Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La transfiguración de Cristo, un paso dentro de su peregrinar a Jerusalén, nos invita, entre otras cosas, a enviar el ego a vacaciones.

Homilía ak02006a, predicada en 20110320, con 16 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. ¿Por qué escuchamos el texto de la Transfiguración durante la Cuaresma? Porque esta escena de la Transfiguración sucedió cuando Jesús iba de camino hacia Jerusalén y no iba de paseo. Iba a Jerusalén a entregar su vida. Sabía muy bien Jesucristo que lo que le esperaba en Jerusalén era la confrontación, el choque con las autoridades que ya de tiempo atrás le habían manifestado su fastidio, su enemistad y su deseo de quitarlo de en medio. Así que la Transfiguración se sitúa en el camino hacia la cruz. Y por eso también tenemos la escena de la Transfiguración en Cuaresma. Porque la Cuaresma tiene un destino, tiene una meta, y esa meta es el sacrificio de Cristo en la cruz.

Ahora bien, la cruz no va a ser la última palabra. Más allá del misterio del dolor está el misterio del amor, y más allá del abismo de la muerte está la cumbre de la victoria y de la vida con la resurrección. Así que, como Cristo les regaló este momento glorioso de la Transfiguración a estos discípulos escogidos mientras iba de camino hacia la cruz, así también nosotros recibimos el beneficio de esta lectura y de esta meditación sobre la Transfiguración mientras vamos camino de la cruz. Son muchas las escenas que podemos tomar de este pasaje. Cristo se transfigura estando en oración. Esa es la primera enseñanza. La oración nos transfigura. La oración nos sumerge, nos penetra del misterio divino.

La oración nos permite leer nuestra vida de otra manera. Así como la ropa de Cristo usada, polvorienta y sudada resplandece con luz de cielo. Así también nuestra vida ajada y cansada resplandece con luz de Gloria si la sumergimos en la oración. Las mismas cosas que vivimos, sean pequeñas o grandes, cuando se viven desde la oración, adquieren otro sentido. Es muy distinto decir he tenido un día muy pesado; a decir le he ofrecido a Dios este día tan difícil. Dos personas, ambas tienen que pasar por idénticas dificultades. Una de ellas no conoce a Dios y nunca ora. Para esa persona, un día difícil es simplemente eso, un día difícil, aburrido, fastidioso. La otra persona ha pasado por exactamente las mismas dificultades, pero tiene a Dios en el corazón. Cada momento duro de la jornada, desde la congestión de tráfico hasta las malas caras que tuvo que soportar, todo eso lo ha vuelto oración.

Su vida entera ha sido como una pequeña y hermosa Eucaristía. Han pasado por lo mismo, pero no han sacado lo mismo. Una de esas vidas es transfigurada por la oración. Segunda Enseñanza. Junto a Cristo aparecen dos personajes: Moisés y Elías. Podemos decir que Moisés es el prototipo de lo que significaba la ley para los judíos, y Elías es el representante más egregio entre los profetas, porque a Elías le tocó servir como profeta en tiempos muy duros, de gran persecución. Tanto que una vez el mismo Elías dijo Son más de cuatrocientos los profetas de Baal -El falso Dios-. En cambio, yo he quedado solo como profeta del Señor. Así que Elías es la imagen misma de lo que significa un profeta. La ley y los profetas Moisés y Elías. Pero es que hay que saber que los judíos, cuando se refieren a las Escrituras, no utilizan otra expresión sino precisamente la ley y los profetas.

Es su manera de referirse a lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. De modo que cuando aparecen Moisés y Elías acompañando a Cristo, Es todo el testimonio de la Escritura. Es todo el camino que Dios ya ha hecho con su pueblo. Cristo no aparece como caído de la nada, sino aparece como el fruto maduro de todo un camino que el pueblo de Dios ha recorrido. Cristo es la cumbre de todo ese recorrido y es también el resumen de todas las alianzas, de todas las promesas del Antiguo Testamento. Entonces en Cristo encontramos toda la Escritura. En Cristo encontramos toda la Palabra. Cristo es la Palabra que resume a la Palabra, es decir, el mensaje de Dios, el mensajero y mensaje de Dios que condensa todo lo que Dios puede decirnos. Por eso también el evangelista San Juan, cuando se refiere a Jesucristo, lo llama precisamente así ?La Palabra?, porque en Él se condensa todo.

Y aquí vendrá entonces nuestra segunda enseñanza: Si Cristo es la Palabra, ¿Qué hay que hacer con la palabra? Escucharla; escuchar la Palabra de Dios es recibir el mensaje de Cristo en todas las áreas de nuestra vida, en todos los aspectos de nuestra personalidad, en todo lo que somos, decimos y tenemos. Recibir a Cristo, escuchar a Cristo. Este es uno de los propósitos de la Cuaresma y es sin duda una de las características de la vida cristiana. La frase que nunca puede decir un cristiano es: ?Yo ya conozco a Cristo?. Cristo para nosotros es el maestro que va adelante. Es la lección que nunca terminamos de leer. Cuando nos estemos muriendo y Dios nos conceda una muerte santa en nuestro lecho de muerte, estaremos aprendiendo de Cristo.

Todos los días hemos de aprender de Cristo, cómo amar, cómo perdonar, de qué alegrarnos, cómo descansar, en dónde debe estar nuestra inteligencia y de dónde sacará fuerza nuestra voluntad. Todo lo recibimos de Cristo. Este es un muy buen día para tomar con toda seriedad que Cristo es tu líder, tu maestro, tu estilo, tu manera de ser. Es interesante ver cómo muchos de nuestros jóvenes, mientras proclaman por una parte lo independientes que son, están mostrando con sus hechos que les encanta repetir lo que otros hacen; y por eso miran los mismos videos, se ponen las mismas zapatillas, utilizan las mismas modas, van a los mismos lugares. Hay en el ser humano y especialmente en la juventud, hay una tendencia enorme a imitar, a seguir el líder. La gente se peina como tal o cual actor, quiere vestirse como tal o cual actriz. Adquiere el lenguaje, el tono y el acento de su cantante o personaje favorito.

Pues hoy Dios Padre te está diciendo que tu personaje favorito sea Cristo. Que adquieras el estilo de Cristo. Que adquieras su pensamiento. Que adquieras su mirada, limpia. Su palabra, sincera. Sus obras de bondad. Que Cristo sea tu referencia, Que Cristo sea tu manera de ser. ¡Qué hermoso mensaje para nosotros! Una última enseñanza que tomamos de la Transfiguración. Observemos que cuando San Pedro habla, dice una cosa que no tiene mucho significado. Se ve que estaba como ?ebrio?, pero con una ebriedad de amor. Podríamos llamarlo una experiencia mística. Dice Pedro: ?Qué bien se está aquí; deberíamos hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Curiosamente, Pedro no piensa en sí mismo. Y de esto hay dos explicaciones que no se oponen. Una, como recientemente predicó el Papa Benedicto refiriéndose a la Transfiguración.

Pedro no pensó en construir una tienda, tienda de campaña para sí mismo, porque el lugar de vivienda del discípulo es Cristo. Yo no tengo que construir algo para mí, dice Pedro, porque yo ya vivo en Cristo. ¡Qué hermosa explicación! Y hay otra también. Aquel que verdaderamente está fascinado sale de sí mismo, se olvida de sí mismo. Es decir, la Cuaresma es un tiempo para que le des vacaciones a tu ego. La Cuaresma es un tiempo para que dejes descansar tu arrogancia. La Cuaresma es un tiempo para que metas en el último baúl de la casa o del ático; metas tu soberbia. Deja descansar tu yo. Pedro se encontró en ese estado de ebriedad espiritual y de gozo incomparable, entre otras cosas porque la fascinación por Cristo le permitió por unos segundos descansar de su yo. Lo que más nos cansa en la vida no son las demás personas, porque ninguna está tanto con nosotros como cada uno está consigo mismo.

¿Te has dado cuenta que desde que te despiertas hasta que te duermes, la única persona que está siempre a tu lado eres tú? Entonces es gravísimo cansarse uno con uno mismo, porque quiere decir que ya tiene garantizado el cansancio. Dale vacaciones a tu yo. Cuaresma es tiempo de vacaciones. Vacaciones para el ego. Vacaciones para la soberbia. Pero Pedro llegó a ese grado de desprendimiento de su yo porque estaba fascinado por Cristo. No es una cosa que se pueda realizar tan fácilmente como quien mueve un interruptor, un switch. Uno no puede apagar la soberbia como apagar la luz de la habitación. Se necesita primero llegar a ese encanto, a esa fascinación por Jesús. Cuando estamos fascinados por Jesús, entonces el yo empieza a quedar a un lado. Pero hay algo más bello todavía. Sucede que el ego, el yo, ese yo voluminoso, alto, arrogante, pedante, es el gran obstáculo que nos separa a unos seres humanos de otros y a unas naciones de otras, y a una clase social de la otra.

Cuando cada uno de nosotros manda a vacaciones su ego, entonces descubrimos repentinamente que somos hermanos. Descubrimos que nos podemos querer y sonreír. Descubrimos que nos podemos aceptar y abrazar. Eso descubrimos cuando nuestro ego está en vacaciones. Hay matrimonios que se van a salvar en esta Cuaresma. Si mandan ambos mandan a vacaciones su ego. Si dejamos de un lado tanto resentimiento y tanto pensar en nuestros derechos, olvidando nuestros deberes, si dejamos eso a un lado, entonces descubrimos que todos somos seres humanos necesitados esencialmente de las mismas cosas. Todos necesitamos de lo mismo. Necesitamos ser perdonados, escuchados, acogidos, amados. Necesitamos que nos den oportunidades, que crean en nosotros, que nos digan palabras de ánimo.

Tu peor enemigo necesita lo mismo que tú y tu mejor amigo necesita lo mismo que tú. La esposa que lleva viviendo veinte años contigo todavía sigue necesitando una palabra de elogio. Una palabra de perdón, un poco de atención, una caricia inesperada. Tu hijo que ha crecido a tu lado, todavía necesita que tú le digas que crees en él. Pero estas cosas las olvidamos porque se levantan las murallas de nuestro ego y entonces ya únicamente miramos como en un castillo de espejos, únicamente nos miramos a nosotros mismos y entonces el mundo se vuelve un lugar muy difícil para vivir. Enseñanzas de la Transfiguración. El poder de la oración. Qué hermosura esa oración que nos transfigura. La fascinación por Jesucristo. Jesucristo ha de volverse tu estilo de vida, tu manera de ser y luego mandar a vacaciones ese yo arrogante que cada uno de nosotros tiene y descubrir con gozo que somos hermanos de una misma familia.

Amén.

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