Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios trae torrentes de agua viva a los corazones resecos.

Homilía ak03003a, predicada en 20010318, con 7 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Queridos amigos, yo creo que hoy entendemos muy bien estas lecturas. Porque nos hablan de sequía y nos hablan de sed. Y eso es lo que está padeciendo nuestra tierra en este momento. Estamos experimentando la necesidad profunda del agua. Fue tanta la necesidad que tuvo el pueblo de Israel cuando iba por el desierto, que se sintieron morir y se pusieron a renegar contra Dios; y dijeron: -Dios nos sacó de Egipto únicamente para matarnos de sed en este lugar- Y sin embargo Dios sacó agua de una roca. Lo que parecía imposible, Dios lo hizo por la mano de Moisés. Esa fue la primera lectura.

En la segunda lectura, San Pablo nos habla de otro manantial que también parecía imposible, pero que Dios lo puso a correr. Dios sacó un manantial nuevo. Ese es el manantial del amor, porque esa es otra sequía. Cuando hay tanto odio, tanto miedo y tanta violencia, el corazón también se seca. Y entonces decimos: "Ya no tenemos esperanza, ya todo se acabó, no se puede confiar en nadie" y el corazón se vuelve como una piedra. Pero el apóstol San Pablo, como un nuevo Moisés, nos muestra que de esa piedra Dios también puede sacar un torrente nuevo, una vida nueva, una Gracia nueva. Ese torrente es el amor. Dice el apóstol San Pablo que el amor de Dios -Fue derramado en nuestros corazones-. Esos corazones resecos. Y así nosotros abundamos en ese amor.

Es decir, la primera lectura nos mostraba un milagro que parecía imposible en ese peladero tan horrible, en esa sequedad tan espantosa del desierto, el pueblo ya desesperado. Pero Moisés, aunque dudó un poco, siempre terminó creyéndole a Dios y sacó agua de una roca. ¡Qué milagro tan grande! Pero no es el único ni el más grande de los milagros. Pablo nos habla de un torrente nuevo. El corazón humano se vuelve como una piedra, pero también por el poder de la Palabra de Dios, como sucedió en el caso de Moisés. Puede salir amor del corazón, porque hay un amor que Dios nos trae. Eso es lo que nos explica la tercera lectura, es decir, el Evangelio.

El Evangelio nos presenta a Jesús como el que puede abrir el torrente nuevo, el que puede traer el agua nueva. Jesús está hablando con una mujer. Esta mujer, tenía muchas desconfianzas, tenía muchas culpas, tenía muchas máscaras. Jesús llega donde élla y con su palabra, primero le despierta la fé. "Sed profunda -le dice- Si tú supieras con quién estás hablando, tú le pedirías agua a Él, y Él te daría agua que salta hasta la vida eterna". Ahí entendemos mejor la segunda lectura, la de San Pablo. Es Jesús el que hace que nosotros podamos tener un manantial de amor en el corazón. Y esta mujer, aunque tiene desconfianza al principio, termina creyendo en Jesús. Y Jesús le otorga a élla esa agua viva, esa agua nueva que no es otra realidad, sino el Espíritu Santo. El agua nueva, el agua viva, es el amor de Dios, es el Espíritu de amor.

¿Qué tenemos que hacer nosotros? Pues estas lecturas se aplican perfectamente a nuestro caso. Como nuestros campos se nos están muriendo, nosotros con humildad y con fé. Vamos a pedirle a Dios que, aunque parezca imposible, nos regale agua; agua para los campos. Pero también queremos pedirle que le dé agua viva; agua nueva, torrentes de amor a los corazones. Porque eso de pronto puede parecer hasta más difícil que la lluvia. Que Dios nos regale agua nueva, torrentes de agua viva, para que nuestros corazones así parezcan resecos por el odio, por la indiferencia, por la violencia, puedan sacar amor, puedan dar amor. Eso no lo puede el ser humano solo. Pero con Jesús al lado y con la palabra de Jesús sí se puede.

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