
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El encuentro entre Cristo y la samaritana es signo de cuál es su misión y en qué consiste nuestra fe.
Homilía ak03009a, predicada en 20140323, con 5 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El primer domingo de Cuaresma tuvimos el tema de las tentaciones. El segundo domingo de Cuaresma fuimos al monte de la Transfiguración. En este año estamos en el ciclo A de las lecturas para el domingo. En el ciclo A de las lecturas para Cuaresma tenemos tres textos importantes de San Juan. Este domingo, como acabamos de escuchar el encuentro con la Samaritana, el próximo domingo, el encuentro con un ciego de nacimiento, y el quinto domingo el encuentro entre Jesús y el cadáver de su amigo Lázaro. La Iglesia es nuestra madre y maestra. A través de estos encuentros de Cristo con algunas personas, la Iglesia quiere llevarnos por un camino, un camino de fé. Observemos cuál fue la conclusión del Evangelio de hoy. No solo esta mujer, sino todo ese pueblo de Samaría llegó a creer en Cristo. El próximo domingo también la conclusión será un acto de fé. Aquel ciego de nacimiento al final llega a conocer a Cristo, y al final de ese texto del Evangelio se postra ante Cristo y le dice: "Yo creo en ti." Por supuesto, el milagro más grande es la resurrección de Lázaro, y también la conclusión de ese pasaje es un acto de fé. Muchos en Betania llegaron a creer en Cristo por ese milagro. Así que cada uno de estos pasajes quiere llevarnos a la fé. También estos pasajes son una invitación a conocernos a nosotros mismos. En este domingo, por ejemplo, hay que preguntarse ¿En qué me parezco yo a la samaritana? El próximo domingo hay que preguntarse ¿En qué sentido estoy ciego? Y el siguiente domingo hay que preguntarse ¿Qué se ha muerto en mí? Si uno se identifica con estas personas, si uno descubre en qué se parece a ellos, seguramente puede acompañarlos también para llegar a una fé mayor. Y esa es la razón de ser de estas lecturas que durante la Cuaresma aprendamos a conocernos y crezcamos en la fé. Esta es una enseñanza que puede ser útil para tomar más amor a la Palabra de Dios. Hay un último detalle que quiero destacar del pasaje de hoy. Observemos en qué se parecen Jesús y la samaritana. Jesús tiene sed y esta mujer también tiene sed. Jesús llega cansado del camino y a élla le cansa tener que ir a buscar agua. Estos parecidos entre Jesús y la samaritana son importantes. Nos están recordando un dato fundamental de nuestra fé cristiana. Jesús ha querido ser uno como nosotros. Se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Esa unión de Cristo con nuestras necesidades es un verdadero acto de misericordia, porque Jesús tenía la misma necesidad de esta mujer, se encontró con élla. El apóstol San Pablo dice en la segunda carta a los Corintios que Cristo se despojó de su riqueza para enriquecernos con su pobreza. Ha querido pasar necesidad para acercarse a nosotros, que tenemos tantas necesidades. Se ha despojado de tantas cosas para acercarse a nuestra pobreza. El punto máximo de su despojo es la cruz; junto a la cruz cada uno de nosotros puede encontrarse con Cristo. Nuestros dolores y necesidades nos acercan a Cristo en la cruz. Esa cruz es como un nuevo pozo en el que se encuentran las necesidades de Cristo y las mías. Y lo mismo que sucedió en el pasaje de la Samaritana, sucede en la cruz. En la cruz Cristo volvió a decir: -Tengo sed- Pero en la cruz nos dio a beber de su amor inagotable. Ese amor es la fuente que salta hasta la vida eterna. Y ese es el amor que experimentamos en cada Eucaristía. Hermanos, que nuestros ojos estén siempre abiertos para descubrir la humildad de Jesucristo y para agradecer la fuente de su amor. Amén.

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