaresma: -Señor, dame esa experiencia total de tu poder, de tu amor, de tu luz. Haz que yo pueda ver-. Y entonces el hombre esté, cuando se encuentra al final con Jesús, termina diciendo: -Creo, Señor-, y se postra ante Jesús. Esa es la actitud a la que finalmente hemos de llegar nosotros. -Ese creo-.

Quiero hacer una última anotación que ustedes me disculparán, pero que tiene que ver con el mundo científico en el que crecí en mi juventud, porque yo también tuve veinte años y cuando yo tenía veinte años yo estudiaba física en la Universidad Nacional, allá en Colombia. Algo he conocido de ese rigor de la ciencia moderna y uno ve que para muchas personas la ciencia es como la luz. Por eso se habla del periodo del enlightment, la ilustración, la luz y se quiere presentar a la razón, sobre todo la razón científica, como la luz. Eso sí es claridad.

Mientras tanto, cuando la Iglesia tenía como demasiada preponderancia aquí en Europa, es decir, en la Edad Media, eso se habla como: la época oscura, el oscurantismo de Dark. Medieval Times. Esa es la parte oscura. En cambio, llegó la luz. Fíjate ese lenguaje que es el lenguaje, podríamos decir más común, el lenguaje oficial con el que se presentan las cosas en nuestro tiempo. Y uno ya se ha acostumbrado a eso, a que cuando le hablen de iglesia, a uno le llegue como mal olor de incienso rancio, catedral cerrada, monje, sospechosos, inquisición, opresión contra los pobres inocentes, los científicos encarcelados, Galileo torturado y otra cantidad de cosas; la gran mayoría de las cuales son simplemente mentira; pero una homilía no es el lugar para empezar a desarmar todas esas mentiras.

La fe se presenta como una oscuridad, mientras que la razón, la ciencia, la tecnología, son la luz, la ilustración. Por fin la humanidad se levantó sobre sus pies y sacudió toda esa mentira. Los fundadores del comunismo, empezando por supuesto, por Feuerbach, Marx, Engels, Lenin. Ellos hablaban ese mismo lenguaje: la fe, la Iglesia, la casa de las tinieblas, la oscuridad, en cambio, la ciencia, esa es la luz. Por eso Marx decía que su teoría de la sociedad y de la historia era comunismo, pero ojo, comunismo científico, para que se sepa que esto no es el idealismo de Proudhon o de Saint-Simon, no, este es aquí, esto es el comunismo científico, esto aquí es la ciencia, esta es la luz, aquí sí está la luz.

Muy interesante eso, porque nos han vendido esa idea que creer, es oscurecer la mente, que la fe es para los que no les da la cabeza para pensar. La fe es para aquellos que están tan frustrados, tan derrotados por la vida, como diría Friedrich Nietzsche, -están tan derrotados por la vida que no les queda más sino meterse en una iglesia vieja a encender veladoras, veladoras y a rezar por los enemigos, ya que no pudieron vencerlos-.

Esa es la idea que le quieren presentar a uno. Vaya usted al cine pagando unas sumas astronómicas, porque esas boletas son carísimas. Vaya usted al cine y mire cómo aparece la Iglesia, la fe, si es que aparece ahí y siempre es eso cuando va a aparecer la Iglesia es un personaje encorvado, con su capucha aquí y un velón, eso es un monstruo de la Inquisición. Y resulta que aunque hay por supuesto personajes muy oscuros y todo tipo de degenerados ha habido en todas partes y la Iglesia tiene su cuota de degenerados también. La realidad que aparece en la Biblia es muy diferente y la experiencia que millones y millones de personas tenemos de la Iglesia y de la fe es muy diferente.

Y yo puedo decir a título personal que lo que yo he encontrado en Jesucristo es un espacio maravilloso de libertad, es un corazón que no tiene fronteras, es un modo de amar que yo creía que solo se podía soñar, pero que existe. Lo he visto en Él y lo he encontrado en los verdaderos discípulos de Él. Eso fue lo que vio este señor al que no solo le curaron los ojos, sino que le iluminaron el corazón. Eso fue lo que él vio. Y el acto de fe aquí no consiste en que este ciego de nacimiento negó la ciencia, negó la razón. ¡No!, la fe, nos dice Santo Tomás de Aquino, no es una negación, sino una perfección de la inteligencia. Pero ese sería tema para otra reflexión.

En todo caso, yo aquí, con mis caricaturas y mis gritos, lo que quiero es despertar a ustedes en el sentido de estar atentos a toda esa mentira, porque los programas, la gran mayoría de los programas que pasan por Discovery Channel, por History Channel y los especiales de la BBC, la inmensa mayoría de los programas que pasan cuando se refieren a la religión van a hablar continuamente, machaconamente de la religión como una fuerza de oscuridad, como algo de lo cual hay que huir. Y esa acusación ha tenido éxito en apagar la fe de mucha gente.

Pero bueno, nosotros, alimentados por estos testimonios y sobre todo por nuestra experiencia del encuentro con Cristo, estoy seguro de que vamos a tomar un ritmo y una vía diferente.

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