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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El cuerpo glorioso de Cristo
Homilía ak02013a, predicada en 20200308, con 17 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, la Cuaresma lo sabemos bien, es un camino, un camino que nos conduce desde las cenizas hasta la Gloria. Miércoles de Ceniza es el comienzo de la Cuaresma. La Gloria de la Pascua es la meta de nuestro camino. Y nosotros, hermanos, hacemos este camino, junto con Jesucristo. Él es nuestro guía. Él es nuestro modelo. Él es nuestro Maestro. Seguros de esto, volvamos nuestros ojos al hermoso texto del Evangelio, Evangelio de este día tomado del capítulo número 17 de San Mateo. Cristo, nuestro guía, maestro y modelo, se transfigura en lo alto del monte. Ha invitado a tres de sus apóstoles muy cercanos a Él, para que sean testigos de esa maravillosa experiencia. Subamos con éllos, subamos con Cristo a la montaña. El ascenso a la montaña es una manera muy bella de mirar la vida cristiana. Hay un santo de nuestra Iglesia Católica, San Juan de la Cruz, que describe toda la vida cristiana, precisamente como el ascenso a una montaña. Subamos entonces con Pedro, Santiago y Juan y contemplemos a Jesucristo, puesto que Él es nuestro Maestro, aprendamos de Él. Tres lecciones, creo que podemos tomar del cuerpo resplandeciente de Cristo. Primera. Observemos que es el cuerpo del Señor el que brilla con esta Gloria bendita, anticipación de la Pascua. Cuerpo humano como el nuestro, cuerpo que irradia luz, cuerpo que muestra Gloria. Nos está mostrando Cristo la santidad propia del cuerpo humano, la luz sale de todo su cuerpo y también todo nuestro cuerpo tiene que reflejar la Gloria de Dios. Una manera muy bonita de pensar la vida cristiana es precisamente como resplandor de la Gloria en todo nuestro cuerpo. Que la Gloria de Dios esté en tus ojos, porque tu mirada es sincera, es limpia, es transparente. Que la Gloria de Dios esté en tus oídos, que están abiertos a la Palabra de salvación. Que la Gloria de Dios esté en tus pensamientos, porque son agradables a tu Señor. Que la Gloria de Dios esté en el cuidado y en la salud de todo tu cuerpo. No lo idolatras, pero si lo cuidas como don precioso que el Señor te dio. Que la Gloria de Dios esté particularmente en tu afecto y en tu sexo. Ha de brillar la Gloria de Dios también en la afectividad, en tu corazón y en tu sexo. No hay ninguna parte de tu cuerpo que no sea obra de Dios, y por eso la Gloria de Dios debe brillar en todo tu cuerpo. Tus manos han de brillar con la Gloria de Dios, porque estás ocupado en las obras santas del Evangelio. Tus manos han de ser limpias por algo dice el apóstol San Pablo: "Quiero que todos en todas partes levanten sus manos limpias a Dios dándole gracias". Que nuestras manos sean limpias, limpias, porque están dedicadas al bien. Que nuestros pies estén gloriosos, porque caminan por las sendas del Señor. Y repito, insisto, que nuestro afecto y nuestro sexo, según el estado de vida de cada uno, le den la Gloria a Dios. Si eres casado, hay un recto ejercicio de la afectividad y la sexualidad para los casados. Si eres soltero, si eres célibe, si eres viudo, si eres separado, que también esa parte de tu cuerpo manifieste la Gloria de Dios. Hemos sido llamados a la pureza y a la santidad en todo nuestro ser. Entonces, la primera enseñanza que tomamos en esta fiesta de la Transfiguración es que todo nuestro cuerpo ha de irradiar la Gloria de Dios. Y por eso, de hoy en adelante, examinaremos muy bien qué estamos haciendo con nuestro cuerpo, porque es regalo precioso. Y además recuerda que en el credo que vamos a decir en unos minutos, recuerda que en el Credo nosotros hablamos de la resurrección. Este cuerpo que tú tienes es el regalo que te acompañará para la eternidad. Nosotros creemos en la resurrección de la carne. Nosotros creemos en la vida del mundo futuro. El cuerpo que vas a tener es este cuerpo, renovado por la Gloria. Así como el cuerpo de Cristo resucitado es el mismo cuerpo que pendió en la cruz, así también el cuerpo glorioso que Dios ha de concederte es este cuerpo que tienes. La santidad del cuerpo es un tema tan hermoso y tan interesante que hoy, muchos basándose en las enseñanzas del Santo Papa Juan Pablo II, hablan de -Teología del Cuerpo-. ¡Qué hermoso, qué bello! Qué bueno que nosotros nos interesemos por ese tema. Teología del cuerpo. El cuerpo llamado a la santidad. Piensa una cosa que nos dice Santo Tomás de Aquino: "El cuerpo de Cristo era instrumento unido a la divinidad". No había distancia ni separación entre el cuerpo de Cristo, la voluntad de Cristo y la voluntad de Dios. Así ha de ser también nuestro cuerpo, instrumento precioso que muestra la Gloria divina. Ese es el primer pensamiento. Segundo pensamiento, -son tres-. Segundo pensamiento nos dice el evangelista: "Su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve". No solo brillaba su cuerpo, también sus vestiduras. Por las vestiduras de Cristo podemos entender todo lo que Él tenía. Recuerda que lo último que le quitaron cuando llegó la crucifixión fueron sus vestidos. Era lo único que Él tenía. Dinero no tenía porque todo lo administraba Judas Iscariote y usó ese dinero para vender a su Maestro. Dinero no tenía, casa no tenía; porque Él mismo dice: -El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza-. Negocio no tenía, porque ya desde niño dijo: -Estoy ocupado en las cosas de mi Padre-. Cristo no tenía nada, sino solo su ropa, que fue la que le quitaron cuando lo desnudaron para crucificarlo. Era lo único que tenía, pero eso único que Él tenía, eso tan pequeño, tan humilde que era, toda su posesión en esta tierra brilla. Y eso también me parece bello. No solo nuestro cuerpo, sino también nuestras cosas. Cualquiera de nosotros tiene más de lo que tuvo Cristo. Impresionante ese pensamiento. Cualquiera de nosotros tiene más de lo que Cristo nunca tuvo. Qué impresionante el misterio de la pobreza de nuestro Señor, de la cual dijo el apóstol San Pablo en la segunda Carta a los Corintios: -Él nos enriqueció con tanta pobreza que tuvo-. Pues bien, Cristo lo único que tenía era su ropa, y su ropa brilla como la nieve. Tú tienes mucho más que Cristo. La pregunta es si lo tuyo brilla porque lo utilizas para la Gloria de Dios. No solo tu cuerpo, tus cosas. Cuando a mí me piden que lo piden algunas personas. -Padre, por favor bendiga esta casa-. -Padre, por favor bendiga este carro-. Lo hago con mucho gusto. Pero cuando yo bendigo, por ejemplo, los vehículos, una oración que aprendí hace muchos años, dice de esta manera: -Te pedimos, Señor, que bendigas este vehículo que encomendamos bajo tu protección y ponemos a tu servicio-. Cuando nosotros le pedimos a Dios que bendiga algo, es como una extensión de nuestro bautismo que sucede en nuestro cuerpo, por supuesto. Y el bautismo, ¿Qué es? El bautismo es que nosotros recibimos el regalo de la protección, la unción, la bendición de Dios, pero el bautismo también es que nos declaramos a su servicio. Entonces, al bendecir un vehículo, por ejemplo, a mí me gusta decir eso. "Te pedimos, Señor, que bendigas este vehículo que ponemos bajo tu protección y que ponemos a tu servicio". Entonces que tus cosas estén al servicio de Dios, que lo que tu tengas y tu tienes más que Cristo, te lo digo por tercera vez, que lo que tu tengas esté al servicio de Dios. ¿Qué tendríamos que sacar de nuestra casa?, ¿Qué tendríamos que sacar de nuestra vida porque hace guerra contra Dios?; o porque puede darle la Gloria de otra manera. No recuerdo si fue San Basilio Magno o San Juan Crisóstomo, uno de estos antiguos padres de la Iglesia griega, el que decía hermosamente: -Lo que tú tienes y no usas ni necesitas, a alguien más le pertenece-. Entonces piensa qué debe salir de tu casa para darle la Gloria a Dios. Y también otro padre de la Iglesia decía: -Lo que se está pudriendo porque no lo usas, es un crimen que cometes. Es un robo que has hecho. Alguien más lo necesitaba-. Por eso, mis hermanos, la segunda enseñanza de la Transfiguración es, que también nuestra ropa brille con la Gloria de Dios. Y si nuestra ropa brilla con la Gloria de Dios, quiere decir que todo lo que Cristo tuvo, brilló y todo lo que yo tengo ha de brillar. También esto nos recuerda. Ustedes dirán que estoy insistiendo mucho en el tema del cuerpo y todo esto, pero es que las lecturas de hoy son para eso. También esto nos recuerda la modestia y el pudor que hemos de tener como cristianos que somos. Entonces tú piensas los vestidos que utilizas no solo durante el invierno y la primavera, sino también cuando llega el "spring break" y cuando llega el verano y cuando llega la playa. Esa ropa también tiene que brillar con la Gloria de Dios. Y piensa si esa ropa le agrada a Dios y le da Gloria, o si más bien invita al pecado a otras personas. Esto lo digo para todos, pero especialmente para los bonitos y las bonitas. Piensa si esa ropa le da la Gloria a Dios. La Transfiguración ¿Qué hago? Es la lectura de hoy y nos habla del cuerpo. Entonces llevamos dos lecciones. Primera, que todo nuestro cuerpo alabe al Señor. Y segundo, que todas nuestras cosas alaben al Señor. La tercera y última lección que queremos tomar de la Transfiguración es que la Transfiguración es una especie de adelanto de la Pascua. San Pablo nos dice, hablando del Espíritu Santo, que el Espíritu Santo es como el adelanto entre otras obras del Espíritu, lo que hace es adelantarnos. La palabra técnica que utiliza San Pablo es: "Arras" Las arras, es una palabra extraña en español. Quizás muchos no recordamos lo que significa técnicamente arras. Se llama aquel dinero que tú das por adelantado para asegurar un negocio, un dinero que si tú te retiras del negocio, lo pierdes. Ese dinero tiene distintos nombres en distintos países, pero me entiendes el concepto Tú das un dinero, tú dices, por ejemplo voy a comprar una casa y si tú eres cliente serio, tú tienes que dar un dinero para decir: -sí, la voy a comprar-. De manera que si tú te retiras del negocio, pierdes ese dinero. Es una manera de asegurar el negocio entre comprador y vendedor. Eso se llaman las arras. Arras también se llama en la celebración del matrimonio, a veces se utilizan unas moneditas, es un símbolo. Esas moneditas son como un símbolo de: -Todo lo que yo gane es contigo y para ti. Todo lo que tú ganes es conmigo y también para mí-, es el compartir de los bienes. De manera que esas pequeñas moneditas simbólicas que a veces se utilizan en la celebración del matrimonio, son una manera de decir por ahora hay poquito, pero lo que tengamos será de los dos. Es muy bonito. Es tierno. Esas son las arras en el matrimonio. Entonces, mis hermanos, el Espíritu Santo, según nos dice San Pablo, es arras de la Resurrección. Y lo que Cristo dio a sus apóstoles en la Transfiguración fue como un adelanto de la Gloria de la Pascua. ¿Por qué esto es bello, y qué tiene que ver con nosotros? Es bello, porque así también es Dios contigo. Piensa cuántas veces, en medio de las dificultades, el Señor te regala un pequeño adelanto. Eso se llama la "Consolación". En la segunda carta a los Corintios dice San Pablo: "Que el Señor nos consuela -y que el consuelo que Él nos da-, ese consuelo que Él nos da, es tan abundante que sirve también para consolar a otros". Entonces piensa en los regalos, en las anticipaciones, en los adelantos del amor de Dios que hay en tí. Piensa en la fuerza del consuelo de Dios en tí, y piensa también que hay hermanos que necesitan que tú les compartas de ese consuelo. No te quedes solo cultivando tu perfección. Acuérdate de tu hermano que puede sentirse solo, que puede sentirse desanimado, desconsolado. Así que mis hermanos, esas son las tres lecciones que queríamos compartir. Primera, la santidad de nuestro cuerpo. Segundo, que todas nuestras cosas estén al servicio del Señor y que el mejor tiempo del año para hacer una buena limpieza es este tiempo de Cuaresma. Saca cosas, dona cosas, regala, comparte. Este es el tiempo para hacerlo. Y tercero, estate atento a todos los consuelos, los regalos del amor que Dios te da, para que no te quedes solo con ellos, sino para que, a ejemplo de San Pablo, también los compartas con tus hermanos.

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