Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz.

Homilía ak04003a, predicada en 20020310, con 23 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Nuestra Santa Iglesia quiere que hoy. Meditemos y saquemos mucho alimento espiritual sobre esta comparación entre la luz y las tinieblas. Fíjate cómo las tres lecturas tienen que ver con esa comparación, con ese contraste que hay entre la luz y las tinieblas. La luz es aquello que está claro, es aquello que no se esconde, es aquello que es verdadero. Las tinieblas son aquello que se oculta, son el terreno de la mentira, del engaño, de la ignorancia y del miedo. Dice San Pablo en la segunda lectura. En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora unidos al Señor, son luz. Esa palabra está perfecta para el encuentro que hemos vivido por la misericordia de Dios.

Los testimonios que hemos escuchado aquí son eso, cada, cada vez que alguien ha dicho: -Quiero dar un testimonio-, lo que nos ha estado contando es esto que dijo San Pablo: "Mi vida era tiniebla". Tiniebla significa confusión, significa engaño, significa miedo, significa ignorancia, significa falsedad. -Mi vida era tiniebla-. He encontrado a Jesús o mejor, Jesús me ha encontrado y ahora siento luz. Y cuando una persona da un testimonio, es tanta la luz que sale que hasta sus propios pecados los toma Dios para convertirlos en luz. Y eso fue lo que nos dijo el apóstol San Pablo en la lectura. Dijo, dice aquí que . . . "Todo lo que es iluminado por la luz, se convierte en luz". Si una persona, por ejemplo, vivía en adulterio, eso es tiniebla. Pero si una persona se convierte y da testimonio y dice yo vivía en adulterio, hasta ese puerco pecado del adulterio, se convierte en ocasión para que brille la luz de Cristo.

Por eso es muy cierto lo que dice San Pablo, muy cierto. -Todo lo que es iluminado por la luz, se convierte en luz-. A veces uno se angustia por el pasado que ha tenido. ¿Cómo es posible? Yo, ¿Cómo podré responder ante mi familia por todo lo que he hecho? ¿Qué dirá Dios de mí? Tantos años de oscuridad, tantos años de tiniebla. San Pablo viene en auxilio nuestro y nos dice -Mira, todo lo que es iluminado por la luz, se convierte en luz-. Como esta es una enseñanza que no se predica mucho en la Santa Iglesia, yo quiero dar otros ejemplos de la Biblia y de fuera de la Biblia. Acuérdate del caso de la mujer samaritana. Ese es el Evangelio que escuchábamos el domingo pasado. La mujer samaritana no llevaba una vida luminosa. Llevaba una vida sucia, una vida de pecado. Y Jesús le mostró que élla estaba en pecado.

Le dijo: "Cinco maridos has tenido, y ése que tienes ahora tampoco es tu marido". Ella no llevaba una vida luminosa, pero llegó la luz de Cristo a élla. Y ustedes recuerdan lo que hizo esta mujer después de encontrarse con Cristo, fue al pueblo, ese pueblo donde todo el mundo la conocía y seguramente la rechazaba y la odiaba. Pues allá fue esa mujer. ¿Y a qué fue? Ella fue a dar testimonio, y mira con qué palabras: "He encontrado un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho". ¿Qué hizo esa mujer? Tomó su propia vida. Tomó su propio pasado sucio. Y con ese pasado sucio levantado en alto, proclamó la Gloria de Cristo. Manifestó que había Gloria, verdad y luz en Cristo. Es decir, ella convirtió las tinieblas de su pasado en una luz. Por eso, amigos, nosotros no tenemos que desesperar de nuestro pasado. El pasado es pesado cuando Cristo no ha llegado. El pasado es pesado cuando Cristo no ha llegado. Cuando Cristo ya llegó, Él mismo con la misma fuerza con que levantó la cruz, Él mismo levanta nuestro pasado. Él mismo.

Y Él convierte toda la tragedia de nuestro pasado. La convierte en una preciosa ocasión de manifestar la Gloria de Dios. De modo que toda esa vida de miseria que llevaba la samaritana se convirtió en una oportunidad para proclamar la Gloria de Dios. Otro ejemplo: San Pablo. Sabemos qué vida llevó San Pablo. San Pablo no era un borracho, ni era un traficante, ni era un ladrón. Pero el pecado de San Pablo era grande. Su orgullo era gigantesco. Y dice él: "Yo fui un blasfemo y un furioso perseguidor". San Pablo persiguió a la Iglesia de Dios, la persiguió con saña. Eso está en el pasado de él. ¿Y qué pasó? Que el pasado no es pesado cuando Cristo ha llegado. Él en vez de desesperarse. ¡Dios mío. Dios mío! Yo ayudé a matar cristianos. ¿Qué hago?, ¿Qué hago ahora?, ¿Qué será de mí? Él no entró en desesperación. ¿Él Qué hizo? Tomó ese pasado y en todas partes convirtió el pasado sucio, en la carta de presentación. Y entonces, si lo escuchamos en los discursos de los Hechos de los Apóstoles, si lo escuchamos en la carta a los Gálatas, si lo escuchamos en la primera carta de Timoteo.

¿Qué palabras encontramos? Palabras impresionantes. Dice San Pablo: "Dios quiso perdonarme a mí el peor de los pecadores, para manifestar en mí el tamaño de su misericordia". Es decir; en vez de desesperarse diciendo: -Yo hice, yo encadené cristianos; yo ayudé a matar a Esteban. Yo hablaba mal de Cristo; ¿Qué será de mí; Y ahora ese Cristo sí me podrá salvar?- En vez de entrar en esa desesperación, ¿Qué hizo?, lo que hizo fue tomar ese pasado y decir: "Hermanos, esto fui yo. Y eso que yo fuí, Dios lo ha transformado. Solamente Él podía cambiarme y me cambió y la Gloria es para Él". Eso se llama aprovechar la basura del pasado para que dé Gloria a Dios. Y eso es lo mismo que nosotros estamos llamados a hacer, exactamente lo mismo. Nuestro pasado tal vez está lleno de basura, tal vez, pero con esa basura tú puedes hacer letras y tú puedes escribir con esas letras un mensaje de pureza, un mensaje de verdad, y un mensaje de amor.

En la iglesia primitiva. Todo el mundo sabía que el apóstol Pedro había negado a Cristo. ¿Y cómo obró Pedro? -Dios mío, Dios mío! Yo negué. Yo negué a Cristo en el peor momento. Yo lo negué- Nó, él no se dejó llevar por la desesperación. Más bien, si leemos la primera carta de Pedro, ¿Qué es lo que él dice?, él dice que: "Cristo, como oveja llevada al matadero, enmudecía y no abría la boca. . . . Y dice: . . . .y esas heridas de Él. . . -Y no eran solamente las heridas de su cuerpo, era también la herida de la traición. Dice Pedro esas heridas de él . . . .nos han curado a nosotros". Es decir, él toma las miserias de su vida y las convierte en una ocasión de dar la Gloria a Dios. Por eso no se nos puede olvidar lo que nos ha dicho San Pablo: "En otro tiempo Ustedes fueron tinieblas, ahora son luz en el Señor. Unidos a Cristo son luz".

¿Y qué voy a hacer con todas las tinieblas de mi pasado? Toma todas esas tinieblas, y conviértelas en un lenguaje para dar testimonio de lo que Dios ha hecho por ti. Jamás te desesperes por tu pasado. Nunca. La Biblia tiene una paz tan grande para referirse al pasado de las personas. Nunca te desesperes. Pero hay otra cosa, de pronto más profunda. En la carta a los Colosenses leemos una expresión que utiliza el apóstol San Pablo dice que -Nuestro Señor Jesucristo arrebató de en medio de nosotros la nota, el papel que nos acusaba con todas nuestras culpas, la arrebató de en medio de nosotros y la clavó en la cruz-. Eso es muy bonito, eso es muy bello. Había un documento, había un papel que tenía todas nuestras miserias. Ese papel que de pronto pesa en tu conciencia o te sale en tu conciencia por el mal que hiciste o por el bien que dejaste de hacer. Y eso pesa en la conciencia, ese documento. Y nos dice San Pablo: "Cristo con su mano poderosa, arrancó ese papel de en medio de nosotros y lo ha puesto en la cruz".

Y por eso dice también San Pablo -¿Y ahora quién nos podrá condenar?- ¿Acaso Dios, que mandó a su Hijo para remisión de nuestros pecados?; ¿Acaso Cristo, que por nosotros murió? Es tan grande, hermanos, la paz que se siente cuando uno dice toda, toda la nota acusatoria, todo lo que pudiera estar en contra mía, todos esos documentos, Cristo los arrancó de mi vida y los ha puesto en la cruz. ¿Para qué?, ¿Para qué están mis miserias en la cruz? Mis miserias son estas manchas rojas que ustedes ven en esta imagen. Esas son mis miserias, estas manchas rojas, sangre viva, estas son mis miserias. ¿Por qué están mis miserias ahí, ahí? ¿Por qué las puso ahí? Por tres razones. Primera razón: Para que yo sepa lo terrible que es el pecado y la consecuencia que trae. Segunda razón: Para que el demonio sepa cuánto me ama Dios. Y tercera razón: Para que yo comprenda qué respuesta tiene Dios a mis angustias y a mis miserias.

Cuando le pregunten a usted, oiga, y todo eso, que usted hizo; toda esa vida sucia, inicua, criminal suya. ¿Qué, eso qué, no cuenta?. Usted tiene que responder: "Toda mi vida, todo mi pasado; ¿Usted quiere ver todo mi pasado? Venga, se lo muestro. Venga, le muestro. Mire. Mire aquí. Y aquí. Y aquí. Ahí está todo en mi pasado. Ahí está todo mi pasado. Ahí está, en esas llagas. Ahí está". Por eso yo les confieso una cosa. A mí me gustan las imágenes de Cristo donde aparecen sus llagas y hay una historia tan bonita. Resulta que en la ciudad donde yo vivo, en Villavicencio, Colombia, hay una mujer, hay una pintora. Élla pinta muy bien, distintos temas, paisajes, frutas, casas, en fin, distintas cosas. Y a esta pintora se le ocurrió pintar un Jesús, oye, y le quedó realmente bello, una imagen hermosa de Jesús. Invitó a una amiga suya y le dijo Mira, quiero que veas el cuadro que pinté. Y mi amiga entró y miró el cuadro y dijo: "Ese no es Jesús, ese es Juan Bautista. . . . Y la otra, -¿Qué?, ¿Cómo; por qué?- y dice: . . . yo conozco las huellas de mi amado. Son sus llagas. Este no tiene llagas. Este debe ser Juan Bautista, porque éste no tiene llagas. El amor de mi alma, Mi amado tiene llagas". -Mi Amado tiene llagas-. Esa frase es linda y hay que decirla y hay que decirla con orgullo y hay que decirla con paz. "El amor de mi alma tiene llagas, tiene llagas, porque hasta ese precio me amó. Hasta allá llegó su misericordia por mí. Y en esas llagas está mi pasado. Ahí está todo lo que yo he sido". No se le olvide nunca, amigo. -El amor de mi alma tiene llagas y ahí está todo mi pasado. Todo lo que yo he sido, ahí está, ahí está entero-. De manera que dice el apóstol San Pablo, dice: "Todo lo que es iluminado por la luz se convierta en luz, incluyendo las miserias de nuestro pasado".

Cuando se oye que un hombre maltrató niños o abusó de niños, esa es una miseria terrible. Pero cuando ese hombre reconoce esa miseria, y cuando ese hombre, desde ese reconocimiento manifiesta cómo Dios ha tenido poder en su vida, entonces la cosa es muy distinta. Yo les digo amigos, confesando nuestras miserias, en primer lugar en la Confesión Sacramental, pero también cuando haya que dar testimonio, Confesando nuestras miserias, estamos obligando a Satanás a reconocer el reinado de Jesucristo. Me explico: Ustedes saben, amigos, que Satanás es una serpiente astuta y no quiere perder nada y no quiere perder nunca. Cuando Satanás presiente los pasos de Jesús, a quien le tiene terror, intenta no perder su presa. Pero si de todas maneras la persona se convierte a Jesús, entonces Satanás trata de no perder todo, trata de conservar algo y ¿Sabes cómo intenta hacerlo? Más o menos haciéndote este dibujo.

Mira la línea aquí de esta mesa. Mira la línea. Esta es la línea de la mesa. La línea de la mesa es la línea de tu vida. Y aquí donde está esta otra línea vertical, vamos a decir que es el día de hoy, el día en que te convertiste a Jesucristo. Aquí está el día de hoy y esta es la línea de tu vida. ¿Sabes qué estrategia quiere utilizar Satanás? Satanás quiere utilizar esta estrategia: -Bueno, hagamos de cuenta que tú disque que te vas a convertir a ese tal Jesús. Eso será de aquí para allá; pero todo este terreno me pertenece a mí-. Esa es la estrategia del diablo. -Todo este terreno, todo esto, me pertenece a mí. Porque ahí tú eras un bellaco y ahí tú eras un miserable. Y todo eso me pertenece a mí-. Como quien dice: Sí, esta es la línea de tu vida. -Esta es la línea de tu vida-. Un buen pedazo pertenece al diablo. Pues ahora le tengo una noticia maravillosa para usted y terrible para el diablo.

Cuando Cristo llega a una vida, ¡toda la vida entra a pertenecer a Cristo Toda! Porque ¿Por qué entra a pertenecer a Cristo toda la vida? El día de hoy, porque hoy le dije que sí, el día de mañana, porque Él me lo va a ayudar a vivir. Y el día de ayer, porque siempre que yo hable de ayer, hablaré de lo que Él hizo por mí. Todo, todo le pertenece a Él. Todo, Todo, Todo. Por eso el verdadero cristiano siente una gran paz con su pasado y siente una gran paz con su futuro. Una profunda paz. Hubo una mujer, entiendo yo, que élla era alemana, fundadora de una comunidad, una pequeña comunidad de religiosas. Esta mujer no llevó una vida muy piadosa y a élla la atormentaba mucho el pasado, lo que había hecho, lo mal que había vivido tanto tiempo que se había negado al amor de Dios. La atormentaba mucho eso. Hasta que el Espíritu Santo le enseñó esta oración: "Señor, mi pasado está en tu misericordia. Mi presente está en tu Gracia; y mi futuro está en tu providencia".

Es tan lindo. -Mi pasado, en tu misericordia. Y si el demonio quiere averiguar alguna carpeta, algún archivo de mi vida, que lo busque en las entrañas del corazón de Cristo Él no se asoma por ahí-. Mi pasado, mi pasado está en este archivador. Mi pasado está en el corazón de Jesús. Ahí están mis carpetas. Ahí está todo lo que yo he sido. Ahí está mi pasado en la misericordia. Mi futuro, ¿Qué será de mí, y ahora? ¿Y ahora qué será de mí? Dios tiene una respuesta. Mi futuro está en la Providencia. la Providencia. Un gran predicador, Fray Luis de Granada, decía: "Dios, que te trajo hasta aquí, ¡No te va a dejar aquí! " Dios tuvo que caminar mucho y sufrir mucho para que tú llegaras hasta aquí. No te va a dejar aquí.

Dios es providente, ¿Cómo voy a dar testimonio?, ¿Cómo voy a hacer?, ¿Qué va a pasar conmigo? Nada. Tu futuro está en la Providencia. Vuelve a mirar la línea. Tu pasado en la misericordia. Tu futuro en la providencia y tu presente en la Gracia. Todo es de Cristo, Todo, todo es luz, porque todo lo que es iluminado por la Luz se convierte en luz.

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