Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La transfiguración da la clave para comprender la misión entera de Cristo.

Homilía ak02009a, predicada en 20140316, con 12 min. y 40 seg.

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Transcripción:

Quiero en primer lugar dar un saludo a los hermanos que hoy vienen a la Eucaristía. Yo vengo de un lugar muy lejano, de Colombia. Está lejano en la geografía, pero está cercano en la fé de ustedes. Mi corazón siente mucho gozo de poder celebrar la misma Eucaristía, porque es igual en todas partes. Estamos compartiendo también un tiempo litúrgico muy hermoso que es la Cuaresma. Por eso conviene aprender o recordar algunas cosas de la Cuaresma. Por ejemplo, en la Cuaresma siempre el primer domingo está dedicado al tema de las tentaciones. En la liturgia católica tenemos tres ciclos para las lecturas de los domingos se conocen como ciclo A, ciclo B y ciclo C, pero en todos los ciclos de las lecturas. El primer domingo de Cuaresma es para ver el tema de las tentaciones. Ahora estamos en el segundo domingo y en todos los ciclos, el segundo domingo es para la Transfiguración.

A partir del tercer domingo de Cuaresma los temas son distintos, pero el primer y el segundo domingo siempre son las tentaciones y la Transfiguración. Es bueno preguntarnos ¿Por qué es así?, ¿Qué quiere enseñarnos nuestra madre La Iglesia con estos dos temas? Es el mismo Cristo, el que está en el desierto y el que está en la cumbre de la montaña. En el desierto lo vemos atacado por el enemigo. En la montaña lo vemos brillante y lleno de Gloria. El desierto es como un momento muy bajo. Y la montaña, por supuesto, es un momento muy alto de su misión. Jesús pasa por lo muy bajo y por lo muy alto. Así es también la vida de los cristianos. También en tu vida y en mi vida hay momentos muy bajos y momentos altos, y tenemos que aprender a vivir todos los momentos junto con Cristo. Esta es la primera lección de este domingo.

Ahora veamos con más detenimiento la escena de hoy. Jesús llama a tres de sus discípulos, ¿Por qué solamente tres y no doce o una gran multitud? A Jesucristo no le interesa exhibirse. No es un espectáculo. Tenemos que ir a la ley de Moisés para entender qué es lo que está sucediendo. Moisés había establecido en la ley que todo testimonio debe darse por dos o tres testigos. Por ejemplo, si una persona iba a acusar a otra de ser un ladrón, tenía que tener testigos. Y Moisés decía que tenían que ser dos o tres testigos. Jesucristo llama tres discípulos porque quiere que sean testigos especiales. Si lo dijera un solo discípulo no sería digno de fé. Pero Jesús ha querido que sean dos o tres los que vean lo que va a suceder.

Es algo especial que se parece a un secreto. Al final del Evangelio de hoy encontramos esta frase: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos". Lo que ellos van a vivir es especial y se parece a un secreto. En nuestro tiempo utilizamos muchas veces contraseñas, por ejemplo, para leer el correo electrónico o para utilizar un banco en Internet. Normalmente las personas guardan con cuidado sus contraseñas porque la contraseña es la puerta para mucha información. Podemos decir que Jesús hoy les está dando una contraseña, les está dando una clave para que puedan entender una gran cantidad de información. ¿Por qué ellos necesitan esa clave, esa contraseña? Porque se acerca la hora de la pasión.

Y la pasión de Cristo es muy difícil de entender. Fácilmente uno queda desconcertado y no comprende nada. Todos ven que hay un hombre que está sufriendo mucho y que está muriendo. Esa parte no es difícil de entender, pero, ¿Por qué está ahí, y para qué sirve su sufrimiento? Estas preguntas son muy difíciles. Uno necesita una clave para poder entender. Esa clave es como un secreto que va del corazón de Cristo a tu corazón. Y hoy, en la Transfiguración, Cristo les ha dado una contraseña, una clave para que puedan entender. Los discípulos necesitaban esa contraseña, y nosotros también la necesitamos, porque para nosotros también es difícil entender. En otras religiones la situación es muy distinta.

La manera como murió Confucio no cambia nada a la enseñanza de Confucio. La manera como murió Buda no agrega nada a la enseñanza de Buda. En cambio, la muerte de Cristo, su entrega de amor, es lo más importante de su mensaje. Si uno no entiende las preguntas de la muerte de Cristo, uno no entiende nada de Cristo. Por eso necesitamos una clave de su corazón que nos permita acercarnos a su cruz. Este pasaje de la Transfiguración es muy importante. La segunda enseñanza de hoy es que necesito una clave del Corazón de Cristo para acercarme a la cruz de Cristo. Vamos a la tercera enseñanza de hoy. Lo que vieron los discípulos sirve de enseñanza para nosotros. Ellos vieron la Gloria de Cristo y vieron a Cristo unido con el Padre. La Gloria de Cristo es lo más bello que ellos pudieron ver en esta vida. Es algo más hermoso que todas las glorias humanas, más hermoso que el esplendor de los tronos de esta tierra. Es algo tan elevado y tan sublime que empequeñece todas las demás cosas.

Esto lo necesitaban los discípulos, porque ellos esperaban un Mesías para esta tierra. Ellos querían una gran victoria de Cristo sobre el Imperio Romano y querían ver a Cristo sentándose en un trono en esta tierra. Eso hubiera sido algo muy grande para ellos. Pero después de ver a Cristo transfigurado en la montaña, eso que antes era grande, ahora es pequeño. La luz de la Gloria de Cristo les cambió los ojos. Ahora entienden que la victoria de Cristo es mucho más grande, porque la batalla de Cristo es mucho más grande, porque el enemigo contra el que está luchando Cristo es mucho peor. Ahora entienden que el verdadero enemigo no es el imperio romano, sino el pecado y el diablo. La transfiguración les ayuda a entender la verdadera misión de Jesús. Además, han visto que Cristo está unido con el Padre. Habían visto muchas veces a Cristo Orando al Padre. Habían visto que Cristo le hablaba al Padre, pero solamente en esta ocasión pueden darse cuenta que el Padre le habla a Cristo.

Esta es una unión perfectísima. La unión entre Cristo y el Padre es la meta de su misión con nosotros. Nosotros, los discípulos, estamos unidos a Cristo, y Cristo está unido al Padre. Eso se parece mucho a lo que dice el apóstol San Juan en su primera carta: -Esta nuestra comunión, es con el Padre y con su Hijo Jesucristo-. Dice San Juan. La escena de la transfiguración fue la más maravillosa catequesis. Estos discípulos pudieron empezar a entender cómo era la misión de Cristo y a dónde quería llevarlos Él. Hay que tener en cuenta también el papel importante de la belleza y de la alegría. Nuestra fé no es solamente poderosa. Es hermosísima. No solamente nos mejora la vida, sino que nos da un gozo inmenso. La vida cristiana no es solamente un trabajo duro, sino una alegría grandísima, y esto también es parte de la contraseña.

El Papa Francisco, en su exhortación apostólica -Evangelii Gaudium-, dice algo parecido. Dice que -la alegría es necesaria para evangelizar-. ¿Cómo voy a compartir una noticia que me entristece y me arruina la vida? Los evangelizadores tristes no van a lograr nada. Si quieres evangelizar, llénate de amor y viste con una sonrisa hermosa. La belleza de tu vida y de tu sonrisa la necesita Dios para el Evangelio. Hermanos, hemos llegado al final de nuestra reflexión. Las lecciones de este domingo deben acompañar nuestra Cuaresma y deben acompañar toda nuestra vida, especialmente la certeza de la victoria de Cristo y la alegría de saber que somos amados por Dios.

Amén.

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