Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Descubrir a Cristo como agua de vida, como luz verdadera y como verdadera vida.

Homilía ak04002a, predicada en 20010325, con 8 min. y 4 seg.

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Transcripción:

La semana pasada estábamos escuchando el relato de Jesús con la samaritana. Una mujer que había sido maltratada por la vida. Una mujer que se encuentra con Jesús y que llega a creer en Jesús, llega a la fé en Jesús. Cuando Jesús le habla a esta mujer. Y le muestra la vida que ella está llevando. Entonces ella dice: "Veo que eres profeta". Y el ciego que fue curado. Cuando los fariseos le preguntaron: "Bueno, y ¿Tú qué dices de ese señor que te curó?" El ciego dijo que . . . "Es un profeta; un enviado de Dios". -Esto viene de Dios-. Y al final, el ciego, cuando ya puedo ver a Jesús; porque sobre todo para eso le sirvieron los ojos. Entonces le dijo: "Creo, Señor", y se postró ante Él.

Es decir, que la semana pasada encontrábamos cómo una mujer que era víctima del pecado, de su pecado, de los pecados de los demás, porque era una mujer que llevaba una vida mala, una mujer que era víctima del pecado, que estaba oprimida por el pecado, se encuentra con Jesús. Descubre en Jesús un profeta y llega a creer en Jesús. Y tanto creyó en Jesús esta mujer que se fue al pueblo donde todo el mundo sabía qué clase de mujer era élla y les dijo a todos: "Hoy hay un hombre que me dijo todo lo que yo he hecho. ¿ No será este el Mesías?" Y esta mujer condujo a muchos de los habitantes de ese pueblo hacia Jesús. Y así llegaron ellos a creer también en Jesús. O sea que Jesús quitó de encima de esta mujer el peso del pecado. La condujo desde el pecado hacia la fé y la conversión.

Hoy vemos a Jesús quitándole otro peso a otra persona. Este era un pobre hombre ciego de nacimiento, oprimido por una limitación física espantosa. Jesús quita de encima de este hombre el peso de una enfermedad y lo conduce desde la enfermedad hacia la fé, hacia la plena fé en aquel que Dios ha enviado, el profeta que Dios ha enviado. Por eso el objetivo de estas lecturas que estamos tomando este año, esas lecturas, la de la vez pasada de la Samaritana, la de hoy del ciego de nacimiento y la que vamos a escuchar la semana entrante, esa lectura tan impresionante de la resurrección de Lázaro. Esas tres lecturas forman una secuencia, son como un caminito. Y ese camino es para que nosotros nos maravillemos, nos admiremos de lo que significa encontrar la fé. El que encuentra la fé, vence el pecado. El que encuentra la fé, vence la enfermedad. El que encuentra la fé, vence la muerte.

Aquella mujer estaba aburrida, fastidiada de tener que ir a sacar agua, ir siempre al pozo y sacar más agua. Y el agua no le curaba la sed. Este hombre aburrido de pedir limosna, un poquito de dinero. Pero ese dinero se acaba y hay que pedir más limosna y esa también se acaba. Y el caso de Lázaro sí parecía un caso totalmente perdido. Se nos murió Lázaro. Pero fíjate, a quien tiene sed; le llega Cristo como agua de vida. A quien está ciego, le llega Cristo como luz verdadera. A quien está muerto, le llega Cristo como verdadera vida. Estos domingos son para que nosotros encontremos en Cristo el agua que sacia nuestra sed, la luz que quita nuestra ceguera y la vida que vence nuestra muerte.

Es un buen momento para preguntarnos ¿Quién es Jesús para mí?, ¿He descubierto a Jesús como agua que calma mi sed? ¿Quién es Jesús para mí?, ¿He descubierto a Jesús como luz que me quitó la ceguera y me mostró lo que yo no podía ver? ¿He descubierto a Jesús como vida que vence a mi muerte? Vamos a pedirle al Señor, vamos a pedirle que nos muestre nuestra ceguera. Esos fariseos tenían los ojos buenos, podían ver a Jesús, pero no lo veían, no lo encontraban, no lo reconocían, no podían creer en Él. Por eso dice Jesús: "Si ustedes estuvieran ciegos, no tendrían pecado. Pero como dicen que ven . . . "

Ahí es donde está el pecado. Por eso lo primero que tiene que hacer Jesús en nosotros es mostrarnos nuestra ceguera. Tal vez hemos tenido a Jesús muy cerca y no lo vemos, y no lo vemos. El ciego fue curado y así curado, le preguntó Jesús, "¿Tú crees en el Hijo del Hombre?" -Y dijo- "¿Quién es para que crea en él?" Y Jesús le dijo: "Soy yo". Soy yo, la misma respuesta que le había dado a la samaritana. Sabemos que cuando venga el Mesías, decía la samaritana, -cuando venga el Mesías, nos va a explicar todo- y le dice Jesús: "Soy yo". -Soy yo-, Jesús. Muéstrate así en nuestras vidas. Ven a nosotros, Jesús; Dile a nuestro corazón lo que le dijiste a la samaritana, lo que le dijiste al ciego. "Soy yo", si se puede. Encontrarme también contigo, Jesús; y que tú me puedas decir: "Soy yo" que yo me encuentre así contigo para hallar en tí el agua que calma mi sed, la luz que vence mi ceguera, la vida que triunfa sobre la muerte.

Amén.

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