Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La transfiguración sucede "en Cristo" porque es su aspecto el que cambia; pero en otro sentido sucede "en nosotros" porque Él limpia nuestros ojos para que reconozcamos su gloria.

Homilía ak02011a, predicada en 20170312, con 26 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. La Cuaresma es un camino. Un camino que hacemos con Jesucristo. Un camino que hacemos con el pueblo de Dios. Nos encontramos en el ciclo A de las lecturas de la Misa para los domingos. La Iglesia desde hace bastante tiempo tiene organizadas las lecturas de los domingos de esa manera. En un año que llamamos el ciclo A. Las lecturas del domingo se toman del Evangelio según San Mateo. Al año siguiente, que es el ciclo B, se toman de San Marcos y al otro año el ciclo C son de San Lucas. A San Juan, el cuarto Evangelio lo escuchamos abundantemente en el tiempo de Navidad y en el tiempo de Pascua. Tenemos entonces para los domingos esos tres ciclos, y este año 2017 corresponde el ciclo A, o sea, San Mateo. Eso explica por qué hemos leído un texto de este evangelista en el capítulo 17.

Pero ¿Qué podemos decir de la primera lectura? En el ciclo A la primera lectura de los domingos también tiene un orden que conviene conocer. El domingo pasado fue el primer domingo de Cuaresma. Y la primera lectura fue tomada del Génesis. Nos presentaba a Adán y su mujer Eva. La primera lectura de este domingo, que es el segundo, fue tomada, como nos dimos cuenta también del Génesis, pero ahora el protagonista es otra persona, Abrahán. Si uno mira qué sucede el tercer domingo, se da cuenta que la primera lectura está tomada del libro del Éxodo y el protagonista es Moisés y el otro domingo David. Así que en el ciclo A de las lecturas del domingo, la primera lectura nos va haciendo como un camino. Adán, Abraham que corresponde hoy, Moisés, David.

De modo que las lecturas mismas nos van acompañando en el camino y nosotros vamos acompañando al pueblo de Dios. Un camino. Dentro de ese camino hay momentos difíciles y hay momentos hermosos. El Evangelio de hoy nos presenta un momento muy hermoso. Es el Evangelio de la Transfiguración. En todas las cuaresmas de todos los años, el primer domingo de Cuaresma siempre tiene el tema de las tentaciones de Jesús en el desierto y cómo Cristo derrota al demonio. No importa si es ciclo A, B o C, el primer domingo siempre habla de las tentaciones. Obviamente, eso sucedió también este año. No importa si es ciclo A, B o C, el segundo domingo siempre habla de la Transfiguración. Por supuesto, como este domingo es ciclo A, tenemos a San Mateo. Entonces oímos la Transfiguración según San Mateo. El ciclo B. Oiremos la Transfiguración según Marcos y después la Transfiguración según Lucas. Pero siempre el segundo domingo de Cuaresma es la Transfiguración. Primer domingo de Cuaresma. Siempre las tentaciones. Segundo domingo. Siempre la Transfiguración.

Observemos que el hecho de que la Cuaresma empiece con estos dos temas. También es pura pedagogía de nuestra mamá que se llama la Iglesia Católica. La Iglesia es una mamá, es madre y es maestra, y los temas de los dos primeros domingos de Cuaresma son siempre los dos que ya he dicho. Primero las tentaciones, luego la Transfiguración. ¿Por qué? Porque la tentación nos recuerda que la vida cristiana tiene combate y eso se nota especialmente en la Cuaresma. Y la Transfiguración nos recuerda que el combate acaba en victoria. Porque la Transfiguración fue como una escala en el camino que Cristo iba haciendo con sus apóstoles, como una parada en el camino, una parada muy hermosa en la cual Cristo les dio como una mirada a lo que iba a suceder después en la Pascua. De modo que la Transfiguración es una especie de anticipación de lo que vamos a ver en la Pascua, porque toda la Cuaresma camina hacia la Pascua.

Esas anticipaciones del amor providente de Dios son muy importantes en la vida cristiana. La vida cristiana a veces se parece como a un desierto, y podemos decir que esas alegrías o anticipaciones que Dios regala en el camino son como los oasis en el desierto. Usted puede suponer una comparación si usted va caminando con su hijo, es un camino muy largo. El niño se cansa, se queja. Entonces usted le dice: "Mire, vamos a caminar hasta aquella tienda, descansamos, te tomas algo bien rico. Tomamos fuerzas y seguimos". Así es como hace Dios con nosotros. Dios también hace esas paradas, esos momentos de consuelo, esos momentos de alegría. Anticipando la gran alegría, el gran descanso, la gran victoria que va a llegar con la Pascua.

O sea que fíjate que el primer domingo de Cuaresma y el segundo domingo de Cuaresma como que nos resumieron todo la Cuaresma y la Pascua. De esa manera nos enseña la Iglesia para que sepamos hacia dónde vamos, para que sepamos que estamos caminando hacia la alegría de la Pascua. Por eso tenemos hoy la Transfiguración. Y la Transfiguración, ¿En qué consistió? La respuesta sencilla que uno puede dar es que fue algo que le sucedió a Cristo. Y así lo describe el Evangelio con palabras muy sencillas dice: "Se transfiguró delante de éllos. Su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz". Ahí, da la impresión de que es algo que le sucede a Cristo. Pero resulta que la Iglesia nos habla también a través de las oraciones. Y resulta que la oración que tuvimos al principio de la Misa, que se llama oración colecta, la oración propia del día, dice algo muy bello, dice que nuestra mirada sea purificada para que podamos contemplar la hermosura de Dios en sus obras.

Es decir, que la primera Transfiguración que ha de suceder en nosotros es la Transfiguración de los ojos. Así que hay un momento en el que uno se pregunta si de verdad la Transfiguración fue algo que le pasó a Cristo, o si la Transfiguración fue algo que sucedió más bien en la mirada de éllos, que por un momento quedó libre de toda atadura, quedó libre de todo prejuicio, quedó libre de toda inmundicia y por un instante, con ojos limpios, pudieron ver lo que Cristo siempre es. Porque Cristo no es menos antes de la Transfiguración, ni Cristo es más después de la Transfiguración. Él siempre es Dios verdadero como el Padre, hombre verdadero como nosotros. Cristo no cambia. Entonces se puede decir que la Transfiguración es algo que sucede en Cristo, porque ese es el lenguaje que utiliza el Evangelio como una especie de manifestación en Él. Pero también se puede decir, y es válido, que la Transfiguración es algo que sucede en los ojos de estos discípulos escogidos que reciben una Gracia de despejarse, de limpiarse de toda nube, de toda niebla, de todo prejuicio.

¿Saben ustedes? A veces sucede que los niños tienen los ojos más limpios que nosotros los adultos. Eso es bastante explicable, porque muchos niños, sobre todo si pertenecen a una familia creyente, llevan una vida hermosa, inocente, y los ojos de muchos niños son ojos muy limpios, muy, muy limpios y los ojos limpios de los niños a veces ven cosas que nosotros no vemos. Yo he conocido y he recogido a lo largo de los años de sacerdocio que Dios me ha concedido, que no voy a decir cuántos son. He recogido el testimonio de varias familias que me cuentan cosas como éstas: Una mamá me dice que oyó unos ruidos en la habitación como una voz en la habitación de la hija pequeña. Entonces fue a la habitación de la hija y encontró que la niña estaba hablando. Y entonces la mamá le pregunta a la niña que con quién está hablando. Y la niña le pregunta a la mamá. ¿Y es que tú no la ves? La niña estaba viendo a una señora que le parece muy bella, que le parece muy linda.

En otra ocasión, otro matrimonio. Me cuenta que el niño les habla de un sueño que tuvo y les habla de un amigo con el que soñó. Y el papá le empieza a preguntar qué con quién soñó y le dice que -¿Fue un compañero tuyo del colegio?-. Y el niño dice no, como este papá tiene al niño en una escuela de fútbol, no digo escuela de qué equipo. Entonces le dice al niño es un niño de la escuela de fútbol y el niño dice ¡No! Finalmente el niño no supo decir cómo era ese amiguito que había visto. Pero resulta que un día están recorriendo, haciendo un paseo por distintos pueblos y entran a una capilla. Y así como aquí está San José con el Niño Jesús, así estaba también allá Jesús. Y entonces el hijo, sin que nadie le diga, le habla al papá y le dice: -Ese fue el que yo vi-.

Los niños tienen ojos muy limpios y los niños ven cosas que muchos de nosotros no vemos. He leído en algunas partes y me ha sucedido a mí que los niños tienen una sensibilidad muy grande para reconocer la unción y la presencia de Dios. Como ustedes saben, nosotros los dominicos, tenemos este hermoso hábito que se ve más completo en mi compañero y en los hermanos que están haciendo su retiro. Pero muchas veces, esa es la verdad, uno no utiliza el hábito cuando está por la calle o en algunos otros lugares o en alguna visita. Y a mí mismo me ha pasado en familias que tienen niños, que las mamás, los papás, se quedan extrañados de la manera como los niños se quedan mirando, en particular al sacerdote. Esto me ha pasado tantas veces y la manera como miran los niños y el punto donde el niño me mira no es en mi cara. Miran como si hubiera algo que estuviera encima de mí. No se confundan. Está hablando con ustedes un pecador. No es que yo sea una persona virtuosa, pero los niños sienten la Unción Sacerdotal algunas veces.

Entonces por eso digo que este milagro de la Transfiguración es bellísimo. Pero este milagro de la Transfiguración no es solamente el recuerdo de algo que le pasó a Jesús, sino este milagro de la Transfiguración es una invitación a que le pidamos a Dios, a que lo mismo que hizo con los apóstoles a nosotros un día nos limpie los ojos. Hay un compañero mío de comunidad que recibió un milagro; y yo esto nunca lo he dicho en una homilía, pero lo voy a decir hoy aquí. Ese compañero al que quiero mucho es mucho mayor que yo. Un dominico. Se llama Edelberto Zárate. El padre Zárate es una persona que yo admiro por su oración, por su humildad, por su sencillez, por su capacidad de servicio. El padre Zárate vive en Chiquinquirá, donde está, por supuesto, el Santuario de Nuestra Señora, la Virgen María. El padre Zárate un día estaba mirando el cuadro de la Virgen que se conserva allá en Chiquinquirá desde hace cuatrocientos treinta años.

Ese cuadro que fue renovado el 26 de diciembre de 1586. La verdad es milagroso que se conserve todavía. Es que piensa tú que es una tela hecha con los materiales que tenían los indígenas en aquel tiempo. O sea que el hecho mismo de que se conserve la tela ya para mí es un milagro. Yo no sé cuántas telas tienes tú del siglo XVI en tu casa, pero lo admirable está en esta ocasión en que el padre Zárate, yo creo que él tuvo un milagro y a mí me parece bellísimo que le haya sucedido a él, porque, repito, es una persona que nos ha dado mucho testimonio a muchos de nosotros, a los dominicos que estamos aquí a todos, por su manera de vivir, por su generosidad y por otras cualidades que terminaré de decir cuando ya se haya muerto.

El padre Zárate hace unos años tuvo una experiencia de esta clase. Él estaba mirando el cuadro y el cuadro ante sus ojos, ante su mirada, cambió. Muy próximo a lo que sucedió en el milagro de 1586. Ese milagro marcó para siempre la vida del Padre Zárate, que lo ha contado varias veces con lágrimas en los ojos, porque lo que él vio no se puede poner en palabras. Entonces, la Transfiguración no es una cosa únicamente para que recordemos. La Transfiguración es una invitación para que le pidamos a Dios que nos limpie los ojos. Porque Cristo le limpió los ojos a Pedro, a Santiago y a Juan, y les permitió por un instante ver quién era Él. Y lo que vieron fue tan hermoso que por un instante vivieron lo que es la vida contemplativa. Porque la vida contemplativa, que es la vida a la que han entregado todo su ser estas mujeres que están aquí en el monasterio. La vida contemplativa es una especie de súplica incesante para que Dios me limpie los ojos. Ser contemplativo es eso y ser contemplativo, entonces es tener la preparación para lo que va a ser el cielo.

Porque la definición del cielo, según Santo Tomás de Aquino, o por lo menos su esencia, es la visión, visión beatífica, el poder ver. Y en esa y en ese ver, encontrar toda alegría y toda plenitud. Tenemos que pedirle a Dios que limpie nuestros ojos. Nuestros ojos han visto demasiada basura, por no decir demasiada porquería. Nuestros ojos se han enseñado a la incredulidad, a la impureza. ¿Sabes de dónde viene la palabra envidia? Envidia viene del latín "invidere" y la partícula "in", en ese caso es privativa y negativa. Es un ver mal. La envidia es un ver mal y cada acto de envidia es un acto que corrompe, empobrece, ensucia, profana tus ojos. El ver mal. Por ejemplo, no alegrarse uno de algo bueno que le sucede a una persona -porque me ha debido pasar a mí-. Qué rabia que le haya llegado eso, Qué rabia que le salgan bien las cosas. Eso se llama envidia. Usted está viendo mal y cada vez que usted permite el pecado de envidia, usted está empuercando sus ojos, está echándole basura a sus ojos. Y por toda esa basura que tenemos acumulada, no vemos la hermosura de Dios en la creación. No vemos la hermosura de Dios en sus pequeñitos y en sus pobres. No vemos la hermosura de Dios en la Eucaristía.

Los santos han tenido una sensibilidad diferente. Cuando empezaba a crecer la popularidad de una santa dominica del siglo catorce que se llama Santa Catalina de Siena. Hubo muchas burlas. Esta fue una religiosa, o mejor digo, una laica consagrada. Es un tipo de vida que hoy es difícil de describir. Élla era consagrada a Dios, pero no vivía en un convento. Una "Virgen Seglar" se llama. Bueno Catalina era una virgen seglar llena de sabiduría, con una pureza de vida increíble, con unos dones de consejo absolutamente maravillosos. Pero a medida que crecía su popularidad, también crecía la desconfianza de mucha gente. Tanto que surgió una palabra para burlarse de los que eran muy discípulos, muy cercanos a Catalina. Los llamaban los "Caterinatos", los "Encatalinados", "Ah ya usted se -encatalinó- pues". Así, hablaban con desprecio de las personas que eran muy cercanas a esta santísima mujer. Y algunos sacerdotes también se burlaban de élla.

Sobre todo los que tenían más estudios eran muy presuntuosos porque como tenían sus doctorados y todos sus títulos, entonces se preguntaban cómo una mujer ignorante que ni siquiera sabía escribir iba a tener tanta sabiduría, por eso era despreciada incluso por algunos, no todos; algunos sacerdotes. Se dio el caso de un sacerdote que llegó a un extremo, un extremo espantoso. Como se sabía que Catalina amaba con todo su ser a la Divina Eucaristía, entonces este sacerdote hizo que iba a visitarla a élla, que estaba enferma en ese momento, supuestamente para llevarle la Eucaristía. Pero este hombre al que Dios haya perdonado, después de darle arrepentimiento, tramó una cosa en su corazón, porque era incrédulo. Este hombre, en vez de llevar el Santísimo Sacramento, llevó una hostia sin consagrar para burla de Catalina, que era muy devota de la Eucaristía.

Y entonces él hizo todo el espectáculo, hizo todos los ritos y toda la parafernalia que se acostumbraba en la época para llevarle Eucaristía, pero no estaba llevando la hostia consagrada, estaba llevando una hostia sin consagrar. Entonces se hizo acompañar de los acólitos, de los cirios, del incensario, todo como si llevara la Eucaristía. Pero llevaba pan sin consagrar. El común de la gente cuando vio esa pequeña procesión que iba para la casa de Catalina, pues hizo lo que uno hace. Si uno es un católico respetuoso, la gente se arrodillaba porque la gente creía que ahí estaba Jesús. Pero este hombre estaba haciendo esa burla. Hay que pedir por los sacerdotes, porque a veces los más incrédulos son los sacerdotes. Entonces él iba con su hostia sin consagrar, y entró en la casa de Catalina y todos los que estaban en la casa, incluyendo los discípulos que ella ya tenía, siendo una mujer muy joven, pues todo el mundo rodilla a tierra, porque estaba Jesús, pero ella no se arrodilló.

Todo el mundo se quedó extrañado porque todos sabían de la piedad que ella tenía. Todos se quedaron extrañados de que ella no tuviera ese gesto. Y entonces ella le pregunta en voz alta y en público al sacerdote ¿Por qué engaña a la gente? O sea, tenía los ojos tan limpios élla que ella podía distinguir una hostia consagrada de una hostia sin consagrar. ¿Cómo puede una persona tener los ojos tan limpios? Pero esa es la mirada que nosotros le hemos pedido a Dios al comienzo de esta Misa. Eso es lo que le hemos pedido a Dios que purifique nuestra mirada. Porque por el tiempo que perdemos por la curiosidad malsana, a veces por las vulgaridades y pornografía, por la envidia, por tantas cosas que afean nuestros ojos, no vemos, no vemos, lo que sí ven los santos. Lo primero que Dios quiere transfigurar en nosotros es la mirada. Pero después el Señor quiere transfigurar todo nuestro ser. Hay varios santos en los que Dios ha hecho milagros muy parecidos a la transfiguración.

Cuando Moisés se volvió un contemplativo en serio, Moisés salía de la tienda de reunión y la cara le salía transfigurada. Del fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán, se cuenta lo mismo. Muchas personas veían en su rostro y particularmente en su frente veían un resplandor inexplicable. Estaba transfigurado. De modo que nosotros somos invitados hoy, primero a limpiar nuestros ojos, a que Dios transfigure nuestra mirada y después somos invitados a que el Señor transfigure nuestro cuerpo. Porque resulta que la Gloria del cielo es eso. Los que llamamos cuerpos gloriosos son exactamente eso. Se trata de que en nuestra realidad corporal, asumida completamente por la Gracia y la Gloria, brille el plan de Dios para nosotros. Sigamos, hermanos, el itinerario de la Cuaresma. Avancemos por este camino.

Pidamos nosotros con amor por estas religiosas que son contemplativas, para que éllas, que han querido entregarlo todo por Cristo, lleguen a la cumbre de su verdadera vocación. Porque es un pesar perder todo lo que pierde una mujer para consagrarse a Dios. Si no es verdaderamente contemplativa, ¿Para qué lo hizo entonces? Pero ellas no van a llegar allá si nosotros no apoyamos de muchas maneras también su vocación. Por eso tenemos que apoyarlas los sacerdotes, los religiosos y ustedes orar por éllas y que ellas también oren por nosotros, para que cada vez todos podamos contemplar mejor las obras del Señor y para que todos podamos reflejar su infinita belleza.

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