Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No endurezcais vuestro corazon. La dureza de la vida se vuelve dureza del entendimiento y sordera del corazón. El poder del Señor, su cayado, quebranta la vida para renovarla.

Homilía ak03006a, predicada en 20110327, con 27 min. y 7 seg.

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Transcripción:

Suele suceder, mis amigos, que la lectura que sentimos más cercana es la del Evangelio y eso se aplica sin duda alguna en este tercer domingo de Cuaresma, porque ese diálogo entre Jesús y la samaritana no solo es bello en sí mismo, sino que tiene tantas y tantas conexiones con nuestra vida, con nuestras propias búsquedas, con nuestra propia sed, pero suplicando el auxilio del Espíritu Santo, casi quiero hacer un énfasis mayor en la primera lectura, en aquella roca de la que sale agua. Al fin y al cabo, el agua y la sed están presentes en todas las lecturas de hoy.

Es interesante ver que de la roca, de una roca uno no espera que salga agua, pero uno tampoco espera que entre agua. Las rocas no se supone que sean esponjas, ¿No? No suelen absorber agua las rocas., Por eso también existe esa especie de cuento o parábola moderna del maestro que les dice a los discípulos que saquen rocas de estos cantos, piedras redondas que hay en el fondo de los ríos. Y ellos van a un arroyo y sacan algunas de estas rocas, hermosas, como suelen ser las rocas del fondo del río, porque precisamente la corriente del agua y los golpes de unas contra otras las van limando y adquieren hermosas formas. Entonces después les dice el maestro que rompan algunas de ellas y abren esas rocas y las descubren perfectamente secas por dentro.

Y luego viene la reflexión Cada una de estas rocas ha recibido agua por años y años, quizás por centenares de años. Pero no ha entrado nada. La roca es dura, es impermeable. No solamente no deja salir el agua, sino que tampoco deja que entre. Fíjate lo que reflexionábamos en el salmo de este domingo. Recordábamos precisamente aquellas palabras que Jesús, que Dios dice a su pueblo "No endurezcáis el corazón, como en Meribá", donde se ve que Dios está comparando el corazón de su pueblo con la roca, les está diciendo: -Ustedes tienen un corazón de piedra, un corazón en el que no entra nada. El corazón de ustedes deja pasar por encima la Palabra, se moja por fuera, pero no se moja por dentro. Ustedes siguen duros por dentro, ustedes siguen resistentes por dentro, no ha entrado mi palabra en ustedes-.

Y por allá, hacia el capítulo quinto de San Juan, tenemos también a nuestro Señor Jesucristo disputando con algunos de los judíos de aquella época. Y a esos hombres les dice: -Yo les conozco, yo sé que mis palabras no entran en ustedes, las palabras mías rebotan en ustedes, ustedes no las están recibiendo, son como esa roca del fondo del río oyen el murmullo del agua les pasa por encima, pero no ha entrado en ustedes-.

O sea que así como podemos decir que el tema de este domingo es aquello de la sed y aquello del agua, también podemos decir que el tema de este domingo es la dureza, porque es la dureza la que hace que esa roca no deje entrar el agua y por eso ahora entendemos que la roca tampoco puede dar agua porque no la recibe. Uno tiene que recibir para dar. Si las montañas estuvieran hechas completamente y únicamente de roca sólida, pues entonces no existirían los ríos que conocemos. Sería ese un universo, una tierra, un planeta muy diferente del nuestro. Las montañas tienen rocas, pero tienen también otro tipo de suelos y sedimentos y agregados y todas esas cosas que saben los geólogos. Y precisamente porque tienen esa clase de suelos y de porosidad y de todas esas cosas, por eso pueden absorber agua que luego sueltan; y ese es el agua que viene a los ríos. Si todo fueran rocas, rocas duras, rocas impermeables, no tendríamos tampoco ríos.

O sea que el tema de hoy también es la dureza. Y la invitación entonces es: -No endurezcáis el corazón como en Meribá, cuando como el día de Masá en el desierto-. ¿Será que nosotros somos así, resistentes también? ¿Será que nosotros somos duros?, ¿Será que a nosotros se nos pueden aplicar las palabras que Dios dijo por boca de Ezequiel?, "Les voy a arrancar ese corazón de piedra", un corazón de piedra, un corazón que no recibe un corazón impermeable. Les voy a quitar ese corazón de piedra y les voy a dar un corazón de carne, un corazón que palpita con la vida, un corazón que recibe vida y que da vida. Porque eso es lo maravilloso del corazón que recibe y que da.

Fundamentalmente desde el punto de vista mecánico, el corazón es una bomba, una bomba que va bombeando lo que recibe. -Les voy a quitar ese corazón que ni recibe ni da, les voy a quitar ese corazón que es de piedra y les voy a dar un corazón que sí reciba y que sí dé, un corazón que bombee-.

¿Cuáles son nuestras durezas? ¿Cuáles son nuestras resistencias? ¿Cuál es la parte del Evangelio que te cuesta creer? Tenemos que sacar de este domingo algo mejor que palabras bonitas, tal vez, tenemos que sacar de este domingo un propósito muy sincero, muy claro, ¿En qué estoy endurecido?, ¿En qué soy impermeable? Por ejemplo, hay personas que son impermeables al perdón. -No perdono punto, se acabó-. Hay personas que son impermeables a la obediencia: -No obedezco, ¿Algún problema?- Son impermeables a la obediencia. Hay personas que son impermeables a la fe: -No creo y no me interesa-.

Sirva como propaganda, que yo distribuyó un boletín electrónico todos los santos días. Dios me lo ha concedido. Se llama: Alimento del alma. Los que no se hayan suscrito es muy fácil suscribirse. . .Ustedes envían un correo electrónico a la dirección: amigos@fraynelson.com y ustedes dicen: quiero recibir el boletín y ya le empieza a llegar; es así de sencillo. Y muchas personas que les gusta ese servicio. . . amigosos@fraynelson.com , muchas personas que les gusta ese servicio suscriben también a sus amigos; pero muchos de esos amigos de mis amigos no les gusta estar suscritos. Y entonces, a lo largo de estos años, porque ya vamos a repartir el mes entrante, vamos a repartir la edición número ¡siete mil!, yo no me lo logró creer. . ., ¡siete mil boletines!, estamos llegando a diecisiete mil suscriptores.

Pues bien, muchas de esas personas que han sido sugeridas por otros amigos no saben cómo darse de baja de un servicio que no les interesa, aunque, ahí están las instrucciones: ahí dice: -Mire, para salirse de esta lista haga esto-, pero la gente no lee..., en fin, qué vamos a hacer... Entonces lo único que se les ocurre es responder diciendo: -sáqueme de su lista-. Pero eso dicen los educados, porque los otros. . . es a insultar, es a insultar. -No me interesa su religión, no necesito sus palabras, quédese con su idolatría-, ¿Eso quién lo dirá?, Eso es.

Entonces hay personas a las que no les interesa creer, son impermeables para creer, hay personas que se sienten amarradas, encadenadas a un determinado vicio y no lo quieren dejar. ¿Tú eres impermeable a algo?. ¿Hay una parte del mensaje de Dios que no te interesa? ¿Hay una parte del mensaje de Dios que no ha llegado a tu vida?. Cuando Dios dice, por ejemplo, que te quiere santo. ¿Eso qué significa para ti? Cuando Dios te dice, por ejemplo, que te llama a la esperanza, por ejemplo, hay personas que son impermeables a la esperanza.

Y hay muchas cosas duras en esta tierra, y la dureza de la vida lo vuelve duro a uno, como la persona que camina entre pedruscos, finalmente le salen callos, a medida que se le van cayendo los dedos a golpes, -bueno, tanto así no-, pero a medida que se lastima. . . , -estuvo un poco exagerado eso-, a medida que se golpea los pies le van saliendo callos, le van saliendo callos. Entonces eso le pasa a uno en la vida, a uno le van saliendo callos, las decepciones, decepciones amorosas, las decepciones con los amigos, y es difícil llegar a una edad avanzada como la mía. O sea, calculen cómo estarán otros aquí.

Es difícil llegar a una edad de estas sin que uno haya pasado por una serie de decepciones..., uno se decepciona de la gente, se decepciona de los papás, se decepciona de la iglesia, si la gente se decepciona de sus hijos..., -nooo, estos hijos míos y esos hijos, sí, no, qué cosa tan terrible, esos muchachos, ay, es que son inservibles, inútiles, ¡Dios mío!, perezosos como la quijada de arriba, ay qué cosa...- Las decepciones de la vida, las decepciones de la vida lo vuelven a uno..., a qué le sale callo, y al que le sale callo, se va volviendo duro, y uno se vuelve así, duro y se vuelve insensible, y a eso ayuda a la televisión, ¿No?

Uno enciende la televisión y entonces ve ahí...., Masacraron cuarenta y cinco niños, ¡Ay, Dios mío!, pero ¿qué es eso?, la última colección de moda; a ver cómo es la colección de moda, entonces se va produciendo un fenómeno de desensibilización. Nos estamos endureciendo.

Mire, ver demasiadas noticias, andar conectado a Internet, tener la radio prendida todas horas, estar viendo la televisión tiene un efecto perverso en el corazón humano. Eso no se debe hacer porque usted va perdiendo la sensibilidad. Eso es lo que le sucede a las personas con respecto al dolor humano. Cuando usted ve una persona sufriendo, lo humano es sentir empatía, conexión con esa persona. Pero si usted está todavía a punto de llorar por lo que le hicieron a esos niños que fueron masacrados y en eso sale la preciosa modelo con la colección de verano, entonces lo que usted estaba comenzando a sentir ya no lo siente, porque si es mujer empieza a sentir: -Uy, eso es precisamente lo que yo quería comprar; tengo que empeñar todo lo que tengo por conseguir esa ropa-. Entonces ve, ya usted perdió esa sensibilidad. Si es hombre, seguramente no piensa en esa ropa, sino en otras cosas, pero igual pierde la sensibilidad.

Ese es el problema que tenemos. Además, la televisión no permite ningún tipo de análisis. Todos son bombardeos de información y cuando uno recibe bombardeos de información, finalmente no asimila nada y el que no asimila nada se vuelve una piedra. Entonces la conclusión ¿cuál es? Que la televisión le saca a uno la piedra, esa es la televisión, esa, esa es la conclusión que se saca. Y uno se vuelve así de piedra. Uno se vuelve de piedra, Claro. Fíjese usted, la persona que se aplasta, porque no se sientan, sino que se aplastan, se amontonan en su butaca a ver televisión, ¿Qué dicen?, otros dicen aquí, se enroscan, se desparraman a ver televisión. ¿Qué pasa? Que eso produce una fijación de la grasa en esta zona del cuerpo y eso se vuelve y eso, y eso se vuelve de piedra. Luego... luego la gente dice Ay, ¿por qué será que no puedo adelgazar?, porque tiene toda esta zona petrificada, es el efecto butaca.

La televisión nos anestesia, nos desensibiliza, el estar viendo dolor sin poder hacer nada o sin querer hacer nada, desensibiliza; los golpes de la vida hacen que nos salgan callos. Nuestras dificultades y fracasos personales nos vuelven lentos para responder al amor de Dios. Y además de todo eso, hay cosas a las que uno está apegado y que uno no quiere soltar. Esas son las durezas.

Volvamos a la primera lectura, nos dice la primera lectura: El pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés. Moisés clamó al Señor ¿Qué puedo hacer? Respondió el Señor a Moisés "Preséntate al pueblo, lleva también en tu mano el cayado con el que golpeaste el río; golpearás la peña y saldrá de ella agua. Golpearás la peña" Hay que romper la peña. -Golpearás la peña con el cayado-. Ahí está la clave.

¿Qué es el cayado de Moisés? El cayado, pues, por supuesto, es una especie de bastón que utilizan los pastores y que sirve para muchas cosas. Sirve para apoyarse, pero también sirve para defenderse, también sirve para atacar y por eso el cayado se convierte en el símbolo de la autoridad del pastor. Por eso también los obispos en nuestra Iglesia Católica tienen un cayado. Se llama el báculo, palabra del latín, que quiere decir sencillamente el bastón, el cayado. Entonces lo que le dice el Señor a Moisés es usa tu autoridad para romper la roca. Pero la solución implica que se rompa la roca.

Y si yo entrevisto a la roca, no la casa sobre la roca, sino la roca. Si yo entrevisto la roca y digo: -señora roca, usted ¿quiere romperse?- la roca dice: -no, no quiero romperme, estoy muy bien aquí petrificada. No quiero romperme-, la roca no quiere romperse, ¡No quiero!, Tiene que ser el golpe del cayado. Tiene que ser el golpe del Profeta. Tiene que ser el golpe del pastor y tiene que ser en nombre de Dios. El golpe del cayado, el golpe del profeta, el golpe del pastor. Y este es un oficio que entonces tenemos los que alguna responsabilidad pastoral tenemos, y especialmente aquel que es pastor de los pastores, es decir, el Papa. Al Papa le toca hacer lo que aquí se dice. Al Papa le toca con su cayado golpear muchas veces la roca y la roca protesta y chilla, y la roca gime y se queja porque es golpeada.

Pero el Papa muchas veces ha tenido que golpear y tiene que seguir golpeando nuestras conciencias de piedra, porque nos hemos petrificado en el pecado. Y por eso el Papa nos llama continuamente a la conversión y al arrepentimiento. Con palabras muy bien razonadas, con palabras muy sabias, como es propio de su investidura y de su erudición. Pero en todo caso son palabras que golpean, palabras que el mundo no quiere oír, palabras que el mundo rechaza. El mundo no quiere que se le hable de lo que dice el Papa. No quiere, no quiere, porque las palabras del Papa rompen la roca, esa roca endurecida, ese sistema maravillosamente articulado del pecado, porque el pecado va creando unas redes de beneficios particulares e individuales de los cuales no se quiere desprender la gente y se necesita que la Roca lo golpee a uno.

Entonces, lo primero que pregunté hoy fue: ¿En dónde está endurecido tu corazón? Y lo segundo que tengo que preguntarte es: ¿Estás dispuesto a ser golpeado para salvarte? ¿Estás dispuesto a que se rompa algo de ti para salvarte? ¿Si, estás o no estás dispuesto? Esa es la pregunta que tenemos que hacer. Y si somos honestos, tendremos que decir: -Me da miedo, me da miedo, me da miedo que se me rompa mi salud, me da miedo que se me rompa mi matrimonio, me da miedo que se me rompa la paz de mi vida, me da miedo que se rompa mi solidez financiera, me da miedo. Y esas son las rocas en las que yo he apoyado mi vida. Yo he apoyado mi vida en el prestigio y la buena opinión que tiene la gente de mí o he apoyado mi vida en el imperio financiero pequeño, grande que he logrado hacer o he apoyado mi vida en una cantidad de estudios y títulos y yo tengo más cartones que un tugurio y por consiguiente ahí está la solidez de mi vida.

Y uno cree que está firme en eso y muchas veces tiene que ser golpeada por la voz de Dios y por el mandato de Dios, tiene que ser golpeada la vida de uno. Un santo de nuestra comunidad llamado Luis Bertrán, patrono de la provincia dominicana de Colombia, le decía al Señor con gran valor y con gran generosidad: -Señor cura, aquí, quema aquí, golpea aquí, aquí, en esta tierra, en esta vida, aquí. No te pongas a perdonar esos golpes, para que allá en la eternidad yo sea perdonado para siempre-. Esas son oraciones. O esas son palabras basadas en la oración de San Luis Bertrán. Y esto es lo que tenemos que hacer nosotros en Cuaresma. . .

¿Qué tiene que suceder para que mi hijo se convierta? Probablemente su corazón es de piedra, probablemente tiene que ser golpeado ese corazón. Tú, como papá o como mamá, estás dispuesta a autorizar a Dios ¿para que haga eso?

A veces, cuando la gente tiene accidentes graves, como ya sucedió con una persona en mi familia, los médicos llaman a la familia y le hacen la pregunta terrible: -Solamente tiene vida vegetativa; está siendo sostenida únicamente por una máquina, ¿La desconectamos? ¡Qué decisión! ¡Qué decisión! La desconectamos sabiendo que eso va a ocasionar en cuestión de minutos, la muerte de la persona que está ahí. Y esa persona puede ser tu esposa, puede ser tu cuñada, puede ser tu hija, como pasó en mi familia. ¿Qué se hace ahí? Pero llega un momento en el que hay que tomar esas decisiones que rompen el alma.

Y hoy el Señor te está preguntando si tú estás dispuesto a recibir ese golpe del cayado de Dios. Si esa roca hubiera querido seguir entera, hubiera seguido entera, pero estéril. Hoy el Señor está preguntando ¿Quieres seguir entero, pero estéril, o quieres romperte y ser fecundo? Y uno muchas veces no quiere que se le rompa la vida, del mismo, San Luis Bertrán; estoy mencionando a San Luis Bertrán para que no digan que solo mencionó a Santa Catalina. Del mismo San Luis Bertrán tomó el testimonio de cuando este muchacho, porque era un niño, prácticamente pide por primera vez el ingreso a la vida religiosa; él tenía la seguridad en su casa, el calorcito de su nido, el calorcito de su hogar. Sale de ese calorcito, sale de esa comodidad, sale de esa seguridad a empezar un largo camino que le llevará por tantos sufrimientos. Eso también es romper una roca.

Bueno, y si Dios te llama a ti, si Dios te llama a ti a que ayudes en la evangelización de lejanas tierras, eres capaz de romper la roca de tu comodidad, de tu seguridad y de las faldas de tu mamá.

Y eres capaz de decirle al Señor: -con tal de que se salve mi hijo, lo que sea-. Pero fíjate lo que puede caber en esa expresión, -lo que sea-, ahí puede caber de todo. . . -lo que sea con tal de que se salve mi hijo-, -lo que sea con tal de que se salve mi esposo-, lo que sea; por donde tengas que golpearlo. Moisés supo cómo golpear la roca en el lugar preciso. Se rompió la roca y Dios hizo brotar agua de vida. Hay vidas que son así, cerradas, estériles, sólidas, pero impermeables, muertas.

Si tú quieres a veces sacar vida de la muerte, a veces hay que romper el imperio de la muerte. Por eso yo les invito a que terminemos esta reflexión pidiéndole al Señor fortaleza, fortaleza para dejarnos romper, fortaleza para dejarnos romper. Fortaleza para decirle: lo que Tú quieras, Señor. . . ¡Me va a doler, me va a doler lo que sea, me va a doler!. Pero si es necesario que sea tu voluntad, Señor. Si tiene que romperse eso que yo creía. roca, -que se rompa, Señor-.

Y ese es el caso. Hay personas que tienen una roca, pero es una roca de mentiras: -Yo vivo hace veintidós años con un hombre casado, tenemos un hogar muy bonito; ¿le puedo mostrar las fotos de cómo quedó el otro hogar, el que usted desarmó?. Ay, no, padre, no diga eso. Entonces ¿qué digo?, entonces ¿Qué quiere que le diga?. . . , pero es que mi hogar es tan bonito, si, tan bonito, pero a ver, qué hay ahí. Entonces tenemos que hacernos la pregunta de si estamos viviendo en la presencia del Señor.

Y yo les puedo asegurar por experiencia propia que cuesta y que duele y que uno se rompe y llora. Claro que duele. Y uno se rompe, uno se revienta, uno se fractura, pero uno busca: -¿Señor, al fin qué hago, Dios mío, cómo hago?, ¿Cómo hago? Y Dios al fin va mostrando algunos caminos, pero uno se rompe en el proceso, se rompe. Jesús dijo: "Si el grano de trigo no muere, no da vida" .

Entonces hoy es el día para decirle al Señor -Hoy entiendo que hay cosas que tienen que romperse-. Y yo les puedo decir hay cosas que ya se han roto en mi vida y habrá otras que todavía tienen que romperse, pero este es el día para decirle al Señor: -Sí, esa es la manera de tener vida, prefiero vida a muerte, no quiero una muerte decorada y mentirosa-, porque uno también puede tomar la roca y pintarle un río, pero ese río pintado está tan seco como la roca. -Yo no quiero un río de maquillaje, yo no quiero una vida de mentira, yo quiero que mi vida sea vida; y yo quiero que mi Roca sea de verdad-.

Y aquí estoy, Señor, y aquí estoy para que obres, aquí estoy. Yo le dije eso al Señor. Y el Señor empezó a golpear mi vida. Pero les digo una cosa. Puedo dar testimonio. . . , esto que dice el libro del Éxodo es verdad. La roca se rompe: pero ese canto, ese murmullo del agua que corre, ese sentir que sale de ti, por fin, Vida. ¡Eso! vale más que todo. Y esa es el agua que saltará hasta la vida eterna.

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