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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos da el alimento para el camino, el consuelo mientras vamos avanzando. Abramos los ojos para ver esas ternuras del Señor que nos sostienen mientras avanzamos a la meta.
Homilía ak02012a, predicada en 20200308, con 4 min. y 10 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Cada Cuaresma, el segundo domingo siempre tiene el tema de la Transfiguración y seguramente te preguntas ¿Qué tiene que ver la Transfiguración con la Cuaresma? La respuesta se encuentra en la predicación de aquellos antiguos sabios y santos pastores a los que llamamos los Padres de la Iglesia. Son ellos los que nos han enseñado que la Transfiguración es algo así como una anticipación de la Pascua en el corazón y en la mente de los discípulos. Concretamente, Cristo les había hablado varias veces a sus apóstoles sobre la cruz. No entendían mucho. Tampoco entendieron lo de la Transfiguración. Pero haber vivido por lo menos aquellos tres escogidos Pedro, Santiago y Juan; haber vivido el misterio de la Transfiguración, les ayudó a prepararse para asumir de una manera distinta el misterio de la cruz. Como quien dice haber conocido por anticipado algo de la Gloria del Señor. Fue un acto de misericordia divina para que ellos pudieran sobrellevar el escándalo de la cruz, sabiendo que en Cristo había más, mucho más de lo que pueden ver nuestros ojos. Esa "Anticipación Compasiva" así la podemos llamar anticipación compasiva de la Pascua, es un modo muy propio de actuar de Dios con nosotros. Es decir, Dios sabe que los regalos que quiere darnos, la grandeza de amor que viene a nuestras vidas es algo que supera completamente nuestras expectativas, pero igualmente Dios sabe que nuestras fuerzas son muy limitadas. Dios sabe que nos cansamos y que necesitamos encontrar una especie de consuelo mientras vamos de camino para poder terminar el camino y llegar a la meta. Y esto me parece a mí que es lo más conmovedor, porque es una enseñanza que trasciende incluso la realidad de la Cuaresma. Es el modo ordinario de actuar Dios con nosotros, nos va dando anticipos, nos va dando adelantos de su amor, de las sorpresas del final y de esa manera conserva en nosotros una cierta motivación, conserva en nosotros aliento suficiente. Fíjate lo que le sucedió, por ejemplo, al profeta Elías. ¡Elías, qué hombre tan grande! Sin embargo, se quedó sin fuerzas cuando sus amigos desaparecieron y sus enemigos se volvieron contra él en masa. Cuando todo el poder del estado de Israel estaba al servicio de atraparlo, torturarlo y matarlo. Elías sintió que las fuerzas lo abandonaban y Dios le dio un pan del cielo. Dios proveyó de una manera absolutamente maravillosa y milagrosa para que Elías pudiera continuar su camino. Para que Elías pudiera realizar su misión de profeta. Ese alimento para el camino, ese consuelo mientras vamos avanzando. Eso es lo que Dios también sabe dar a cada uno de nosotros. La gran pregunta es si tenemos ojos y oídos y corazón para descubrir esas ternuras de Dios que nos va sosteniendo mientras avanzamos, porque Él quiere más incluso que nosotros mismos, que podamos llegar a la meta.

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