|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El corazón de la samaritana es hábil para protegerse y para huir; pero el amor de Cristo marcará un antes y un después en la vida de ella.
Homilía ak03007a, predicada en 20110327, con 19 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, cuando uno tiene cosas de qué avergonzarse en su pasado, cuando uno sabe que está haciendo las cosas mal, o cuando mucha gente le reprocha lo que uno hace o lo que uno es, a uno le va saliendo callo, como decimos popularmente; y uno aprende a defenderse, a volverse duro, a volverse impermeable. Yo pienso que esta mujer, que por alguna razón llevaba ya cinco maridos y el que tenía tampoco era su marido. Yo creo que esta mujer pertenece a ese grupo de personas, o mejor, a esa situación que he tratado de describir. Podemos decir que élla se había vuelto experta en dos cosas: defenderse y cambiar de tema. Y estas son estrategias que uno utiliza cuando precisamente no quiere enfrentar lo que le están diciendo o cuando quiere enfrentarlo de manera que no vaya a perder. Vemos en el diálogo largo pero tan hermoso entre Jesús y la samaritana cómo ella continuamente está cambiando el tema. Le dice Jesús que traiga el marido. Y ella dice: -No tengo marido-, le dice ella: -Eres un profeta, entonces discutamos de si se debe dar culto en esta montaña o en Jerusalén-. Le dice Jesús que ese no es el problema, que el problema es adorar a Dios en espíritu y verdad. Y dice ella -Pues sí, pero eso será cuando venga el Mesías-. Es experta en defenderse, que repito, es una de las características cuando uno ha llevado una vida que en conciencia avergüenza y cuando la vida se vuelve así, dura y cuando uno se vuelve duro, el corazón se vuelve de piedra. Por algo dijo Dios por boca del profeta Ezequiel: "Les voy a arrancar ese corazón de piedra y les voy a dar un corazón de carne" Porque el corazón se vuelve de piedra, por las decepciones, por las discusiones, por las humillaciones, por las peleas. A uno el corazón se le vuelve de piedra. Y esta mujer tenía corazón de piedra pero la piedra es algo demasiado seco. La piedra tiene sed. Y aquí hay un paralelo muy interesante entre el Evangelio y la primera lectura de hoy. La primera lectura fue tomada del libro del Éxodo. Me llama la atención que Moisés tuvo que golpear la piedra con el cayado. El cayado es el símbolo de la autoridad del pastor. Y Moisés con su autoridad golpea la piedra y así brota el agua de la cual va a beber todo ese pueblo. Y a mí se me ocurre que Jesús también utiliza su cayado, porque Él es el buen Pastor. Y me parece que Jesús, con ese cayado, también golpea el corazón de la mujer. Jesús cuestiona lo que esta mujer está haciendo, de hecho, la pone en una situación incómoda. Estaban hablando de Jacob y de pozos, ganados y agua; y viene Jesús con ¡el tema del marido! Que era el tema incómodo por excelencia. Esta yo creo que es una enseñanza para nosotros, pero para captar plenamente esa enseñanza, démonos cuenta de la preciosa, delicada y sin embargo, firme pedagogía de Cristo. Lo primero que hace no es regañarla. Lo primero que hace es despertar en élla el deseo de otro tipo de agua, de otro tipo de amor, de otro tipo de vida. Por eso utiliza el lenguaje hipotético cuando le dice: "Si tú conocieras el don de Dios. . . . " Ese es, esa es buena campaña de publicidad. Eso es como decirle a la mujer oye, tú no sabes de lo que te estás perdiendo. Y yo creo que Jesús sigue diciendo este mensaje a muchos de nosotros hoy. Tú que tal vez desconoces la Escritura, tú que vienes a misa sólo ocasionalmente y cuando te nace, tu que tal vez has dejado la oración que con tanto fervor hacías en otras épocas de tu vida, tú tal vez no sabes lo que te estás perdiendo. Con estas palabras tan amorosas, tan delicadas, Cristo empieza a despertar a esta persona, a esta mujer que duerme en la pesadez del pecado, porque el pecado nos adormila, el pecado nos atonta, nos adormece. Pero Cristo es tan caritativo que hace como muchas veces tienen que hacer los papás temprano en la mañana cuando llaman a sus niños para que se apresten a ir a la escuela. Los papás suelen ser amorosos, no empiezan regañando al niño, sino que le llaman con amor, le llaman con cariño a su hijo o a su hija; incluso ponen un tono dulce en la voz . . . - Despiértate, oyeee-. Así también Jesús, como entonando un canto de misericordia, empieza a despertar este corazón que está adormilado en la pesadez del pecado. Y por eso le dice con tanta suavidad: -Si conocieras el don de Dios-. Mis hermanos, aunque no se lleven otra cosa de esta misa, llévense esa frase, repítanla por favor el lunes y el martes, también el miércoles, el jueves lleguen al viernes y también al sábado, con esa frase repítela. Repítela cuando estés entrando a tu trabajo mañana -Si yo conociera el don de Dios-, repítela cuando llegues cansado de tu labor de todo el día; por la noche. "Si yo conociera el don de Dios". Es una frase preciosa. Es una frase que nos despierta. Es una frase que nos recuerda que más allá del mundo inmediato de las cosas y de lo que se puede comprar y vender y de lo que se puede explicar y discutir, más allá de ese mundo que han tejido nuestras palabras y razones, existe otra realidad. "Si conocieras el don de Dios y si conocieras quién es el que te pide de beber" Y esta otra frase también despierta preguntas. Preguntas de amor. Preguntas de búsqueda en nuestro corazón. ¿Será que yo sí conozco a Cristo? Algunos hablan hoy de una era post-cristiana. Especialmente en Europa. Se habla del post-cristianismo. La gente ni siquiera se toma el trabajo de oponerse a Dios. Simplemente Dios no viene al caso. Sienten que se pueden despedir del cristianismo porque sienten que ya lo conocen. Sienten que le pueden dar la espalda a Jesús porque creen que ya lo conocen, sienten que ya han despachado a Cristo, sienten que ya saben todo lo que Cristo puede dar, cuán equivocados se encuentran. -Si conocieras quién es el que te pide de beber-, le dice Jesús a la Samaritana. Y así la está despertando. ¿Quién es este hombre tan extraño que está cansado y sin embargo da descanso? Tiene sed y sin embargo promete agua. Está hambriento y sin embargo, dice tener otro alimento. Está en la cruz, está sufriendo y sin embargo está perdonando y está orando. ¿Quién es este Jesús que es capaz de romperse para volverse alimento nuestro?, ¿Quién es este Jesús que se ha agotado en el camino? Jesús se ha agotado, se ha gastado en el camino buscándote a tí, buscándome a mí. El cansancio de Jesús es algo que cuando uno empieza a convertirse, le hace llorar mucho. ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? Decía un poeta en el siglo XVI. ¿Qué tengo yo, señor; por qué te cansas por mí?, ¿Qué buscas en mí? Si solo soy un manojo de egoísmos, uno que solo sabe trabajar para consumir; consumir para divertirse y divertirse para volver a trabajar. ¿Qué es lo que buscas en mí? Miremos, hermanos, y apreciemos. Ponderemos y agradezcamos este lenguaje de Cristo con el que despierta esta mujer, y le dice: "Si conocieras quién es el que te pide de beber, le pedirías y te daría agua viva" Y con esto Cristo recuerda que los modos de sed del ser humano son tan distintos. Hay la sed del agua física, pero también hay la sed de verdad, también hay la sed de amor, también hay la sed de eternidad. Y Cristo nos necesita bien sedientos, porque el mundo quiere no saciar esa sed, no la quiere saciar, sino que la quiere, podríamos decir maquillar. Y la única comparación que se me ocurre es muy ridícula, muy infantil. Es lo mismo que sucede cuando los niños comen y comen pasabocas, comen y comen de esos paqueticos, cualquier papitas y bobadas de esas y entonces no tienen hambre, pero tampoco se han alimentado. Y esto lo saben las mamás y por eso las mamás se angustian cuando los hijos comen demasiadas tonterías, chucherías, pasabocas, porque saben que eso no soluciona el hambre, pero sí la acalla, adormece, atonta el hambre. El mundo no nos calma la sed, no tenemos la sed calmada, la tenemos atontada. La sed de verdad no la tenemos calmada, la tenemos atontada y creemos que porque hay internet en la casa y porque hay muchos libros de ciencia, ya tenemos la verdad. Pero el fondo del corazón sabe que el rastro de la verdad va mucho más lejos del laboratorio y mucho más lejos del servidor de Internet. Entonces Jesús lo primero que hizo fue despertar el deseo de otro tipo de agua. Jesús despertó todas las dimensiones de la sed en esta mujer, y entonces élla, que es un ser racional y libre, y no como la roca de la primera lectura, ella entonces quiere hacer algo para solucionar esa sed que ahora está tan viva, y es aquí donde Cristo la golpea. Sí yo sé que a ustedes no les gusta que yo hable de que Cristo la golpea, pero la golpeó con su palabra. El cayado de Jesús es su Palabra. La espada de Jesús es su Palabra de la cual dice La Carta a los Hebreos es penetrante. Es de doble filo, es penetrante y uno tiene que dejar que esa espada penetre y uno tiene que sentir que la roca se quiebra y uno tiene que dejarse golpear por la Palabra de Dios. Y por eso hay gente que no quiere dejarse golpear por la palabra y por eso hay personas que inventan los días del orgullo. ¿No? ya existe el día de ese otro orgullo que ya todos conocemos ¿Cuál es? Y ahora están inventando unos españoles -El día del orgullo ateo-, ¿Qué seguirá después?, ¿El día del orgullo asesino?, o ¿Será el día de qué?, ¿El día del orgullo ladrón? No sabemos cuál día seguirá. Pero ese orgullo, ese sentirse uno orgullo, orgulloso; ese sentirse uno orgulloso en lo que uno es bueno o malo, es una manera de volverse impermeable. -Yo soy así, ¿Qué importa? Soy así, Ya se acabó. Soy así-. Mientras tú vociferas diciendo -Soy así-. No te das cuenta que te volviste impermeable. Pero claro, solo Cristo tiene la pedagogía para tomar a la gente impermeable. La gente que ha sido despreciada y que ha sido lastimada. Porque eso también es cierto. Tomar a esas personas que han sido excluidas, marginadas, ridiculizadas y sin embargo despertar en ellas una sed tan grande de lo trascendente y verdadero que sean capaces, luego de dejarse golpear por la misma palabra de Cristo. Y entonces Cristo golpea el corazón de esta mujer, y élla, como fiera herida, empieza a esconderse y empieza a huir. Y esta es la hermosa cacería, una cacería que no produce la muerte de la víctima, sino su vida. Esta es la cacería entre Cristo y esta presa que no quiere dejarse agarrar. Ella arguye cuanto puede. Ella saca la dureza que le queda, pero aún su último argumento no es suficiente, dice ella: "Cuando venga el Mesías nos lo aclarará todo". Y le dice Jesús: -Soy Yo-. Es la inmediatez de Cristo. Ese es el momento más grande en la vida. La inmediatez de Cristo. Sentir que uno se ha encontrado con el Señor, que uno puede recibir su palabra, que uno puede sentir su mirada, que uno le oye el palpitar del corazón. Es verdad. Nó es una fábula. Porque resulta que hay una conjura para volver fábula al cristianismo. Es una conjura espantosa. Yo no sé quién está detrás. Hay gente que dice que es la masonería. Yo no sé de eso. O sea, sí sé lo que es la masonería, pero no tengo datos para decir si son o no los masones los que están haciendo lo que voy a decir. Es una conjura espantosa, una conjura que intenta que nosotros volvamos a Cristo un personaje de ficción, una especie de carácter novelesco del cual se puede decir lo que uno quiera. Toma el caso por vía de comparación. Toma el caso de este famoso detective James Bond. Las aventuras de James Bond pueden tener nuevos capítulos. Muchos capítulos. Cada tres, cinco, siete años sale otra película de James Bond que nos cuenta otra cosa de James Bond. Y todos sabemos que eso es fantasía. Y no importa si tiene una novia, dos novias, cinco novias, si mató a cinco a veinte, si rescató un diamante o un imperio. No importa. Son las aventuras de James Bond. Cualquiera puede tomar una bandeja vacía que se llama James Bond. Y en esa bandeja poner lo que se le dé la gana. ¡Éso quieren hacer con Cristo! Éso, que Cristo se vuelva un recipiente vacío en el cual se puede depositar lo que a uno se le dé la gana. Y entonces quieren poner en ese Cristo cualquier cosa. Que tenía enredos con la Magdalena, que era homosexual, que era socialista, que era comunista, lo que sea. Obras que produjeron millones de dólares. Dólares malditos; malditos porque nacieron de una blasfemia. Obras como El Código de Da Vinci y otras parecidas como El caballo de Troya. Eso que viene en tomos y que algunos de ustedes tal vez tienen en la casa. Esas obras hablan de Cristo como si fuera un James Bond. Y como si cada nuevo fascículo me va a contar ¡Las nuevas aventuras! de Cristo. Cristo no es una ficción. Cristo no es una bandeja para que tú pongas sobre ella lo que se te dé la gana. Cristo es una verdad. Cristo es real. Pero esto no lo entiende el mundo ni lo quiere entender. Y por eso nos llenan de películas y hay católicos tontos que aumentan el dinero de los blasfemos comprando esos libros o yendo a esas películas. Pues bien, mis hermanos, la vida cambia cuando se llega a este punto en el cual Cristo dice: -Soy Yo-; -Yo Soy-. Si tú recuerdas en el libro del Éxodo, ese fue el nombre que Yahvé se dio a sí mismo. En el capítulo tercero del Éxodo, cuando Moisés se encuentra con su Señor, le pregunta ¿Tú quién eres? Y Él le dice -Yahvé-. Y eso, entre muchas traducciones tiene: -Yo Soy-. Y le dice Dios a Moisés: "Ve y dile a tus hermanos . . . -Yo soy el que es-, el que es, el que es fundamento de todo ser, el que es fuerza y vida de todo ser, el único que da el Ser- . . . Me está enviando" Y esa es la expresión que utiliza Cristo en este lugar de San Juan y en muchos otros -Yo soy, Yo soy- Este es el nombre de Dios, y es el nombre bendito que utiliza Cristo aquí: -Yo soy-. Y cuando uno descubre que Cristo no es una bandeja para hacer millones de dólares malditos, sino que Cristo es una realidad, que Cristo es vivo y vivificante, cuando uno se encuentra así con Cristo, entonces lo que parecía una herida se convierte en una alegría. Fíjate lo que le pasó a esta mujer cuando se encontró con el Mesías salió por el pueblo repartiendo una noticia. -Aquí hay un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho- Y ustedes y yo sabemos qué era lo que esa mujer había hecho. Y sin embargo élla va, pero ya no le importa lo que pase con ella. Ya no le importa su nombre, ya no le importa su prestigio, ya solo le importa que el Mesías ha llegado, ya solo le importa que por fin hay salvación. Ya solo le importa que ha encontrado una roca, algo firme y está tan feliz que está olvidada de sí misma. ¿Te acuerdas cuando en el pasaje de la transfiguración Pedro se olvida de sí mismo?, ¿Y ni siquiera piensa en hacer una choza para él, sino solo quiere chozas para Jesús, para Moisés y Elías? Es lo mismo que pasa aquí. Los que se encuentran con Cristo quedan tan fascinados que ya casi no les importa lo que les suceda a ellos, solo les importa que ha llegado el Mesías. Mis amigos, que las palabras de Cristo despierten en nosotros la sed más profunda, que finalmente es sed de Dios y sed de cielo, y que nos dejemos golpear por la Palabra. ¡Déjate de estar inventando el día D, y el día del orgullo! Lo que hace falta es el día de la humildad. Eso es lo que nos hace falta a todos, porque somos pecadores. ¡Qué cuentos de día de orgullo! Falta el día de la humildad, el día para bajarse, el día para decirle al Señor -Ten compasión de mí-. El día para recibir su salvación.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|