Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El camino cuaresmal requiere constante escucha de la Palabra de Dios y perseverancia en medio de las dificultades y tribulaciones. La certeza de la tierra prometida y de la pascua gloriosa nos anima.

Homilía ak02005a, predicada en 20110320, con 4 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Llegamos mis hermanos al segundo domingo de Cuaresma. Sabemos ya que la Cuaresma es peregrinación, es hacer camino. Así como Cristo entró resueltamente en el desierto y allí tuvo victoria sobre el demonio, como veíamos el domingo pasado. Así como el pueblo de Israel anduvo cuarenta años por el desierto, así también nosotros, el nuevo pueblo de Dios, avanzamos por el camino cuaresmal. Y en realidad las lecturas de hoy nos hablan de movimiento y nos ponen en movimiento. La primera lectura, por ejemplo, nos recuerda la figura de nuestro padre en la fé, Abraham.

Abraham fue llamado para ponerse en camino. Le dice Dios: "Ve a la tierra que yo te mostraré". Y lo más importante, en esta manera de hablar de Dios es que al decirle: "Yo te mostraré esa tierra", le está diciendo -camina conmigo-. Si Dios le hubiera dado como referencia, mira, avanza por aquí tantos kilómetros que pueden ser cien o doscientos, o los que fueran. Y después tomas a la izquierda y después tomas a la derecha. Si le hubiera dado un mapa desde el principio, Abraham hubiera podido quedarse con ese mapa, fiarse de sus conocimientos, confiar en sus propias fuerzas. Pero Dios le dice: "Ve a la tierra que yo te mostraré". Y de ese modo se crea una relación, una estrecha relación entre Dios como guía y Abrahán como el que es guiado.

Es el mismo tipo de relación que nosotros necesitamos en nuestra vida cristiana. Uno no puede decir simplemente -Yo ya conozco la fé, porque yo estudié el catecismo cuando hice la primera comunión, o yo iba a misa cuando era joven, o yo estudiaba religión en el colegio-. La fé no es algo que puede quedarse atrás, como quien vive de la renta. La fé tiene que renovarse cada día. Dios quiere ser tu guía cada día. Y por eso, lo mismo que Abrahán, el cristiano sabe que tiene que afinar el oído para seguir oyendo la voz de su guía. Luego tenemos la palabra de San Pablo en su segunda carta a Timoteo, invitando a este querido discípulo a que tome parte en los duros trabajos del Evangelio. Así le dice.

Y esto nos recuerda que el Evangelio efectivamente requiere que vayamos en contravía muchas veces. Y por supuesto, para oponerse a un mundo que tiene una lógica diferente, necesitaremos valor y constancia. Un efecto parecido es el que trae la lectura del Evangelio de la Transfiguración según San Mateo, que es precisamente el texto para este domingo. ¿Por qué aparece la Transfiguración? Porque la Transfiguración imprimió en el corazón de los discípulos la certeza de la victoria final.

Lo mismo que Abraham necesitaba saber que había una tierra prometida al final del camino, y esa esperanza le mantenía en movimiento. Así también los discípulos reciben en la Transfiguración la certeza de la victoria final, que no es otra sino victoria de Pascua, para que con esa certeza pudieran seguir avanzando, incluso a través de la dureza y la dificultad del dolor, de la persecución de la cruz. Seguir. Seguir el camino. Continuar escuchando la voz del Señor. Perseverar en los duros trabajos del Evangelio y tener certeza de la victoria. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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