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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Cuaresma es un itinerario de encuentro con la verdad de Cristo, haciendo que por la fuerza de su amor deje mi idolatría y sane mis frustraciones, errores y caídas.
Homilía ak03010a, predicada en 20170319, con 5 min. y 51 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! La Cuaresma va avanzando y llegamos ya a la tercera gran estación. El tercer domingo, recordemos que nos encontramos en el ciclo A de las lecturas del domingo. Eso significa que el evangelista que nos acompaña particularmente es San Mateo. Pero hay algo particular en el ciclo A y es que la Iglesia ha dejado para los domingos tres, cuatro y cinco tres textos preciosos que no son de San Mateo, sino de San Juan. Son textos tan importantes en el itinerario hacia la Pascua, que no solamente en este ciclo A, sino también en el B o en el C, se pueden utilizar, está permitido. Eso quiere decir que en esos pasajes que repito son de San Juan, encontramos una guía, una verdadera secuencia de espiritualidad y crecimiento para nuestra Cuaresma. Yo creo que para nosotros los católicos, que tenemos tesoros tan grandes en la liturgia, es muy importante conocer estas cosas, porque así uno valora lo que tiene. Así uno sabe y así también uno disfruta mucho mejor aquello que va a recibir en cada Eucaristía. Recordemos entonces brevemente cómo son los domingos de Cuaresma en el Ciclo A. Dijimos que el primer domingo, o lo hemos dicho varias veces, el primer domingo es el de las tentaciones. Y esto en todos los años. El segundo domingo, el pasado, fue el de la Transfiguración y esto también en todos los años. Hemos visto que el hecho de que primero tengamos las tentaciones nos viene a recordar que la vida cristiana es combate. Nos viene a recordar en particular, que la Cuaresma es tiempo para vencer en el nombre de Cristo a las fuerzas del mal. El segundo domingo, el de la Transfiguración, nos deja entrever el final del camino. Porque la Cuaresma no es un fin en sí misma. La Cuaresma apunta hacia la Gloria y hacia la alegría de la Pascua. Eso nos lo permite la Transfiguración. Y luego tenemos estos tres domingos el número tres, el cuatro y el cinco que tienen los textos de San Juan. El, el que corresponde al día de hoy es el encuentro entre Jesús y la Samaritana. Luego, el próximo domingo tendremos el encuentro entre Jesús y un ciego de nacimiento y el quinto domingo de Cuaresma. En el ciclo A tendremos el encuentro entre Jesús y uno que ha sido derrotado por la muerte. El amigo de Jesús llamado Lázaro. Lo que tienen en común entonces estos tres domingos es que son encuentros, encuentros con Cristo. Y evidentemente lo que la Iglesia quiere es que nosotros podamos reconocernos en esos personajes. La samaritana, por ejemplo, sedienta, buscando quizás esa compañía, esa alegría, ese amor, buscando amor. Ha tenido varios esposos, es una persona frustrada, probablemente una persona aislada. Cristo le ofrece agua viva. En el próximo domingo encontramos al ciego de nacimiento, un hombre que ansía la luz, que quiere encontrar el camino y junto con el camino, también la libertad. En el próximo texto, en el texto del domingo número cuatro, vamos a encontrar como este hombre, el que recupera la vista, o mejor, el que recibe el don de la vista por el milagro que le hace Cristo, es una persona que logra pronunciar su vida con su propia boca. No necesita del respaldo, no necesita del apoyo inmediato de los papás, que digan por él, que hablen por él. Él ahora puede hablar por sí mismo. Ahora que ve, ahora que descubre la realidad y la primera realidad que descubre es el amor de Cristo, puede hablar con su propia voz. Y luego el caso más dramático. Un hombre muerto. Lázaro. Incluso ya corrupto en el sepulcro. Y sin embargo, levantado por la voz de Cristo. Estos tres domingos, entonces conviene mirarlos en su conjunto. Y conviene que nosotros nos ubiquemos en el lugar de esos tres personajes. Yo soy como esa samaritana porque quizás he sido idólatra y necesito encontrarme con el Dios verdadero en Cristo. Yo soy como ese ciego de nacimiento. Tal vez hay una verdad fundamental la verdad del amor de Dios, la verdad de la victoria de Dios que tiene que llegar a mi vida. O yo soy como ese Lázaro, porque mis frustraciones, mis errores, mis caídas me han hundido y soy como Lázaro. Esa es la Cuaresma, según el ciclo A, un itinerario de encuentro con Cristo, un itinerario de transformación por la fuerza de su amor.

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